En la mañana del día 1 del presente mes de junio, llegaba a Valencia, procedente de los Estados Unidos de América, el guineo-ecuatoriano Dr. Adolfo Obiang Biko, uno de los firmantes de la Carta de Independencia de Guinea Ecuatorial en las Naciones Unidas. Nació el 30 de abril de 1940, en Igombegombe, Río Benito, provincia de Río Muni (Guinea Ecuatorial). Arribaba con ilusión y entusiasmo para presentar su último gran libro titulado: «Guinea Ecuatorial: del colonialismo al descubrimiento del petróleo».

Impreso por el Grupo Editorial Sial Pigmalión / Casa África (España), y publicado el 30 de abril de 2016. Consta de 441 páginas divididas temáticamente en 8 capítulos, un preámbulo, un prefacio, una introducción, un epílogo y varios apéndices (o anexos). Se puede conseguir a un precio de 21,85€, en plataformas como Amazon, o en librerías como United Minds, entre otras.

En la jornada del 1 de junio, a las 17h de la tarde un grupo reducido de jóvenes mantuvieron un breve intercambio de impresiones, a modo de tertulia con el D. Adolfo. Ellos fueron testigos, y pudieron disfrutar de las narraciones de sus múltiples vivencias y experiencias. Todas ellas, o en su mayoría, sobre el proceso de independencia de la República de Guinea Ecuatorial; y sobre la desgracia que la sobrevino una vez independiente, con unos de los regímenes totalitarios, genocidas y tribales más crueles y lacerantes de la Historia. Es la triste confirmación de que monstruos como Macías Nguema y Teodoro Obiang Nguema, nunca debieron haber nacido.

Durante la jornada del 2 de junio, a eso de las 10 de la mañana, D. Adolfo Obiang Biko fue entrevistado en la RadiolatinosFM por el activista guineo-ecuatoriano Nzang Ezimi, quien, como conocedor de primera mano de la obra del Dr. Adolfo Obiang, vino especialmente desde Inglaterra para el evento. A las 19h de la tarde, D. Adolfo Obiang presentaba su libro en la librería panafricanista United Minds (Valencia). Fue un acto abierto al público en general, donde acudió mucha gente interesada y deseosa de auscultar el pensamiento de tan ilustre invitado.

En su intervención, nuestro autor comenzó dando las gracias a los que habían hecho posible el que él estuviera ahí esa tarde. Agradeció de manera especial al Sr. Nzang Ezimi, a la RadiolatinosFM, a la librería United Minds, y muy especialmente a Diario Rombe y su equipo técnico y directivo. Seguidamente, advirtió de que su obra no es para nada novelesca ni ficcional, sino, la narración testimonial de la gesta independentista de la actual Guinea Ecuatorial. Es decir, el relato testimonial (en primera persona) del proceso independentista de los territorios que conformaban la Guinea Española antes del 12 de octubre de 1968. Lo que convierte a este libro en una verdadera «joya» bibliográfica y documental, en lo relativo a la búsqueda de los genuinos acontecimientos que sucedieron antes, durante y después de la colonización.

Un libro bien estructurado, con mucha claridad y frescura argumentativas. El autor se esfuerza en ser lo más claro posible, no escatima en detalles, fotografías, mapas, etc. Es una obra que ha pasado con nota por evaluaciones de personajes significativos en el mundo de la política, la filosofía y la historia. Opiniones que se pueden leer en la contraportada del libro.

Por otra parte, el autor constató acongojado el hecho de que Guinea Ecuatorial es el único país que no conoce su historia. Insistió en el hecho de que, por ejemplo, son muy pocos los que saben o recuerdan que Teodoro Obiang Nguema es un empedernido narcotraficante, a la altura de Pablo Escobar y Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, conocido como el Chapo Guzmán. A diferencia de estos dos últimos, Teodoro Obiang es Jefe de Estado, lo cual le confiere tanto inmunidad como impunidad para traficar y comercializar la droga por todo el mundo.

El destino de la droga del «Cártel de Obiang», amén de la agonizante Guinea Ecuatorial (infestada por completo), son países como España, Francia, entre otros. Teodoro Obiang es a la vez, presidente de una República y narcotraficante.

«En la medida en que realmente pueda llegarse a “superar” el pasado, esa superación consistiría en narrar lo que sucedió». Esta frase de Hannah Arendt (1906-1975) resume en gran medida, uno de los propósitos de este libro, cual es, poner al alcance de todos los guineoecatorianos los hechos históricos que hicieron posible acceder a la independencia, a la par, y en aras a una mayor y mejor cohesión social, proponer un ejercicio de memoria, a fin de no olvidar los compromisos en su día adoptados y asumidos por todos. Tanto por los de Rui Muni como por los de Fernando Poo.

Hoy, después de estos casi 50 años de independencia, y de convivencia (unida) de todos los pueblos que conforman G.E, es necesario preguntarse por si ¿valió la pena? Hoy, más que nunca, hemos de preguntarnos por el modelo de país que queremos. De si hay o no cohesión entre los pueblos. De si son capaces los diferentes pueblos de respetarse mutuamente, de forma que cada uno, desde su idiosincrasia, pueda aportar lo genuinamente suyo al resto de los pueblos. Precisamente, en el libro, justo en el capítulo que habla de la conferencia constitucional, se puede leer cómo antes de acceder a la independencia, había bandos a favor y en contra de una independencia total de España. Algunos líderes bubis, entre ellos Marcos Ropo, Waston Bueko, y Edmundo Bosio Dioco, estaban en contra de una independencia total, adujeron evidencias y argumentos relativos a la inviabilidad de un hipotético estado independiente, donde Fernando Poo (hoy Bioko) estuviera unida a Rio Muni. Por las diferencias culturales, lingüísticas y sociales. Los que estaban a favor de una independencia total eran Pastor Torao Sikara, Francisco Salomé Jones, entre otros. Hoy toca preguntar por ¿quiénes, en aquel momento, estuvieron en el lado correcto de la historia?

Como ya sostuvieron otros analistas y escritores sobre Guinea Ecuatorial, como D. Justo Bolekia y el escritor catalán Jacint Creus, hablando de la colonización, poscolonización y ejercicio del poder en G.E, D. Adolfo sostiene también que la historia colonial de Guinea Ecuatorial presenta, entre muchas otras características, una particularmente significativa: la mezquindad de los que la rigieron sobre terreno. Una mezquindad espléndida para el investigador, porque aquellos dirigentes, incapaces de barruntar el sentido de la Historia que protagonizaban, actuaron siempre de una forma primaria, meridiana y clara, expresando sin tapujos sus pretensiones, seguros de su impunidad «ante la Historia». Gobernar, para ellos, nunca fue una forma de articular la sociedad que ya existía, sino una estrategia para sustituirla por otra distinta, «al agrado», según la propia «fantasía».

Hoy, en el ejercicio del poder de Teodoro Obiang, siguen vigentes algunos fenómenos de continuidad que entierran su raíz en aquella época colonial. Siguen vigentes en el ejercicio de un poder que ha cambiado de color, pero no de concepción: un poder que siempre ha entendido su relación con la población como el resultado de la exigencia de una adhesión, exento de responsabilidad, suficientemente justificado por el mero hecho de existir, «providencial» y, por lo tanto, no criticable, no mejorable, no susceptible de oposición, no sustituible salvo por un acto de traición a la «patria». Es por eso que, hoy día, por ejemplo, afiliarse al PDGE es visto por muchos guineoecuatorianos como una oportunidad de «no ser excluidos». El partido «canaliza la adhesión» y al mismo tiempo «canaliza la integración». Lo único no cuestionable es la persona del infame dirigente Teodoro Obiang Nguema.

En efecto, la nueva clase dirigente local debe sus raíces a las situaciones anteriores. Ninguna variación ha conllevado ningún cambio, al contrario, se ha abierto un abismo para buena parte de la población, que no ha encontrado -igual que ocurrió en la época colonial- un lugar estable entre unos y otros. Transformaciones tan graves, sin embargo, no han logrado alcanzar a la médula de unos poderes constituidos como una réplica de los de antaño. Si antes fueron el cacao, el café y la madera; ahora son la madera, la pesca, el petróleo y otros minerales los bienes expoliados, en un circuito que a la vez siembra riqueza y mucha pobreza: ¿la abundancia de hoy presagia la escasez de mañana? No es fácil de barruntarlo. En cualquier caso, entre aquella «producción» y el «pillaje» actual han cambiado los protagonistas y sus funciones: ya no «pillan» los mismos extranjeros de antaño, y los actuales muestran una circunspección patética: no quieren cambiar a la sociedad guineana, sino limitarse a llevarse las riquezas de su suelo. Para ello, han optado por secuestrar al País en beneficio familiar. Pues, si bien, sobre papel G.E aparece como un Estado independiente y libre, en la práctica, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Tras casi cinco décadas de independencia, Guinea Ecuatorial no ha sufrido ninguna trasformación significativa digna de elogiar: de una teórica prosperidad colonial desproporcionadamente repartida, a casi nada; de esa nada angustiosa, a un enriquecimiento exponencial desigualmente repartido. En 1968, Guinea Ecuatorial tenía que darse un nuevo Estado, sin ser primero una Nación.  A diferencia de los pueblos europeos, que han sido naciones antes que estados, Guinea Ecuatorial, como en todos los pueblos africanos, estaba obligada a convertirse tras la independencia en Estado, sin tener detrás una Nación que lo soporte. Hoy, más que un Estado-Nación, lo que es G.E, es un Estado-tribal. Un país secuestrado por una banda de desalmados, ladrones, asesinos y violadores de todo derecho que tenga que ver con el genero humano.

Si bien es cierto que la utilización de la violencia por parte de España fue constante durante todo el proceso de creación y mantenimiento de la colonia, ése no era el eje manifiesto de su política. En el discurso colonial español, lo que tiene trascendencia es el deseo explícito y rotundo de proceder a la sustitución cultural de los guineanos, a su asimilación: con la misión católica como espolín, la definición de una nueva identidad para los habitantes de Guinea se tradujo en una dualidad de objetivos que, en ocasiones, sigue proclamándose: la lengua española y la religión católica. El cambio lingüístico y la conversión religiosa conllevaban una «modernidad civilizatoria» que se tenía por cierta, contrapuesta a una percepción del negro africano como «retrasado» en relación al europeo. Tras aquella afirmación de principios se fraguaba una telaraña de intereses no reconocidos. Por eso, la insistencia se mantuvo siempre en la negación que la propia afirmación ocultaba: si el guineano «debía ser» católico y español, se quería decir que en realidad «no era» ni lo uno ni lo otro, por lo menos de momento. Lo cual, viene a significar que la españolidad de Guinea era una especie de «reto» que debía alcanzar por cada uno de los afectados. Por lo tanto, nos topamos aquí con el principio fundamental del acto colonial, es decir, la desigualdad de los actores: «superiores», los españoles, a unos guineanos presentados como «inferiores», la ocupación colonial se justificaba por la instauración de una serie de mecanismos «niveladores», que debían permitir a los presuntos «inferiores» «llegar a ser como» los blancos.

La civilización europea era entendida, desde «arriba», como tan evidentemente «mejor» que la africana, que el «acto civilizatorio» representaba, al propio tiempo, un «gesto de generosidad» por parte de la potencia colonial, un «acto de responsabilidad» en la cadena histórica. Que el africano «desgraciado» «no comprendiera» que todo aquello era «por su bien», desquiciaba las mentalidades coloniales y desataba toda suerte de represalias, encaminadas a «reconducir» la «errónea obstinación» de quien «se negaba a ver» las virtudes del sistema impuesto. «Parecer adicto», era el primer paso para llegar a «ser tenido en cuenta». Y cualquiera que conozca Guinea Ecuatorial hoy puede relacionar este tipo de pensamiento sobre el poder con realidades contemporáneas enormemente parecidas: una nación, una verdad, un partido (PDGE), la proximidad al cual permite «tener acceso a». Nada que el colono no hubiera hecho. Ahora, el guineano, frente al proyecto político en juego, no ha sido sujeto de derechos; sino que se ha visto en la «obligación» de hacerse acreedor a ellos demostrando una actitud «positiva» hasta manifestar que ya «había dejado de ser» «ingrato» y «pasado a ser» «fiable».

A Final de su intervención, D. Adolfo Obiang hizo ver que, aunque en toda la historia no ha habido dictador tan voraz e inhumano como Teodoro Obiang Nguema, muchos otros dictadores han caído, y sus regímenes han sido sepultados en el mismo lodo. De modo que, otra Guinea Ecuatorial sin Teodoro Obiang Nguema es posible. A pesar de todos estos hechos luctuosos y deleznables, El Dr. Adolfo hizo un llamado a la esperanza (como lo último que se pierde). Esa esperanza de cambio real (para nada utópica) que ha de anidar en el corazón de todo guineoecuatoriano que ansíe que esta pesadilla se acabe. De manera que, no hay que dejar de luchar, cada uno desde donde está.

Redacción:

Por: Otra Guinea Ecuatorial es posible

Diario Rombe
Si quieres compartir información sensible o enviar documentación para su investigación y posterior publicación, contacta con nosotros: Email: [email protected] Telf o Whatsapp: 0034 634 79 78 38

2 Comentarios to: Guinea Ecuatorial: Un Estado secuestrado

  1. Don Andres

    junio 12, 2017

    No creo que Guinea E. es el único país al mundo que tiene gente, intelectos y no intelectos, fuera de sus fronteras. En primer lugar esta es una concepción errónea. Por otra parte, tampoco estoy de acuerdo de insultar al resto de los guineoecuatorianos por vivir en el país. Alguien dijo, “estúpido es quien estúpido hace”, pues, “necio es quien da de necio a los demás” .

    Responder
  2. Andrés

    junio 8, 2017

    Gracias DR por tenernos informados y gracias al Doctor por sus brillantes comentarios; un verdadero profesor vivo y muerto a la vez para la UNGE, qué daño nos hace esta maldita dictatura, tener que tener a tantos intelectos fuera del país, mientras en el alrededor la mayor parte de la élite es gente necia.

    La sucia gente del PDGE para vuestra información:

    Prefiero ser una persona feliz que un cerdo satisfecho; major ser un Socrátes feliz que un necio satisfeho.

    Desgraciadamente lo tenéis que aguantar, pero sabemos que la gran mayoría de los que dicen actualmente ser del PDGE sólo están SATISFECHOS, jamás serán FELICES. Pues quien no da la felicidad, jamás puede estar feliz, inútiles la gran mayoría del PDGE, de la que exceptúo a la gente intelecta del PDGE con solvencia moral y juridical, éstos que solo buscan su pan.

    Responder

Dejar un comentario

  • (not be published)