Hoy igual que ayer, es un día nuevo en mí y en el mundo entero; aunque apenas pueda respirar, hablar o soñar. Hoy me pongo frente a ese gran público que acecha, intentando averiguar la verdad que todo un pueblo lleva tatuada en la frente. Y llevo un micro pegado a mi boca, mis manos esposadas y un guardia vestido de negro con una porra en la mano detrás de mí. Al frente un montón de cámaras, el mundo prefiere dudar a aceptar  las verdades que llevo en la frente, creer en el resplandor de un Lexus que en mis cicatrices tatuadas a porrazos sobre mi piel, confiar en las tenues imágenes de lo urbano a escuchar mis llantos, gozar del crudo y reírse de mi a ayudarme.

Hoy igual que ayer, he amanecido en un mundo paralelo al nuestro. Un agujero de gusano muy especial me ha llevado a una  ’’guinea-ecuato’’  muy diferente  en la cual aquel hombre bubi asesinado por una banda de militares le contaba a un nieto suyo las epopeyas de  Ebió y las lágrimas que en nuestra realidad aquella hija suya tuvo que derramar por su fallecimiento se han borrado inexorablemente de sus ojos. Caminé por un casco urbano más pulcro, con su cielo repitiendo apasionadamente la letra del himno nacional y su sol gritando  ’’libertad’’.

Sin cuerpos desocupados  vagando por las aceras o calaveras  vacías jugando a ser libres. Sin jóvenes desesperados que abandonan  los estudios para hacerse taxistas ni jovencitas  obligadas a acostarse  con sus profesores para poder aprobar un examen. 

Sin la ’’raza política’’ actual, una extraña estirpe de seres humanos venidos del reino del caos para dominar a sus supuestos compatriotas a base de mentiras, maltratos y amenazas. Sin violencia ni violaciones, sin voces apagadas.

Hoy igual que ayer  la nación sigue ilusionada con una paz que se está apagando, la extorsión por parte de los militares es cada vez más severa y con consecuencias nefastas. Los bandidos han pasado de amenazar a matar. El antiguo país en el que cualquiera podía pasear a la hora que le parecía y con la cantidad de dinero que quería ha pasado a ser uno en el que las mujeres que se dedican  a la compra-venta de alimentos (bayam) son violadas y atracadas, y cada vez  aparecen más casos de parejas agredidas en su propia casa…

¿Que será del mañana?, ¿tendremos, la voz joven de este país, que heredar una realidad tan cruda? ¿Seguir aferrados al silencio y a la indiferencia nos hará libres? O simplemente haremos en su día lo que una vez hicieron otros: buscar la supervivencia.

Autor: Juan Ricardo Esono Nzang estudiante de medicina

Un Comentario to: CARTA. Por Juan Ricardo Esono Nzang

  1. enero 11, 2014

    que diria yo,mi pais es muy rica en todo y con casi menos de un millon de habitantes los que viven no les importa la marcha del pais,y para algunos como yo los que sobrevimos,somos una amenaza para ellos,pero hay un dicho que dice asi no hay un imperio de dura para siempre,el 96% de la poblacion de ebibeyin esta en miseria ahora por el ciere de las fronteras como la voz de los sin voz no es nada en nuestro pais,espero que tomen en consideracion lo que estan haciendo soy un estudiante preuniverstario un ano me falta para entrarme en la universidad

    Responder

Dejar un comentario

  • (not be published)