Por: Sir Lucky Dube

CIUDADANO Y COMUNICADOR

En muchos análisis sociológicos y económicos es frecuente encontrar unos histogramas, generalmente de forma piramidal, que incluyen datos relativos a la edad y al número de habitantes de una determinada población, país o cualquier otra entidad geográfica. Por lo general, estos histogramas reciben el nombre de pirámides de población y sirven para analizar diferentes parámetros de una población: Mortalidad, natalidad, esperanza de vida, escolarización, población activa, etc.

De Obiang a Nguema

Si agrupamos a las personas en función de su edad y el sector social al que pertenecen, nuestra pirámide de población tendría tres niveles:

  • Primer nivel o Menores: Personas con edades comprendidas entre 0-16 años. Son recién nacidos y niños en primera fase de la etapa de educación y formación.
  • Segundo nivel o Población Activa: Personas con edades comprendidas entre los 16-70 años. Incluye a personas en los primeros años de la adolescencia, jóvenes en general y adultos en plena madurez física y mental. Desde una perspectiva económica, conforman la columna vertebral de un país, puesto que pagan la educación y formación de los menores; y también asumen los costos de la jubilación de  los mayores (Pensiones).
  • Tercer nivel o Jubilados: Personas de más de 70 años.

Desde la esperanza de un cambio de régimen en nuestro país, esperemos que no muy lejano en el tiempo, éste ensayo pretende, desde la más absoluta humildad, señalar la importancia que tienen o que tendrán las personas del segundo nivel, no tanto desde una óptica económica, sino desde el punto de vista de la necesidad de crear una sociedad basada en unos valores éticos y morales, que se traduzcan, a posteriori, en señales de identidad de nuestra cultura y nuestra forma de vida… en señales de identidad de nuestro ser, de nuestro estar y de nuestro hacer.

Quiero pensar que estamos en las postrimerías del régimen vigente en nuestra Guinea Ecuatorial. Me gusta pensar, también, que estamos  en la antesala de un periodo decisivo de nuestra historia. Periodo que, entiendo, deberemos afrontar con la mayor decisión y con el mayor sentido de la responsabilidad posible, conscientes de que, probablemente, estemos ante una de esas escasas  oportunidades que la historia brinda a los pueblos, para conquistar su libertad, la verdadera libertad… la Libertad Colectiva, tarea para la que, sin duda alguna, precisaremos del concurso de todos los guineo-ecuatorianos de buena fe.

Para afrontar el periodo antes mencionado, creo que es vital analizar casi con rigor científico el ‘status quo’  de nuestra sociedad actual, identificando las causas subyacentes y, en la medida de lo posible, aportando algunas ideas para ‘Una Guinea Mejor’.

ALGUNAS CAUSAS…

  1. Longevidad del régimen.

Como casi todos los países africanos, Guinea Ecuatorial nunca ha conocido la libertad. Doscientos años de colonización  y dos regímenes dictatoriales (Macías y Obiang) han hecho que, seguramente de forma inconsciente, aceptemos que no podemos, ni merecemos vivir como hombres libres. He llegado a pensar que algunos nos hemos auto-convencido de que la dictadura es la mejor forma de gobierno, le hemos dado categoría de normal, incluso, la justificamos. Lo peor es que esa forma de pensar se ha ido transfiriendo de padres a hijos durante generaciones. Olvidamos que, “ningún hombre es demasiado bueno para gobernar a otro sin su consentimiento“…como dijera Abraham Lincoln.

El régimen de Obiang lleva treinta y cinco años en vigor, tiempo suficiente para implantar ideas, procedimientos, comportamientos o patrones de  actuación; y para corromper ética y moralmente a más de una generación. Porque, si partimos de la base de que los pueblos tienen la moral de sus gobernantes, y que la corrupción, antes que política, económica o social, es previamente corrupción moral; entonces, con relativa facilidad, concluiremos en que los patrones de conducta que identifican, negativamente, a nuestra sociedad tienen que ver con la actual clase dirigente y con el hecho de que llevan más de tres decenios dirigiendo nuestro país.

En este sentido, el régimen de ‘Obi G’ ha conseguido crear, como sucede en toda dictadura, una sociedad en la que los ciudadanos sean enemigos de sí mismos; donde se ha propagado el miedo por chivatazos; una sociedad en la que las injurias y las calumnias son méritos necesarios y suficientes para optar a cargos en el gobierno y la administración pública; una sociedad que funciona por enchufismo y clientelismo político en todos los estamentos públicos y privados; donde la corrupción se ha convertido en un factor de gobierno, como lo prueba el hecho de que los medios informativos están absolutamente monopolizados por el  gobierno, lo que implica un retroceso de nuestro país, hacia una sociedad feudal y, casi, esclavista; una sociedad donde los derechos más elementales de las personas son pisoteados casi por decreto y con total impunidad; una sociedad que premia la mediocridad y la falta de aptitudes frente a la inteligencia y el conocimiento; donde cualquier pensamiento en favor de los derechos humanos está en contra de la ideología ‘PDGEista’,  si se me permite la expresión.

En ésta fase de descripción, en sentido negativo, de nuestra sociedad, quiero hacer especial mención a lo que, personalmente, considero que es uno de los rasgos más peligrosos de ese ‘decálogo’ de actuaciones al que llamamos ‘Guineología’: La calumnia.

La calumnia, que tiene su origen en la envidia, es la falsa imputación (a otra persona) de una acción punible o susceptible de ser punible. Casi siempre, se produce por temor a la libertad y a la libre competencia del calumniado. Pero lo que convierte a la calumnia en algo muy peligroso para un país como Guinea Ecuatorial, es que aparta del gobierno y de la administración pública a las personas, posiblemente, más competentes para dirigir y gestionar la ‘res pública’; privando al pueblo del servicio de los ciudadanos mejor capacitados o preparados para obtener soluciones. Desgraciadamente, la calumnia no sólo la practican nuestros connacionales residentes en el país, sino también los guineanos que están dispersos por el mundo; en España, por ejemplo, incluso se registra entre representantes políticos aparentemente contrarios al régimen de Obiang… a los que invito a ‘predicar con el ejemplo’.

  1. Crisis económica.

[QUISIERA ACLARAR QUE MIS CONOCIMIENTOS DE ECONOMÍA SON MÍNIMOS, POR NO DECIR NULOS. PERO HE TRATADO DE DOCUMENTARME UN POCO. ASÍ QUE PRESENTO MIS DISCULPAS, POR ANTICIPADO, POR SI EL POTENCIAL LECTOR DE ESTE ENSAYO PERCIBE UNA FALTA DE RIGOR TÉCNICO EN MIS OPINIONES]… DICHO ESTO, VOLVAMOS AL ENSAYO:

En ocasiones, crecimiento económico suele confundirse con desarrollo económico. Y cuando el mensaje viene de algún gobierno, la confusión suele ser más bien intencionada.

El crecimiento económico, es la capacidad de un país de generar riqueza a gran escala y de forma eficiente. Se refiere al aumento del valor de los bienes y servicios de una economía, en un determinado periodo, generalmente de un año. Su principal indicador es el PIB o Producto Interno Bruto, que es la riqueza acumulada por un país, durante un año, expresada en valor monetario, o sea, en dinero. De forma que, el incremento del PIB suele implicar crecimiento en la economía.

Por su parte, el desarrollo económico, hace referencia al impacto que tiene la riqueza producida por un país, sobre los habitantes del mismo. Es decir, en qué medida la riqueza que genera un país (bienes/servicios, crecimiento o incremento del PIB) afecta, positivamente, a la calidad de vida de los pobladores de ese país. Su principal indicador es el IDH o Índice de Desarrollo Humano, compuesto básicamente por tres parámetros: Salud (esperanza de vida y vida saludable); Educación (alfabetización en adultos y escolarización primaria, secundaria y superior); Riqueza (renta per cápita, o sea, PIB divido entre número de habitantes).

En resumen, el crecimiento económico nos dice cuánta riqueza tiene un país; y el desarrollo económico nos habla de cómo está distribuida la riqueza, como afecta a los componentes de la sociedad, a su esperanza de vida, a su sanidad, a su educación, a sus posibilidades de acceder a empleo, a sus salarios mínimos… a derechos tan elementales como la vida, la libertad o la búsqueda de la felicidad.

Gracias a la explotación de sus recursos naturales, fundamentalmente el Petróleo (y la madera en menor medida), Guinea Ecuatorial, ha experimentado un progresivo crecimiento económico durante los últimos veinte años, aproximadamente, si asumimos como cierto que la explotación del petróleo en nuestro país comenzó a mediados de ‘los años 90’. Tal ha sido este crecimiento, que en el primer cuatrimestre del 2011, el Senado de los Estados Unidos editó un informe, en el que afirmaba que la mayor petrolera del mundo, ExxonMobil, paga al gobierno de Guinea Ecuatorial una enorme cantidad de dinero, en concepto de la explotación del petróleo. Según este informe, si el gobierno repartiera equitativamente entre sus ciudadanos, el dinero que recibe de ExxonMobil, cada ciudadano de Guinea Ecuatorial podría vivir con una cantidad anual de 35.000 dólares ($), renta superior, por ejemplo, que la española, que en 2011 era de 29.000$. Sin embargo, los guineanos viven con poco más de 500$ al año, según Naciones Unidas. Lo cual, significa que alguien se queda con los 34.500$ restantes.

¿Quién se los queda? Según el informe del Senado norteamericano, el presidente Obiang, y con él, su familia, amigos, ministros, etc. Y para confirmar que ‘ningún ladrón guarda el dinero en casa’, la mayoría de estos delincuentes han constituido sociedades pantalla para disimular su nombre, y guardar el dinero, entre otros lugares, en Madrid, en el Banco de Santander. Así es como son las cosas, y así es como hay que contarlas.

En otro informe de mayo de 2014, en este caso, sobre las perspectivas económicas en África, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Africano de Desarrollo (BAD) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostienen que Guinea Ecuatorial mantuvo un alto Producto Interior Bruto, durante el año 2013, cifrado en 29.940 dólares. Aunque también destacan que seremos la única economía del continente que sufrirá una caída en el PIB en el periodo 2014-2015.

A riesgo de parecer repetitivo, y sin el menor ánimo de cansar o aburrir al lector con tanto número y tecnicismo económico. Aporto todos esos datos con la única intención de evidenciar que, sin duda alguna, nuestro país ha experimentado, en los últimos años, un gran crecimiento económico, llegando a superar, en la renta per cápita, a países como España o Francia en  2010 (Según el Banco Mundial, que nos colocaba en el puesto 22 del ranking mundial). Pero toda ésta riqueza y todo este crecimiento no han llegado a traducirse, en ningún momento, en desarrollo económico; la riqueza NO ha servido para: mejorar de calidad de vida de los guineanos; alcanzar niveles aceptables de sanidad; obtener calidad en la enseñanza; asegurar pensiones para nuestros mayores; la creación empleo sostenible; promocionar sectores  como agricultura, ganadería o pesca, lo que ayudaría a abaratar costes y potenciar el consumo interno de nuestros productos. El crecimiento económico no ha favorecido el acceso a un régimen de libertades, ni para terminar con el mal denominado ensayo democrático (que como dice un Tío mío “Después de tanto tiempo ensayando, algunos ya sabemos bailar”); tampoco ha servido, este crecimiento, para hacer políticas en favor de los derechos humanos, ni ningún tipo de mejora en política social.

Por el contrario, el país ha sufrido un incremento progresivo de la inflación, con la consiguiente subida de precios, sobretodo en alimentos y medicinas. A día de hoy, tratarse clínicamente en centros médicos como La Paz (propiedad del ‘Clan Obiang’) es algo que está fuera de alcance de muchos guineoecuatorianos, debido al elevado precio de los tratamientos y medicamentos. Los ancianos de Mongomo, distrito natal de Obiang, son los únicos del país que se benefician de unas  pensiones de jubilación… aunque no hayan ‘pegado un palo al agua’ en su vida, marginando a los mayores del resto de distritos del país. El crecimiento económico ha aumentado la inequidad o diferencia entre los que más tienen (menos del 20% de la población) y los que menos tienen (aproximadamente, tres cuartas partes de la población). Los servicios públicos más básicos siguen sin estar cubiertos, ni siquiera ciudades como Malabo y Bata, las más importantes del país, disfrutan con suficiencia del abastecimiento de agua potable o electricidad… Y algo que llama poderosamente la atención, es el incremento progresivo de los índices de delincuencia, criminalidad y muertes clandestinas que experimenta Guinea Ecuatorial en la actualidad.

Seguimos estando entre los países más pobres, según el ranking de IDH, en el que Naciones Unidas nos coloca en la posición 136 de un total de 187 países. En el ranking por Índice de Percepción de la Corrupción en el Sector Público estamos en el puesto 162 de los 175 países publicados (los países con menor percepción de corrupción ocupan los primeros puestos).

Creo que por éstas, y por muchas otras razones, la crisis económica que golpea a la mayoría de la población, es claramente, una de las causas subyacentes de la situación actual de nuestra sociedad… a pesar del crecimiento económico.

  1. Crisis de Valores.

Desgraciadamente, no soy un gran conocedor de buena parte nuestras tradiciones, ni de los valores y las costumbres que marcaban la vida de nuestros antepasados. Pero creo que el principal problema de nuestra sociedad, se llama Educación. Nuestro país tiene un serio problema de educación en todos los niveles, pero sobretodo, en la educación de base, la del entorno más cercano, la de la familia… la de casa.

Empiezo hablando de los valores y costumbres de nuestros padres o abuelos porque creo que una buena forma de abordar el tema, es hablar de la educación de hoy, respecto de la de ayer. Personalmente, creo y afirmo que antes –y de aquello no hace tanto tiempo– se educaba mucho mejor que ahora; y a riesgo de parecer poco modesto, me gusta pensar y decir que a mí, aún me llegó algo de la educación de antes, aunque por edad y sólo por edad, pertenezco a la de ahora.

Vaya por delante, que no pienso que la educación de nuestros antecesores fuera perfecta, ni muchísimo menos, pero entiendo que la evolución normal de una sociedad es, o debería ser, ir mejorando de forma positiva. Es decir, por un lado eliminar todo lo que se considere negativo y sustituirlo por costumbres y valores positivos –ya sean éstos de cosecha propia o importada de otras sociedades, países o culturas–. Por otro lado, es clave mantener los valores y las costumbres consideradas como positivas, y afianzarlos, en la medida de lo posible. Y como, en mi opinión, ni hemos importado lo mejor de fuera, ni hemos mantenido lo mejor que había dentro, pues estamos peor que antes, por lo menos, en lo que a Educación se refiere.

Antes, la educación estaba basada en valores como la cultura del trabajo; el respeto y el compromiso con la familia; la búsqueda del bien común; la lealtad y la fidelidad a unos principios; el sacrificio personal; el esfuerzo; la responsabilidad; la prudencia; etc. Hoy en día, se ha instalado la cultura del ‘todo vale’… los hogares desestructurados van en aumento; padres de familia que no tienen un proyecto para sus hijos; padres que no asumen la responsabilidad de la educación de sus hijos, muchas veces ni asumen su manutención; familias que incitan a sus hijas a casarse con quien sea, sólo por mejorar económicamente; ahora se respeta a las personas según tengan más o menos dinero, incluso a nivel familiar; en un país donde todo el mundo es del PDGE, los hijos heredan hasta las miserias políticas e ideológicas de sus padres; se conocen casos donde familiares directos dejan de hablarse unos con otros, debido a que unos están a favor del régimen y otros en contra; los curas están al servicio de un régimen tan moralmente corrompido, a sabiendas de que La Iglesia es de las instituciones que más influye en la moral de la gente, si no la que más; la juventud esconde sus fracasos en el consumo abusivo de alcohol y la promiscuidad sexual casi ha alcanzado rango de normalidad; vale traicionar, vale mentir, vale calumniar para escalar posiciones. 

No conviene obviar la influencia que ha tenido en todo esto el régimen actual, implantando un sistema que ha aniquilado todos los valores morales de un pueblo que tiene miedo, que está acobardado, asustado, empobrecido y atemorizado por todo lo que es político. Todo el valor que pudo haber en algún momento, ha ido desapareciendo con el paso del tiempo, y a medida que el régimen de Obiang ha ido afianzando su poder. Así las cosas, lo que fuera una crisis de valores (en plural), se convierte en una crisis de valor (en singular), a la hora de defender los principios en los que íntimamente se creen. Y la consecuencia directa es el debilitamiento moral de nuestra sociedad… Como bien dijo Lucky Dube ‘Somebody told me, Education is the Key’.

  1. Falta de referentes.

Dado que la pérdida de nuestras tradiciones es, desgraciadamente, un hecho innegable, y habida cuenta de que no podemos encontrar en ellas –en las tradiciones– un lugar desde donde proyectar nuestro futuro; otro de los grandes problemas de Guinea Ecuatorial, también ligado a la Educación, es la falta de referentes sociales e ideológicos. Personas que sirvan de ejemplo o que inspiren, sobretodo, a la juventud. Lo cual no implica, en modo alguno, que esa juventud renuncie al desarrollo de pensamientos e ideologías propias. Ésta tarea, generalmente, suele estar reservada a los intelectuales de una sociedad, entendiendo por intelectual, cualquiera que haga reflexiones críticas sobre la realidad (política, social, económica, cultural, histórica, científica, etc.) y que comunica sus ideas con la intención de influir en la opinión pública.

Hoy, en Guinea, no hay pensamiento político ninguno, no hay corrientes ideológicas con las que identificarse, ni mucho menos personas que asuman el rol de infundir ideales y valores positivos en los jóvenes y a la sociedad en general, desde una ideología propia. Así las cosas, hoy tenemos una sociedad en la que conceptos como la justicia, la razón o la responsabilidad; que son esenciales para encarar la problemática de los valores y de la identidad, han perdido sentido. Y todo eso consecuencia de vivir en un período sin referentes para la acción moral.

En la Guinea Ecuatorial actual, los chavales quieren ser como Nguema Obiang, ‘Tontorín’ para los amigos. Quieren llevar el pelo como él; despilfarrar dinero público en ropa cara y coches caros; perder el tiempo consumiendo alcohol y drogas; fornicar con mujeres casadas, solteras, menores de edad o con quien se tercie; trabajar lo menos posible y hacer de la holgazanería y la ociosidad una forma de vida. Otro ejemplo a seguir es el Sr. Nsue Mokuy, este personaje, de nombre Alfonso, fue considerado en algún momento, por parte del ‘populacho’ como una de las referencias de la oposición guineana al régimen de Obiang; es claro, que esa consideración nunca fue fruto de la solidez argumental de su discurso, ni de lo que mostrara (o no mostrara) a través de sus acciones, claro que no. Nsue Mokuy llegó a tener tal estima gracias a la popularidad que adquirió merced a un programa de televisión, de cuyo nombre no quisiera acordarme, y del que él era presentador. El personaje en cuestión, aprovechó esa ola de popularidad y fundó un partido político (CLD), dio la imagen de opositor y luego traicionó sus teóricos ideales vendiéndose por ‘cuatro duros’, sin tener la menor consideración por la gente que había sido vejada, encarcelada, torturada o asesinada por luchar y defender la causa que él parecía liderar; de lo cual no le hago responsable, pero sí cómplice, porque la connivencia con el mal, también es maldad.                    

Otro gran referente de nuestra sociedad es el Sr. Lucas Nguema Esono, hombre ‘instruido’ donde los haya, quien en un discurso pronunciado en un acto del MAO, reconoce que ser sobrino de un fallecido condiscípulo de Obiang, es todo el mérito que necesitó para convertirse en uno de los más ilustres representantes del régimen. Éste señor, por llamarle de alguna manera, ostenta, entre otros, el cargo de Ministro de Educación, o sea, que es responsable, en última instancia, del nivel de la enseñanza en Guinea Ecuatorial en la actualidad… y así nos va.

AQUÍ OS DEJO EL ENLACE PARA VER UN EXTRACTO DEL DISCURSO:

En conclusión, tenemos como predecesores a una generación  de déspotas, caciques, opresores, criminales y corruptos, por un lado; y de vendidos, delatores, cobardes y traidores, por otro. Parece claro, que con gentuza como ésta, muy lejos no podemos llegar como sociedad.

ALGUNAS IDEAS…

  1. Ruptura, NO Reforma.

Para que un régimen se considere democrático, tienen que producirse, irreductiblemente, dos requisitos: El primero es la representatividad, es decir, que la elección de los gobernantes por un lado, y de los representantes del pueblo por otro, se haga de la forma más representativa posible; preferiblemente en elecciones separadas –las legislativas de las presidenciales– y por sistema mayoritario uninominal, pero, eso último, ya es una opinión personal. El segundo requisito es el de la separación de poderes. Y es en este segundo requisito, o mejor dicho, en la falta del mismo, donde  está la clave de los regímenes autoritarios.

La esencia de toda dictadura está en tener un poder que no tenga control. Y eso lo consiguen, poder militar aparte, uniendo el gobierno, las cortes y los órganos judiciales; es decir, que en vez de tener tres poderes separados (legislativo, ejecutivo y judicial), lo que se tiene son tres funciones del mismo del poder (ejecutiva, legislativa y judicial), de modo que quien hace las leyes, las ejecuta y además vigila su cumplimiento. Es evidente que eso no es Democracia.

Soy de la opinión de que a la Democracia no se llega a través de reformas, sino mediante la ruptura con el régimen establecido. Con la reforma, el poder que antes fuera de uno, queda repartido entre unos cuantos; entre los cuales siempre hay una representación del régimen con el que se pretende acabar. Se crea una situación de enquistamiento del poder que, a largo plazo, puede devenir en una Oligarquía, lo cual, significaría que el poder, lejos de residir en la soberanía popular, estaría en manos de unos pocos oligarcas.                                                         La ruptura, por el contrario, al desvincularse totalmente del régimen anterior, requiere de un proceso que comienza con un periodo de libertad constituyente, y termina con unas elecciones libres. El espíritu revolucionario e innovador que es intrínseco en la ruptura sería, si se hacen las cosas con buena fe, el principal garante de la libertad y soberanía del pueblo.

En este sentido, creo que NO se puede, y NO se debe contemplar nunca la posibilidad de un pacto con el régimen vigente en Guinea, ni con cualquier formación política que haya pactado, en algún momento con Obiang. Sería indigno y tremendamente desastroso que el pueblo de Guinea Ecuatorial, tuviera que aprender conceptos como Libertad, Democracia, Justicia o Igualdad por boca de las mismas personas han pasado treinta y cinco años oprimiendo a ese pueblo. Personajes como Nsue Mokuy, Mangue Obama Nfubea, Obama Asue, Nze Nsuga, Nze Nfumu, Oko Ebobo (por citar a la gente del gobierno de Obiang con mayor nivel cultural); no pueden convertirse, de la noche a la mañana, en representantes de la democracia y la libertad. Si a estos señores les quedara algo de vergüenza, deberían: retirarse de la vida pública, pedir perdón al pueblo y saldar su deuda con la justicia; respetándoles, eso sí, los derechos inalienables que todo ser humano debe tener garantizados.

Mi planteamiento puede parecer poco conciliador y alejado del consenso; pero me tengo por una persona pacífica y conciliadora. Creo en una reconciliación nacional y en una Guinea que mire hacia el futuro sin cuentas que ajustar con el pasado. Pero creo, sobretodo, en la libertad, o por lo menos, aspiro a ella. Se puede consensuar o pactar sobre cuestiones relativamente menores; pero en cuestiones esenciales no. La Libertad es un derecho inherente en el hombre, que nos viene dado por naturaleza; y la Democracia es una forma de gobierno basado en la voluntad de la mayoría frente al de la minoría. Y eso, NO SE PACTA.

  1. La Población Activa.

El jurista alemán Georg Gellinek en su obra Teoría General del Estado y el abogado español Antonio García Trevijano, en sus obras Frente a la Gran Mentira y Teoría Pura de la República, afirman –de un modo más preciso el segundo que el primero– que en toda sociedad plural existen tres tendencias, en lo que respecta a la aceptación o el apoyo, por parte del pueblo, de las formas de  estado y de gobierno de la sociedad en cuestión.

Según Trevijano, un tercio «activo» de la población es siempre Conservador, apoya al régimen vigente con independencia de su naturaleza (autoritaria, liberal o demócrata), y está representado por el gobierno y los partidos que aspiran a gobernar sin cambiar las reglas de juego; son la clase política instituida, que quiere conservar lo que tiene, por lo tanto, de ellos no puede esperarse cambio ninguno en su ‘modus operandi’. En Guinea, los conservadores serían Obiang, su gobierno, su partido y los partidos que han ‘pasado por el aro’ como  CLD, UP, APGE, y, en mi opinión, el CPDS también, aunque hay quien prefiere verlo como el único partido que hace la guerra desde dentro. El segundo tercio es «pasivo» y se denomina Acomodaticio, pues se acomoda a lo que haya, es un tercio basculante o vacilante por que suele ser arrastrado por uno de los otros dos tercios, por tanto, define las formas de estado y de gobierno, al aportar una aceptación mayoritaria al tercio que le arrastra. En nuestro país, los acomodaticios serían la parte de la población que está resignada; que acepta con sumisión e indiferencia la situación actual de las cosas. No espera cambios de ningún tipo, ni actúa para que se produzcan. El último tercio es «reactivo» y puede ser tres cosas: nostálgico o reaccionario, si quiere volver atrás, a algo que ya tuvieron; revolucionario utópico, si sitúa en un futuro incierto la utopía de alcanzar sus objetivos, sin acciones sólidas que hagan real la posibilidad de alcanzarlos. Y cuando ese último tercio no es ni reaccionario, ni utópico, es Revolucionario, también denominado como ‘tercio laocrático’; este tercio desprecia al régimen vigente y, si puede, lo combate. Su objetivo es llegar a la Democracia por el través de la Libertad… de la libertad colectiva.

 En Guinea, no hay reaccionarios, porque casi nadie piensa en volver a lo de Macías. Utópicos tampoco hay muchos, al ser mayoría los acomodaticios. Los revolucionarios, por su parte, son todos los que se oponen al régimen con convicción, y actúan, cada uno desde sus posibilidades, para derrocar al régimen de Obiang, para después implantar un régimen de libertades.

Al principio de este ensayo, dije que pretendía señalar la importancia de la gente en edad de población activa, con edades comprendidas entre los 16 – 70 años, a la hora de afrontar los retos que nos aguardan. Ahondando en ésta idea, invito a todos los ecuatoguineanos de buena fe, a actuar como revolucionarios de nuestra libertad; les invito a ser conscientes de que transformar nuestra sociedad es responsabilidad nuestra; a luchar por conquistar la libertad en Guinea, porque se lo debemos a los que perecieron y perdieron la vida por ésta causa; les invito a hacer causa común y trabajar para legar a generaciones venideras una Democracia real; a infundir y difundir ideas de cambio; a hacer de la Educación el principal arma para cambiar nuestra sociedad; a perder el miedo al conocimiento y a tener una visión crítica de las cosas; a hacer por nuestros hijos lo que nuestros padres no pudieron, o no supieron hacer por nosotros; les invito a vivir como hombres libres; les invito a ser parte de ese ‘tercio laocrático’ que pretende cambiar las cosas…“No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles, precisamente, porque no nos atrevemos a hacerlas” de Lucio Anneo Séneca.

  1. Familia.

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la familia es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, hasta aquí bien… pero luego dice, –la Declaración Universal– que la familia tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado, lo cual, ya se ajusta menos a la realidad, por lo menos en Guinea Ecuatorial. Lo que es innegable es que la  familia es un pilar básico en toda sociedad, y constituye la forma social más primaria, que ha existido en todos los pueblos, en todos periodos de los que se tiene testimonio o constancia.

Es claro, que no elegimos la familia en la que nacemos, igual de claro es, que la familia, al ser nuestro primer entorno, condiciona lo que somos para bien, o para mal. En ella –en la familia–, encontraremos nuestra primera referencia moral y ética; de ella extraemos los valores y los principios que conforman nuestro carácter. Y en todo este proceso, es clave que los padres o tutores asuman ante sus hijos el rol de educadores. No basta con traerlos al mundo; no basta con alimentarlos; ni siquiera con mandarlos a clase… Hay que ocuparse y preocupase de su formación integral: inculcando valores y principios; creando vínculos emocionales en favor de  la confianza y la interacción entre padres e hijos; atendiendo a los estados emocionales que atraviesan los hijos durante las diferentes etapas de su proceso de crecimiento y maduración; y lo que es más importante, teniendo la voluntad, o cuando menos, la intención de dejar a los hijos un legado de honestidad, lealtad, entrega y compromiso incondicional con la familia, que por extensión será también con la sociedad.

En un país donde todo el entorno te obliga, de forma consciente o inconsciente, a divinizar a un dictador; donde, incluso desde la familia, ya se incita a los hijos ser sumisos y serviciales con el régimen; en un país donde La Iglesia hace apología de un régimen opresor, santificando a Obiang; donde las escuelas y centros educativos no adoctrinan en la búsqueda de la verdad y el conocimiento; en una sociedad donde la corrupción está institucionalizada; en un país donde radio, televisión y prensa (si la hay) se dedican, sistemáticamente, a glorificar al Presidente y a sus colaboradores; en un país donde todo es Obiang, donde todo es PDGE, donde todo es Antorcha; en un país donde el mensaje es tan unidireccional como dañino y nocivo… Es el derecho, el deber, incluso la obligación de los padres de familia, actuar para producir el efecto contrario; desinformando de lo que los medios informan, deseducando de lo que el resto de la entorno educa. Es responsabilidad de los padres de familia, cambiar la sociedad desde su pilar más básico, porque la forma en la que sus hijos salgan de casa, marcará, positiva o negativamente, su inclusión en la sociedad… Muchas cosas cambian en la vida, pero un hombre comienza y acaba en la familia” de Anthony Brandt.

Epílogo.

Una vez, el escritor catalán Jaume Perich dijo: “Unos patriotas aman a su país, otros aman al gobierno de su país. Los gobiernos, lógicamente, consideran más patriotas a estos últimos”. No soy nacionalista, eso es seguro. Pero me gusta pensar que soy un patriota, porque amo a mi país, aunque desprecio a su Gobierno… y como yo, sé que hay cientos.

Yo creo en Guinea, creo su gente. Por eso no estoy dispuesto a renunciar al potencial humano que tiene este país. Creo y tengo la esperanza de que no caeremos sin pelear;  en que llegará el día en que nos levantaremos como pueblo y lucharemos juntos, por cada derecho que nos quitaron, por cada oportunidad que NO nos dieron, por cada vida que se llevaron… Yo creo, porque necesito creer.

Los que nos oprimen, los que nos destruyen, los que nos dejan sin futuro creen en eternizar su régimen, porque NO creen en la posibilidad de un cambio. Pero el pueblo, los de abajo, los que no contamos para nada… nosotros tenemos que creer, por la gente que perdió la vida defendiendo la libertad o la justicia, tenemos que creer  por ellos y por sus familias; por la gente que vive durante tanto tiempo en un exilio involuntario, sin poder enterrar a sus padres o a sus hermanos, que no pueden ver crecer a su descendencia, que no pueden pisar la tierra que les vio nacer, sólo porque piensan diferente… tenemos que creer por ellos; hay que creer por tantos guineanos que, sin ser exiliados políticos, viven fuera de su país porque dentro no tienen la posibilidad de prosperar; tenernos que creer por esas madres solteras en Guinea, que sacan adelante a sus hijos y se dejan la vida trabajando en ropa usada, en limpieza de hogares y hoteles, vendiendo comida en mercadillos o en lo que haga falta; necesitamos creer por esa juventud con un potencial que desplegar, con unas capacidades que desarrollar, por tantos jóvenes con ganas de asumir responsabilidades, con ganas de ser protagonistas en el desarrollo de su país; hay que creer por esos maestros que a pesar de la falta de material, o a pesar del material obsoleto, a pesar de no tener todo el apoyo que necesitan, siguen dando la cara y educando a nuestros niños, porque saben que basta con un día, un detalle, un momento o un instante, para marcar la diferencia en la vida de un niño; tenemos que creer por los niños en las ciudades, en los ghettos o en las zonas rurales del país, que sueñan con llegar a ser profesores, médicos, abogados, ingenieros o arquitectos, incluso presidentes… tenemos que creer por ellos, por los chavales que son huérfanos de padres o huérfanos de un estado que proteja sus sueños, porque nos guste o no, en sus sueños está la esperanza de un futuro mejor para Guinea Ecuatorial; tenemos que creer por nuestros mayores, que se han pasado la vida educando, formando y haciendo de nosotros lo que somos hoy, y que mientras les quede un aliento de vida podemos seguir aprendiendo de ellos y de su experiencia, porque está claro que la experiencia es un grado; tenemos que creer por la libertad, por la democracia, por la justicia, por la igualdad; tenemos que creer, porque necesitamos creer.

Yo, personalmente, creo en Guinea Ecuatorial, en sus hombres, en sus mujeres, en sus niños, en sus jóvenes, en  sus mayores, en sus familias… YO CREO.

FUENTES CONSULTADAS:

  • Conferencia de Arcadi  OLIVERES (Catedrático de Economía de la UAB)  Sobre el origen de las migraciones modernas.
  • Teoría General del Estado (Georg Gellinek)
  • Teoría Pura de la República y  Frente a la gran mentira (Antonio García Trevijano)
  • Publicaciones de Naciones Unidas y Banco Mundial.

Diario Rombe
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