Por: Javier Fernando Miranda Prieto

Teniendo como base de sus acciones terroristas el noreste de Nigeria, la secta islamista radical Boko Haram fue fundada hace más de una década. Aunque sus acciones violentas se remontan al 2009, atrajo la atención del mundo entero el año pasado con el secuestro de 276 niñas de una escuela en la ciudad de Chibok, en el Estado de Borno. Las imágenes de su enloquecido líder Abubakar Shekau, riendo ante las cámaras, mientras reivindicaba este golpe de audacia sin precedentes y anunciaba que las estudiantes serían vendidas como esclavas, desataron una campaña de solidaridad global, donde participaron figuras del espectáculo y políticos como Michelle Obama o David Cameron.

Según información reciente de Amnistía Internacional, este no es un caso aislado. Los militantes de Boko Haram parecen sentir una cobarde predilección por esta clase de excesos, y en los últimos 15 meses secuestraron un total de 2,000 mujeres y niñas, que han sido sometidas a los peores tratos. Pero la semana pasada, una noticia renovó la esperanza de que miles de estas mujeres nigerianas, serían devueltas a sus hogares con sus familias; según las Fuerzas Armadas Nigerianas, se logró rescatar a 700 de ellas, que permanecían retenidas en el bosque de Sambisa. A partir de ahí, las historias sobre su cautiverio se daban a conocer.10985890_1569292843335181_7487596926597317487_n

El relato de sus experiencias a manos de estos fundamentalistas enloquecidos ponían los pelos de punta. Cuenta una muchacha de 23 años: “Me convirtieron en un objeto sexual. Hacían turnos para acostarse conmigo. Ahora estoy embarazada, y no sé quién es el padre”. No es el único caso. Al momento de su liberación, al menos 214 prisioneras esperaban un hijo, producto de esta política de violaciones sistemáticas.

Pero la pesadilla para estas mujeres, adultas y niñas, no ha terminado, cientos de ellas están recluidas en improvisados campos de refugiados en el norte de Nigeria, como el campamento de Malkohi, donde conviven, en las peores condiciones sanitarias, más de 300 mujeres y sus hijos, en un alberge adecuado solo para 120 personas.

Estas precarias e inhumanas condiciones de hacinamiento, que deben de padecer estas mujeres nigerianas que vienen de sufrir una inenarrable experiencia de abuso y crueldad, es responsabilidad del gobierno nigeriano, que se han sentido rebasado, por un desenlace militar no previsto ni buscado por el ejército de Nigeria.

Por más que el gobierno nigeriano, ha reiterado hasta el cansancio, que el rescate de las niñas y mujeres cautivas de las garras de Boko Haram, fue producto de un plan bien elaborado por las fuerzas de seguridad nigerianas, las evidencias y los testimonios de las propias víctimas, estarían contado otra historia oculta. Está confirmado, por documentos de la alta oficialidad del ejército de Nigeria, que fueron entregados, en reserva, a representantes del gobierno entrante, que las mujeres secuestradas no fueron rescatadas, ni salvadas por el ejército regular, sino que fueron liberadas o más previamente dicho, fueron abandonadas por sus propios secuestradores.

Las exitosas acciones armadas de los ejércitos de la Coalición del Sahel, dirigidas por oficiales de las Fuerzas Armadas chadianas, han logrado en el último mes, tomar control de varias bases militares que estaban en manos de la banda terrorista nigeriana, produciendo una estampida de estas hordas asesinas, hacia las fronteras de Camerún en el sur y de Níger y Chad en el norte, en donde han logrado constituir, bien apertrechadas y clandestinas, bases de refugio.

El ejército nigeriano, advertido de estas operaciones militares de la Coalición, fueron a tomar control de estas bases desalojadas, encontrando: ingente cantidad de armamento y municiones, almacenes de víveres y lo más valioso del hallazgo: ciento de mujeres y niñas que habían sido secuestradas por la banda de fanáticos. Las cuales se habían constituido, para Boko Haram, en un peligroso lastre, en su intento de tomar las fronteras de los países vecinos, dado lo inmanejable que significaba controlar y conducir a la fuerza, a una numerosa masa de personas, ante la huida hacia las inhóspitas zonas de refugio.

Con este sorpresivo hallazgo, el gobierno saliente y el venido a menos ejército nigeriano, encontraron la historia perfecta para reinvindicarse de una campaña militar llena de fracasos, pero la verdad de esta historia recién se empieza a conocer.

Esta es parte de una historia infame, que todavía no se ha terminado de contar, pero que oculta la verdadera realidad de unas Fuerzas Armadas, como las nigerianas, históricamente conducidas por los intereses particulares de una elite gobernante corrupta e incapaz.

Diario Rombe
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