¿Son sinceras las muestras de apoyo de Gabriel Mbega Obiang Lima a Teodoro Nguema Obiang Mangue?

¿Son sinceras las muestras de apoyo de Gabriel Mbega Obiang Lima a Teodoro Nguema Obiang Mangue?

Las relaciones entre Teodoro Nguema Obiang Mangue y Gabriel Mbega Obiang Lima son parecidas a las que siempre se han dado entre potencias con armamento nuclear e intereses estratégicos opuestos. Conscientes de su enorme poder destructor y, por consiguiente, de que un enfrentamiento armado directo entre sí sería para el supuesto vencedor una victoria pírrica, ninguna potencia nuclear se atreve a lanzar un ataque armado directo contra su rival. Sus enfrentamientos suelen producirse en otros ámbitos, como el ideológico, el de la carrera armamentística, el económico o el geoestratégico; muchas veces, con fines disuasorios, sin intenciones reales de atacarse mutuamente por puro pragmatismo. Cuando las tensiones son tan elevadas en un momento dado como consecuencia de un conflicto grave de intereses entre ellas, las potencias nucleares opuestas suelen verse forzadas a dialogar y pactar de algún modo, para luego exhibirlo ante la comunidad internacional como síntoma de entendimiento y normalidad.

Aunque es verdad que de esta forma se consigue evitar males aún mayores para la Humanidad –y ello merece nuestro debido reconocimiento–, en realidad, esas potencias no se quieren para nada la una a la otra, pero tampoco pueden atacarse directamente porque ello sería un intento de suicidio, por la simple razón de que en una guerra nuclear no puede haber vencedores sino vencidos. Para hacernos una idea de lo que decimos, basta con obervar los últimos rifirrafes entre Estados Unidos (y sus satélites en política internacional de Europa) y Rusia con relación a los conflictos ucraniano y sirio, o, yendo un poco más atrás, la estrategia de la disuasión predominante durante la Guerra Fría posbélica.

Pues bien, situación similar es la que parece existir entre Teodorín y Gabriel, ambos, según distinas opiniones, situados en la primera línea de sucesión en la Presidencia de la República, y con mucho poder institucional y fáctico, además de liderar, respectivamente, los dos únicos movimientos juveniles del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE): la Asociación Hijos de Obiang (ASHO) y la Antorcha, aunque Teodorín es coronado como presidente honorífico de todos ellos, a parte de ser también vicepresidente del Partido.

En nuestra opinión, el candidato del ‘establishment’ –“grupo de personas que ejerce el poder en un país, en una organización o en un ámbito determinado” (DRAE)–, es Teodorín. Es a quien el Presidente de la República ha venido considerando y preparando como el sucesor natural. Así lo demostró una vez más con su nombramiento para un cargo no previsto en la Constitución, el Segundo Vicepresidente de la República. En segundo lugar, Teodorín tiene la ventaja de representar con bastantes garantías la continuidad del Régimen; la seguridad del disfrute de los bienes acumulados lícita o ilícitamente por sus miembros, o la vigencia de la impunidad de los poderes fácticos.

No obstante, los serios problemas judiciales a los que se enfrenta en las dos grandes potencias clave para el Régimen –Estados Unidos y Francia– le están alejando progresivamente de la línea de sucesión, hecho agravado por su propensión al despilfarro de dinero público y a las juergas. Su imagen como Jefe de Estado es lo que menos puede desear un país, incluso si no tuviera que hacer frente a condenas más duras en los procesos judiciales pendientes.Gabriel Mbega

Con respecto a Gabriel, hemos de señalar que no vemos en él aspiraciones de gobernar, ni tampoco un buen gestor del linterés público, habida cuenta de que como ministro de Minas, Industria y Energía, no ha hecho lo suficiente para que en Guinea Ecuatorial no siga faltando combustible, gas ni electricidad durante varias semanas. Aun así, no es ilógico que las serias dudas en torno a la idoneidad del candidato del ‘establishment’ le coloquen como alternativa, incluso, que él mismo se anime en esta dirección.

En cuanto a sus posibilidades como presunto sucesor, conviene dejar patente que todos los factores favorables a Teodorín en esta cuestión juegan en contra de Gabriel, y los positivos de este, en contra del primero. El núcleo más reducido del Régimen –familia presidencial, barones del PDGE y Fuerzas Armadas– vería un riesgo enorme en que Gabriel fuera Presidente de la República, al no garantizar la continuidad en el sentido arriba indicado. Es más, el carácter moderado y aparentemente tolerante de la personalidad de Gabriel podría dar lugar en cualquier momento a una auténtica apertura democrática en Guinea Ecuatorial si es finalmente designado Presidente, o a grandes enfrentamientos en el seno del mismo Régimen, lo que constituiría una severa amenaza para el Poder. En cambio, a nivel internacional, Gabriel es percibido como alguien relativamente limpio y capacidado.

Estando así las cosas, el Régimen está dispuesto a realizar todo el esfuerzo posible; a esperar todo el tiempo necesario para mantener a su candidato, Teodorín, en una posición preferencial en la sucesión, evitando opiniones y comportamientos discrepantes entre sus filas. Claro, Gabriel puede ser para muchos otro candidato, hasta él mismo, considerarse como tal, como se ha señalado antes. No obstante, él es, ante todo, miembro del Régimen. Por lo que cabe la posibilidad de que la llamativa escenificación de sus apoyos a Teodorín desde el Tercer Congreso del PDGE, se incriba únicamente en la obediencia al guión trazado por el Régimen en los términos referidos, con independencia de que dichos apoyos sean sinceros o no.

Es decir, al igual que las potencias nucleares con intereses opuestos no se atreven a llevar a cabo ataques armados directos entre sí, y suelen dialogar por puro realismo ante situaciones especialmente tensas, o fingir entendimiento ante la opinión pública, Teodorín y Gabriel, supuetos candidatos a la sucesión con superpoderes dentro del Régimen, estarían haciendo lo mismo con este tipo gestos.

Conclusión: no tenemos claro el grado de sinceridad de las muestras de apoyo del segundo al primero, por más que sea tan cálida su escenificación.

*Una victoria pírrica es aquella obtenida con más daño del vencedor que del vencido; o sea, que no sirve para nada.

El Observador