Afrodescendencia, racismo y construcción de la identidad dominicana

Por Alex Amaro | @alexamarobcn

alex moroEl debate sobre la identidad nacional y las políticas migratorias de la República Dominicana se ha convertido en un elemento constante de la agenda política nacional, debido a la reiterada incapacidad del Estado dominicano para adoptar medidas que afronten y superen de forma eficaz los problemas ocasionados por la celeredidad de los procesos migratorios y la tendencia a dificultar e irregularizar estos procesos con el fin de beneficiar a determinados sectores de la economía que basan parte de su estrategia de acumulación de ganancias y capitales en el uso intensivo de mano de obra inmigrante haitiana, barata y despojada de todo derecho.

La sociedad dominicana se ha formado a través de múltiples y continuadas olas migratorias que tienen su génesis en la invasión española de 1492 y en el proceso de colonización de la isla, lo que conllevó a la llegada masiva de europeos de distintas procedencias, pero fundamentalmente de españoles, italianos, portugueses, franceses e ingleses.

La esclavización de la población aborigen y su utilización intensiva como mano de obra, generó un rápido descrecimiento de la población de la isla, una situación que se vio agravada por los maltratos sistemáticos y las matanzas realizadas por las fuerzas invasoras para obligar a los indígenas a realizar trabajos o para despojarlos de sus tierras. Ésta situación provocó el traslado a la isla de negros africanos esclavizados y convertidos en mano de obra al servicio de los colonizadores. Desde entonces las relaciones sociales basadas en cuestiones raciales y culturales han estado en centro de la lucha por el poder.

La insaciable voracidad de las fuerzas coloniales provocó un proceso de luchas sociales, de clases y raciales, que desembocaron en innumerables rebeliones por parte de los negros y los aborígenes esclavizados, encontrando su punto más álgido en 1791 con el inicio de la Revolución Haitiana, la que culminaría en 1804 con la proclamación de la Independencia de Haití y su constitución en una República libre y soberana. En Enero de 1801 Toussaint Louverture ocuparía la parte Éste y española de la Isla de Santo Domingo, el 9 de mayo del mismo año declararía la abolición total y absoluta de la esclavitud en toda la isla, la que sería restablecida más adelante por la aristocracia criolla, blanca y pro-española.

El 1 de diciembre de 1821, un movimiento liderado por José Núñez de Cáceres declara en Santo Domingo la independencia del Haití Español del Reino de España, con el apoyo de la aristocracia colonial blanca, criolla, pro-española, el movimiento aboga por unirse al proyecto de la Gran Colombia de Simón Bolívar, pretensiones que encontraron el rechazo de la mayoría negra y multa, que ante la persistencia de la esclavitud y los malos tratos recibidos preferían el amparo de la República de Haití como forma de evitar la continuidad del régimen de explotación esclavista que negaba los derechos de ciudadanía a la mayoría afrodescendiente.

El 13 de diciembre se inicia en Puerto Plata un amplio movimiento que buscaba la anexión a Haití, la mayoría de los pueblos de la parte Este de la isla se pronunciaron a favor de la unidad con Haití. El 19 de enero José Núñez de Cáceres proclama la anexión del Haití Español a la República de Haití. El 9 de febrero de 1822 el presidente haitiano Jean Pierre Boyer entra a la ciudad de Santo Domingo, entre las primeras medidas adoptadas se encuentra nuevamente la abolición de la esclavitud en todo el territorio de la parte Este de la isla. El fin de la esclavitud generó una nueva situación social en la isla, la liberación de los negros generó el surgimiento de un nuevo sujeto político en la parte Este de la isla, los acontecimientos históricos que tendrían lugar más adelante demostrarían su fuerza y empuje.

Bajo el gobierno haitiano en toda la isla, se intensificó la inmigración de negros rebeldes de toda la región del Caribe y de los Estados Unidos, generándose asentamientos importantes de afrodescendientes en comunidades como Samaná, Santiago, Puerto Plata, Monte Cristi, Bayaguana, Monte Plata, San Pedro y Santo Domingo. De ahí que en muchas comunidades se mantengan ciertos vestigios del bilingüismo de la época, así como, de apellidos de origen inglés, francés y otros.

La ocupación haitiana reconoció los derechos de nacionalidad y ciudadanía de los afrodescendientes dominicanos, promovió su incursión en la política y su participación en el ejército y en la administración del Estado. Las acciones de las fuerzas haitianas de ocupación para empoderar y garantizar el ejercicio de la ciudadanía de los negros de la parte Este de la isla, generó notables tensiones con los sectores esclavistas, blancos, criollos y pro-españoles, las fueron en aumento provocando profundos sentimientos anti-haitianos que alentaron y dieron forma a las ideas independentistas en sectores de pensamiento liberal, que si bien es cierto que no quería seguir bajo dominio haitiano, tampoco quería estar bajo dominio de ninguna otra nación o potencia, sin embargo, en otros sectores la perspectiva de la liberación del régimen haitiano pasaba por anexar el país a cualquier potencia europea o incluso a los Estados Unidos de Norteamérica, ya que uno de sus principales objetivos era el restablecimiento de la esclavitud abolida por los haitianos. Esas diferencias se expresarían y enfrentarían intensamente a lo largo de los próximos años.

En 1838 surge un movimiento independentista liderado por Juan Pablo Duarte, un liberal de clase media contrario a la ocupación haitiana en Santo Domingo y a la anexión del país a cualquier otra nación o potencia. Duarte funda la sociedad secreta La Trinitaria, dándole al movimiento independentista unos matices políticos, identitarios y religiosos que se fundarían en la idea de la República naciente debería reivindicar su tradición hispánica, la ascendencia blanca y europea de su población, y la supremacía de la religión católica como fe cristiana nacional frente a cualquier otra creencia religiosa, algo que Duarte garantizaría en todos los relatos, documentos y propuestas organizativas del movimiento trinitario. La primera bandera dominicana se elaboró, tan sólo, colocando una cruz blanca la bandera haitiana, los juramentos y tesis políticas introdujeron la fe católica como estandarte del movimiento trinitario.

La proclamación de la Independencia 1844y el surgimiento de la República Dominicana fue rápidamente dinamitada por sectores de la oligarquía criolla que no estaban dispuestos a compartir el nuevo espacio democrático y republicano con los negros y mulatos que pese a haber luchado ferozmente en la guerra de independencia, seguían siendo considerados ciudadanos de segunda y tercera categoría por la elite blanca de ascendencia europea, De ahí que, en el periodo inicial de la joven República la lucha entre pro-estadounidenses y pro-españoles, tenía un solo punto en común, evitar a toda costa que los negros haitianos volvieran a ocupar la parte Este de la isla, o que en el mejor de los casos los negros dominicanos ascendieran al poder y tomaran el gobierno.

En la batalla por el protectorado, ganaron los sectores pro-españoles. En 1861 Pedro Santana anexaría el territorio de la República Dominicana a la Corona Española, aniquilando la naciente estructura democrática de la República e instaurando un régimen neo-colonial que profundizó la exclusión y marginación de los segmentos empobrecidos del país, en especial de la población negra y mulata. El gobierno colonial pretendió restablecer la esclavitud y permitir el envío de los negros dominicanos a las plantaciones coloniales españolas en Cuba y Puerto Rico, situación que originó generó innumerables protestas que culminaron en 1863 con el Grito de Capotillo y en inicio de la rebelión popular contra la anexión a España.

En 1863 estalla la Guerra de la Restauración con el objetivo de restablecer la República, poner fin al proceso de anexión a España y expulsar al ejército colonial. La mayoría de los líderes del movimiento restaurador fueron negros y mulatos, muchos de ellos de ascendencia haitiana, estadounidense o procedentes de otras islas de Las Antillas, todos opuestos al restablecimiento de la esclavitud y contra las pésimas condiciones en que vivían los afrodescendientes en la isla bajo el régimen colonial español.

Gregorio Luperón, un negro dominicano, se convirtió en el líder indiscutible del movimiento restaurador. La rebelión se orquestó desde Haití y desde allí entró el ejercito restaurador, contando con el firme apoyo del gobierno haitiano. El movimiento restaurador venció  y la República quedó restablecida en 1865, garantizando el no retorno al colonialismo español ni a la esclavitud colonial.

Las y los afrodescendientes dominicanos han jugado un papel estelar en la construcción de la Nación y la identidad dominicana. El conflicto racial siempre ha estado latente en las pugnas por el poder, es una lucha que ha llegado hasta nuestros días en una situación de ventaja para los sectores oligárquicos, blancos y pro-españoles, que durante el último siglo han logrado borrar la negritud y la afrodescendencia de la historia dominicana y del imaginario popular, han construido una falsa identidad que es desmentida por las características raciales y culturales de la población dominicana. Pese a la confusión identitaria de los afrodescendientes dominicanos es innegable su negritud y el peso de la cultura africana en su forma de asumir, sentir y vivir la dominicanidad.

El tiempo político, social y cultural abierto desde la Restauración de la República en 1865, permitió que los afrodescendientes dominicanos volvieran a ejercer sus derechos de ciudadanía, de forma que sus sentimientos de pertenencia a la Nación dominicana por medio del ejercicio del poder se afianzaron, pero las elites criollas, blancas, católicas y pro-españolas no descansaban en su intento por  despojarles de sus derechos, identidad y poder; para la oligarquía criolla sólo había una República Dominicana posible y esa tenía que ser blanca, cristina de fe católica y cuya ascendencia debía reivindicarse fundamentalmente en la tradición española, una situación que logran imponer a raíz de la invasión estadounidense de 1916 y que encuentra su consolidación durante la dictadura de Trujillo, quien impuso un régimen de apartheid racial que inició en 1937 con la Matanza del Perejil y continúo con la campaña estatal para “mejorar la raza dominicana mediante el blanqueamiento de la población” a  partir del emparentamiento y mestizaje de mulatos/as dominicanos/as con inmigrantes europeos traídos al país por el régimen, aprovechando las devastación en Europa producto de la Segunda Guerra Mundial.

El trujillismo convierte en política de Estado el racismo contra los negros en general, iniciando un proceso de limpieza étnica con el argumento de defender la identidad dominicana de la amenaza que representa la migración haitiana para el “equilibrio poblacional” entre ambos países. A la Matanza del Perejil sobreviven los negros y haitianos que se encontraban al servicio de las grandes plantaciones agrícolas y azucareras en manos de la oligarquía criolla y capitales extranjeros. A partir de éste momento los bateyes se convierten en campos de concentración de haitianos y dominicanos negros despojados de todo derecho, sobre todo del derecho de arraigo y protección estatal generando un limbo jurídico sobre su origen y nacionalidad, una situación que permanece hasta nuestros días permitiendo que los descendientes de haitianos nacidos en la República Dominicana sean despojados de la nacionalidad mediante una nueva campaña Estatal de limpieza étnica, ésta vez en lo jurídico, impulsada por la Fuerza Nacional Progresista, una organización política de extrema derecha, aliada al Partido de la Liberación Dominicana y socia de gobierno.

El trujillismo impuso unas duras normas para “mejorar la raza dominicana”, entre ellas:

  1. Se restringió casi hasta su inexistencia la presencia de afrodescendientes en el cuerpo diplomático y consular del país.
  2. Se restringió la presencia de afrodescendientes en puestos de responsabilidad dentro del alto escalafón militar y en la administración pública.
  3. Se impusieron códigos de la “buena presencia”, mediante el cual se obligaba sobre todos a las mujeres afrodescendientes a esforzarse por parecerse a las blancas europeas, maquillarse, alisarse el pelo, etc.
  4. Se confiscaron las tierras de campesinos afrodescendientes para entregarlas a inmigrantes europeos blancos traídos por la dictadura durante el período de la Segunda Guerra Mundial.
  5. Iniciada la era de la televisión, se restringió la presencia en ella de la población afrodescendiente. Eso marcó durante décadas la presentación de anuncios comerciales para la televisión, pese a que ha habido algunos avances en los últimos años, la televisión y los anuncios comerciales siguen sin corresponderse con la realidad étnica y poblacional del país. De no ser por el paisaje, cuando ves determinados anuncios parece que estás en cualquier lugar de Europa o Estados Unidos y no en la República Dominicana.
  6. El trujillismo diseñó una política de documentación estadística que continúa vigente hasta nuestra días y que se basa en negar la mayoría negra y afrodescendiente en favor de una supuesta mayoría mulata de origen taíno y español que se expresa en la asignación del Indio como categoría de identificación racial, algo que usted puede apreciar en el documento de identidad de cualquier afrodescendiente dominicano. El mío lleva una I de Indio bien grande, estableciendo que yo, un negro en toda evidencia no soy negro, sino indio de ascendencia taína y española. Nada más absurdo y ridículo.

El absurdo y el ridículo es lo que domina la política identitaria de la República Dominicana en nuestros días. Los afrodescendientes dominicanos han sido despojados de su identidad ancestral y han asumido el discurso negacionista de la oligarquía blanca, cristiana y racista que ha gravitado sobre el poder del país durante toda nuestra historia de construcción republicana. Son los mismos descendientes de Báez y Santana, opuestos a compartir el poder con “los negros”, los que siguen mandando hoy en la Nación dominicana.

Los afrodescendientes dominicanos debemos continuar la  lucha que empezó con Lemba y los negros cimarrones, que continuaron los negros esclavizados que se sublevaron contra los blancos esclavistas y realizaron la revolución en la parte oeste de la isla la primera revolución negra antiesclavista, proclamando la República de Haití, que defendieron negros dominicanos como Gregorio Luperón, Liborio Mateo, Gregorio Urbano Gilbert, Mauricio Báez, Maximiliano Gómez, Mamá Tingó y Sonia Pierre. La identidad dominicana no puede seguir construyéndose negando la presencia africana negra en la cultura e historia dominicana.

Los afrodescendientes dominicanos deben luchar por la recuperación de la memoria histórica de la afrodescendencia y por la reparación de los daños ocasionados por décadas de políticas de Estado de apartheid racial. Deben salir de la confusión, el miedo y la baja autoestima impuesta por una dinámica negacionista y de menosprecio de “lo negro”, sea africano o haitiano. Los afrodescendientes dominicanos deben mirar atención hacia los procesos de lucha y empoderamiento que llevan otras comunidades de afrodescendientes en la mayoría de países de Latinoamérica. Tienen que descubrir el valor y orgullo de sus tradiciones ancestrales, porque si eso, sin apropiarse de la memoria histórica de sus orígenes no podrán construirse como sujetos políticos ni sociales de un proceso de construcción identitaria nacional que no encuentra su rumbo ni madurez, precisamente porque se niega a si misma cuando no reconocer el peso de las tradiciones negras africanas entre los elementos constitutivos de nuestra cultura popular.

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