Sí, así es. Los diputados del PP y los demás miembros del Gobierno han tomado tanta afición a aplaudirse en sus intervenciones en la Cámara cada vez que suben al estrado para defender sus políticas restrictivas contra los derechos básicos -y de esa forma acallar las voces disconformes- que se han olvidado de no aplaudir al aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2014, presupuestos en los que se nos vuelve a recortar en lo más necesario: educación y sanidad.

Nos juran y perjuran desde el Partido Popular que los recortes vienen impuestos por la Troika y la Unión Europea y que ellos no lo hacen por gusto. Permitidme que lo dude. Si fuese cierto, si los recortes que se han aprobado en los Presupuestos fuesen impuestos y dolorosos, no habrían arrancado a aplaudir al conseguir los votos necesarios. Además, no les debería causar sorpresa la aprobación al exigir disciplina de voto y no necesitar el voto favorable de ningún otro grupo del Congreso para conseguir la mayoría necesaria.
 
Hay una gran diferencia entre las lágrimas de algunos ministros de otros países en crisis cuando anuncian recortes y las risas y aplausos en España, incluido algún corte de manga. Todos recordamos las palabras de Andrea Fabra al aprobarse los recortes a los parados: “¡Qué se jodan!”. Incluso han aplaudido las diputadas del PP que una sola persona, un hombre, Alberto Ruiz-Gallardón, nos robe por decisión propia y en solitario el derecho básico al aborto.
No es democrático que una persona decida el futuro de toda la población de un país. Deberíamos aprender democracia de Uruguay, país en el que la oposición convocó una consulta popular este año para derogar el aborto y acabó en un estrepitoso fracaso para los que querían quitar a las mujeres su derecho básico a decidir. Pero no, en España no se da al pueblo la opción a decidir, no vaya a ser que decidan al contrario de sus intereses. Porque, no creeréis que el PP deroga la ley del aborto sólo por ideología, ¿verdad? Detrás de todo esto están los intereses de sus amigos empresarios del sector de la Sanidad, dueños de clínicas privadas que se van a hacer de oro con el regreso de los abortos clandestinos.
 
Es muy grave también que se haya aprobado el mismo día una nueva ley que deja en mayor situación de vulnerabilidad e indefensión a los trabajadores, sin los derechos laborales básicos, y no hayamos sido informados oficialmente. Ayer se aprobó una nueva reforma laboral y pocos se han enterado, periodistas incluidos.
 
También se tramitó ayer en el Congreso el proyecto de ley que planea ceder a las mutuas el poder de las altas y bajas laborales. Una empresa privada que gestiona dinero público, como es una mutua de accidentes y enfermedades laborales, será la que decida si tú estás en condiciones de volver al trabajo y lo podrá hacer sin ver al paciente en persona, una llamada de teléfono bastará. No olvidemos que el señor Gallardón debería estar de baja y no se tomó ni un solo día de reposo y la Vicepresidenta no utilizó la baja por maternidad a la que se está obligada por ley: las 4 primeras semanas posteriores al parto. Eso es lo que pretenden que hagamos los trabajadores, estar al pie del cañón por muy enfermo que se esté.
 
Y todo esto lo aprueban entre risas y aplausos. Si se ríen en nuestra cara sin la más mínima vergüenza, ¿qué no harán cuando se reúnen en privado?
Por: Rosina Iglesias

Dejar un comentario

  • (not be published)