Hablamos tanto y pensamos tanto sobre el tema de Guinea Ecuatorial (su situación política, económica, social…) que a veces me da vueltas la cabeza sin control. Es como algo obsesivo, y lo anecdótico de esto es que hay personas que, sin pisar la Guinea de hoy, parecen que sepan más que los que viven en el país. Siendo así parece que no hace falta vivir en Guinea para saber lo que sucede, todo ya se sabe, y como ya se sabe las discusiones sobre Guinea llegan a ser tediosas y abstractas hasta el hastío.

Imagen/datuopinion

El “debería ser” se ha impuesto como objeto de discusión sobre la Guinea Ecuatorial palpable, que siente y que realmente existe.

Muchos de los guineanos que abandonaron Guinea en la época de post independencia viven encerrados en este debería ser como dogma. La obligación de una generación perdida, entre el deber, olvido y su educación sacrificó a miles de jóvenes después de la independencia en el 68. Independientemente de la dictadura, nunca se sintieron cómodos allí donde estuvieron: ni el país que les educó y los relegó posteriormente al ostracismo, ni en el exilio en países limítrofes o España. Su “yo” protuberante, el que exigía el reconocimiento en base el hecho de haber aprendido a hablar español y un estatus de nación hermanada con la metrópolis quedó truncado por la sinrazón. Aunque yo me inclino por llamarlo “la razón” bruta, fea, nada armónica de la voracidad “humana”.

Así muchos de los guineanos de hoy viven enajenados en el “debería ser” sin vivir la realidad del país de origen. Su cuerpo y mente se ha instalado en la catarsis de un mundo virtual, donde al sacrificarlo todo es donde encuentran un fundamento para su existencia, un motivo que los ampare y a la vez los someta. Digo sacrificándolo todo porque incluso estos guineanos que han desarrollado sus vidas lejos de sus países y han creado familias, en muchos casos, parecen haber desconectado de sus hijos, de sus padres, hermanos, del lugar donde viven…. Los hijos son utilizados como una extensión más de ellos mismos para incluirlos en la lucha por “la salvación” de un país que en muchos casos nunca han conocido. Sim embargo las relaciones entre padres e hijos parecen debilitarse en el momento que no se han enraizado las bases del estatus (aprendido en Guinea), clase, raza (etnia) en su descendencia.

Incluso cuando estos padres guineanos se convierten en víctimas de su propio pensamiento, sus yagas, las del paso del tiempo y de la aniquilación del mundo en el cual vivieron y viven en la distancia los ayuda a erguirse de forma parcial. El pasado es la esencia del discurso del día a día de estas personas, y el presente es algo desechable. ¿Por qué?

Porque en su función de mártir también alcanzan la calidad de la esencia “humana”, el sumun del proyecto estatal colonial en su abismo: equipararse a la sociedad la cual les “protegió” y les “enseñó”.

Obteniendo el beneplácito y el estatus de ser parte de una línea de los que representan lo humano, moral y valiente y no ser parte de lo animal, salvaje y desaventajado. Tintes de moralidad, racismo y clase…

¿Cuál es, era y será el lugar de Guinea Ecuatorial? Puede que lo histórico de la especificidad contemporánea de Guinea pueda ser visto como un accidente y por accidente me atengo a la mera construcción de un país que no encuentra justificación a su existencia, pero si obligación. Y la obligación es tan laxa en argumentos desde dentro del pequeño país, tan tímida e interesada que hay que ser cautos cuando encumbramos los símbolos nacionales utilizados en incontables ocasiones por y para la rapiña de las elites gubernamentales.

Si Guinea tiene algún sentido lo sostienen las organizaciones internacionales, los Gobiernos que reconocen al supuesto “presidente” como interlocutor: es el concierto internacional el que da sentido a Guinea Ecuatorial más que cualquier otra razón actualmente.

En todo esto, el individuo, el grupo, la sociedad, la cultura, la etnia tiene poco que decir, ESTÁN SECUESTRADOS…

Solo la monumental y brutal fuerza de los medios coercitivos parece dar sentido al sin sentido dentro las fronteras ecuatoguineanas. De esta forma se instala otra interpretación del “debería ser”: la locura. La locura de Guinea Ecuatorial es la sinrazón (o razón) de una convivencia que nunca fue pacífica y sí obligada, justificando el sueño del ipipi1 adquiriendo más potestad y legitimidad frente a las carencias evidentes de la falta de construcción institucional y política de lo que nunca fue un país por y para sus conciudadanos.

En definitiva, nos encontramos en el otro extremo a los “ipipi” que frente a los “martires”2 niegan todo, niegan los hechos y se los inventan, abrumados por el miedo, el miedo que sienten hacia ellos mismos y hacia el resto, pero camuflado con tintes de mesianismo y superioridad. Estos extremos se parecen más de lo que creen, ambas viven amparados en la negación sistemática de uno y del otro, resultado de la abstracción del discurso colonial y postcolonial que les ha alienado complemente.

Ambos gritan justicia, libertad, y representan estos conceptos unos utilizando la fuerza de forma arbitraria y otros inmolándose desde la distancia o incluso en ocasiones desde dentro, buscando de forma ingenua representar ser “buenos y civilizados”.

Mientras que para sus opuestos la civilización se consagra en grandes infraestructuras, poder económico, edificios, coches lujosos. Por otro lado, estos “ipipi”, desde las profundidades y tenebrosidad infunden castigos a esos niños “malcriados” aun enfermos y desprovistos de conciencia convencidos que solo ellos pueden comprender y contener el mal que acecha a su país. Finalmente, estos individuos de uno y otro lado, carentes de creatividad para instituir alternativas, están dogmatizados y viven para justificar sus situaciones por incapacidad (sean cuales sean las razones): ambos son hijos del mismo padre.

Hay mucha gente que le da miedo decir que Guinea no existe, de modo que el principio y el fin de la existencia de los habitantes del golfo de Guinea está marcado por la colonización y el cordón umbilical que nos unió con occidente.

1 Palabra de origen Ndowe que sirve para designar a aquellos que están ajenos a su conciencia.

2 Me parece oportuno subrayar esta distinción con este apelativo ya que la polarización política de Guinea Ecuatorial, aparte de ser masculina y racial es moral por medio de la educación eclesiástica. Todas las batallas se dan en este pequeño país: capitalismo, racismo y lo moral por medio de los cristianos tanto católicos como presbiterianos.

Las agujas del reloj, los signos de los tiempos se empezaron a contar en épocas disruptivas de paz, guerra y momentos globales de expansiones europeas sobre la faz de la tierra. Instruyendo un sentido del vivir y existir reducido sobre las palabras como “progreso”, “evolución” …

Mientras, el legado de las diferentes culturas de Guinea quedaba sesgado. La asimilación y embriaguez de las sociedades autóctonas de occidentalismo se naturalizó con ímpetu, alegría y rendición en una línea recta de atrás a adelante: todo signo de poder autóctono quiso ser borrado.

Así los liderazgos que se construyeron desde el inicio en la joven República de Guinea son liderazgos, donde el tiempo, la vida y la muerte juegan a disposición de personalismos que se sienten dignos de aquellos símbolos que marcan las épocas.

Los tiempos son el poder mediático y bélico. La aritmética del poder, alimentada por los medios estatales, y en medio de todo eso hombres (no mujeres) que se siente aventajados y fuertes sobre el resto, mejores, en definitiva. Pero en sus complejos, necesitan de todo un país como escenario para encumbrar sus vacíos y confusión racial.

Es el estatus, la línea creada que configura la justificación máxima de este poder alienante y asesino. Y este estatus vive y sobrevive no solo en la carcasa y terreno guineano, se alimenta de las dinámicas racistas y clasistas que occidente ha alimentada y ha extendido por todo el mundo. A día de hoy Guinea solo es víctima de varios discursos: colonialismo, socialismos-comunismo, neo-colonialismo y finalmente capitalismo.

Y aunque muchos les sorprenda me maravilla la Guinea de hoy, en su embriaguez de alcohol, pobreza (relativa) y síntomas de descomposición aun resiste. Resiste con fatiga y resiste, aunque no sepa reconocer los signos que encumbran su humildad, pacifismo, lucha y valores que aún tiene. El ndowe, bubi, ambo, bisio, krio y fang todavía tienen recursos para sobrevivir ante la falacia creada de la superioridad, de las cuales muchas personas viven ajenas. Nuestro estatus, el de los guineanos, el de las personas de raza negra, y aquellos que fueron humillados en un momento y en un lugar de la historia como en Guinea, puede romperse e incluso mirar al principio de todo, de nuestra historia para organizarse y estructurar la sociedad primigenia.

Autor: Vargas

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