Estimado y respetado Sr. Abaga,

Desde que en un atardecer de noviembre del 2010 leyera por primera vez uno de sus siempre interesantes artículos, he seguido con apasionamiento todo cuanto ha publicado desde entonces. De usted he aprendido nuevos conceptos, como el de elefante blanco, aplicado a cuestiones de gestión económica; pero también me he divertido muchísimo con algunas de sus anécdotas, como la del micropene de Napoleón Bonaparte expuesto en algún Museum de Englewood, o aquel relato suyo en el que el “fanfarrón” Osa Osa Ekoro (personajillo de dudosa formación académica venido a ministro gracias a las faldas de su madre Maria Ekoro) desaprobó su intervención en una conferencia económica, a pesar de su incapacidad a explicar lo que son Giffen Goods o el Income Effect (basic principles of microeconomics).

Pero el embelasamiento inicial de sus artículos ha ido evolucionando hacia posturas más mesuradas, basadas en un acercamiento crítico sobre el fondo de las mismas. De este modo, he terminado por desarrollar posturas bien definidas frente al dualismo de su persona: por una parte está el curtidísimo economista; pero por otra, destaca la faceta del “Simple Ciudadano de a Pie, expresándose a título extrictamente personal”, faceta desde la que opina sobre los asuntos políticos de nuestra sociedad con posturas, desde mi punto de vista y con el amparo del derecho a la disención, impregnadas de cierta heterodoxia.

Permítame, Sr. Abaga, confesarle que, independientemente del grado de acierto que puedan tener sus recetas políticas sobre cómo salir del atolladero en el que se encuentra nuesto país, encuentro en un usted a un guineano que puede servir de modelo, de inspiración para los muchos que hemos sido condenados a tener como modelos a personas cuyos únicos méritos son haber esquilmado al país. 
Porque usted es una persona muy versada, vengo a pedirle que me saque de dudas en la siguiente cuestión “semántica”. En efecto, en la última entrega de su trilogía en la Radio Macuto, usted escribe lo siguiente:

“Disolver el partido político FDR. Pues, este partido tiene una vocación parroquial con tendencia a mantener el “status quo”. Además, con su “curriculum vitae”, un partido político dirigido por ellos no puede ser democrático, no puede inspirar confianza, y es nocivo para el país;”

Mi duda semántica en este parafo es el uso del término o locución STATUS QUO; consultándo mi diccionario (María Moliner, Gredos 2004), aparecen las siguientes definiciones:

1) STATU QUO. Estado de cosas en el momento de que se trata.

2) STATUS. Posición social y económica de una persona.

Entre ambos términos no aparece la versión utilizada por usted-STATUS QUO- Ante esta situación, y dado que siempre he tomado por buena la forma 1), me asalta la duda de saber si también es admitida la usada por usted (quizas mi diccionario sea una edición limitada) o, por el contrario, usted ha incurrido en un LAPSUS CÁLAMI.

A la espera de su respuesta, reciba un respetuoso saludo.

Por Bony Nse Nguema

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