Nos están matando. A diario nos están matando -sea por el sólo hecho de manejar un taxi en el que necesitamos ganarnos el pan diario, o porque nos cansamos de callar lo que realmente pensamos de quienes rigen Guinea Ecuatorial-. Ya ni siquiera podemos ver la existencia de un Gobierno, no existe tal estructura organizativa en Guinea Ecuatorial, al menos no una que esté integrada en forma coherente en los diferentes aspectos del país. ¿Qué es lo que más espera un ciudadano, sobre todo aquel que se encuentra en una constante situación de carencia económica y permanente violencia? ¿Es acaso la figura de un salvador? – pues para nada, ¿o de un líder con una retórica que refleje todo aquello que se está viviendo a diario en las calles?, ciertamente puede ser un inicio para confiar en alguien, pero tal característica sin fuerza de acción no es más que demagogia. Lo esencial, es el sentido de justicia, una línea de sensatez y de respeto para con la realidad de las personas, reflejada en el actuar.

No es necesario seguir llamando Teodorín a Teodoro Nguema Obiang, el hijo del Dictador que todos conocemos por su continua necesidad de ostentar su forma de vida. Ya es un hombre, y uno, que al igual que el resto de su familia, no posee las características que un líder debe tener. Tampoco es útil entrar en la discusión para debatir el argumento de una supuesta envidia. En nombre de Guinea Ecuatorial, del sufrimiento de su Historia y su presente, es rabia, frustración y necesidad de liberación, lo que en la población remanece durante décadas.

Sin embargo, nos preguntamos, ¿qué es lo que rige las motivaciones de Teodoro Nguema Obiang, considerando su reconocido internacionalmente historial criminal? Es desde luego la codicia, pero sustentada en un entendimiento muy básico de su rol como individuo. El aquel llamado ‘Teodorín’, no puede regresar atrás. No puede rehacer -como tampoco puede hacerlo ningún miembro del Régimen- toda su trayectoria de saqueo al Estado y de ilimitada intransigencia ante las necesidades de la comunidad que debiese proteger. Lo único que puede hacer para defenderse a sí mismo, es demostrar orgullo por su forma de vida, de lujos y diversión. Porque sin ella, ‘Teodorín’, no tiene las herramientas para justificar a un nivel inconsciente, para sí mismo, su rol, una suerte de personaje que clama por un puesto de respeto.

El punto así ya no es sólo su robo al país -lo cual ya de por sí es muy grave -, si no que además la necesidad de autovalidación, de exhibirse y gritar en forma angustiada: ¡soy feliz con lo que hago, soy feliz con todo lo que he hecho, no me arrepiento de nada!, y como tal anuncio, por su debilidad e incongruencia social, jamás es escuchado, debe seguir haciéndolo en forma eterna, porque sabe que carece de algo vital, algo a lo cual ya no podrá acceder, que es el respeto de las personas, aquel respeto que surge hacia alguien de manera natural, cuando vemos que sus acciones poseen una consistencia que nos compele a seguir sus consejos sin ser amenazados por la fuerza de las armas y el poder financiero.

Es evidente que la vida de desenfrenos, derroches y lujos, no es propia únicamente de Teodoro Nguema Obiang, pero siendo éste el flanco más débil del Régimen, es también su malograda consciencia, su más fiel espejo, aquella verdad que no puede seguir siendo ocultada. De esta manera, cuando vemos a ‘Teodorín’ sonreír a una cámara, desplegar todo un muestrario de exuberancia, perfectamente planeado para aclamar finalmente con esto, ¡tengo miedo a desaparecer!, vemos así al descubierto las motivaciones de un Régimen de personas débiles de voluntad y carentes de una formación integral, quienes jamás tendrán los privilegios humanos connaturales a un auténtico líder, el cual es secundado por sus seguidores en un contexto de democracia y libertad de expresión, y posee siempre, una clase de sana complicidad con su pueblo, por estar construyendo en conjunto aquella comunidad -que desde el enfoque republicano del esfuerzo y un sólido trabajo proyectado hacia el futuro-, resulta en un bien para todos sus integrantes.

Y es que, por otra parte, a pesar de todo lo que se ha criticado a la Oposición de Guinea Ecuatorial en los aspectos de su organización interna, este articulista cree fuertemente en ella, en su posibilidad de reconstrucción y de crear nuevas generaciones, que aunque estén en desmedro frente al estrangulamiento económico ejercido por este Gobierno, posean la correcta estructura de prioridades sociales. Es esto, esta conexión con la ciudadanía, lo que separa a un país de un feudo vendido hacia el exterior. Este último tiene el fatídico destino de desaparecer, mientras que el primero, sabe, a pesar de todo el sufrimiento y dolor que enfrenta, quiénes son los auténticos líderes y a quiénes ya se les ha acabado su tiempo por no haber tenido la correspondiente lealtad con la patria. Nuestra patria.

Diario Rombe
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