Teodoro Obiang reclama en un Juzgado de Valencia el dinero que su hijo derrocha en Beverly Hills

Teodoro Obiang reclama en un Juzgado de Valencia el dinero que su hijo derrocha en Beverly Hills

Mientras la Audiencia Nacional de España estrecha el cerco sobre la cúpula de Malabo por secuestro y tortura, el dictador Teodoro Obiang Nguema pretende «limpiar su imagen» asfixiando judicialmente a la oposición en el exilio. La última infamia: una demanda de un millón de euros contra un opositor por recordar las sombras de canibalismo y brujería que la prensa internacional lleva décadas documentando.

El cinismo del régimen de Malabo no conoce fronteras, pero parece haber encontrado un aliado en el sistema judicial español. En un giro de guión que roza el surrealismo, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, el dictador que ostenta el triste récord de ser el mandatario no monárquico con más tiempo en el poder, se siente «ofendido».

Resulta una ironía sangrienta que, mientras la Audiencia Nacional investiga a sus altos cargos —incluido su hijo Carmelo Ovono Obiang— por el secuestro y las torturas de ciudadanos con nacionalidad española, el dictador tenga la audacia de presentarse ante los tribunales de Madrid como una víctima. A través de su abogado, el exmagistrado Javier Gómez Bermúdez, Obiang pretende que un opositor guineano le indemnice con un millón de euros por supuestas calumnias.

El «Honor» blindado con oro y sangre

La demanda se centra en las declaraciones del dirigente político y Primer Ministro de la República de Annobón, Orlando Cartagena Lagar, quien acusó al dictador de practicar la brujería y el canibalismo. Para la defensa de Obiang, estas son «falacias» que lesionan su dignidad en una nación de «profundas raíces católicas».

Sin embargo, el equipo jurídico del dictador parece sufrir de amnesia selectiva. Lo que hoy califican de «calumnia» en España es, en realidad, una narrativa recogida durante décadas por los medios más prestigiosos del mundo. ¿Por qué Obiang no demanda a la CBS News en Estados Unidos, que le incluyó en su lista de dictadores caníbales? ¿Por qué no se querella contra The Guardian o Der Spiegel, que han analizado cómo el terror místico y los ritos de sangre son herramientas de control social en Guinea Ecuatorial?

La respuesta es obvia: esta demanda no busca justicia, busca asfixia. Es una maniobra de lawfare (guerra judicial) diseñada para amedrentar a la diáspora y enviar un mensaje claro: «Si hablas, te arruinamos«.

Un millón de euros: ¿Para el pueblo o para el champán de Teodorín?

El punto más delirante del escrito de Gómez Bermúdez es la afirmación de que ese millón de euros servirá para «mejorar las condiciones de vida de los guineanos». Desde Diario Rombe nos preguntamos: ¿Desde cuándo a la familia Obiang le preocupa el bienestar del pueblo? Mientras exigen un millón a un exiliado, el «Príncipe» Teodorín Nguema Obiang se gasta esa cantidad en una sola tarde de compras en Beverly Hills o en una fiesta de lujo en algún yate de la Costa Azul.

Es el mismo Teodorín cuya colección de superdeportivos fue subastada en Suiza por millones para compensar el saqueo del tesoro nacional; el mismo que ha sido condenado en Francia por «Bienes Mal Adquiridos». ¿Realmente necesita el clan de Malabo el dinero de un opositor para construir hospitales que nunca han construido con la riqueza del petróleo?

Guinea Ecuatorial no se arreglará con demandas de un millón de euros contra quienes dicen la verdad. El honor no se recupera en los juzgados de Valencia mientras las cárceles de Black Beach sigan llenas de inocentes. Desde estas páginas, advertimos: la intimidación judicial no silenciará el grito de libertad de un pueblo que ya no tiene miedo a los fetiches ni a los dictadores.

El dilema moral de Gómez Bermúdez: ¿luces o sombras?

En este escenario de asfixia judicial, cabe refrescar la memoria histórica de quienes hoy visten la toga para defender a un autócrata. Cuando España se desangraba bajo la dictadura franquista y sus mejores intelectuales y políticos buscaban refugio en Francia, Alemania o México, las democracias europeas sirvieron de escudo y altavoz para la libertad. No tenemos constancia de que, en aquellos años de exilio español, destacados jueces o abogados franceses o alemanes se prestaran a perseguir judicialmente a la disidencia española para salvar el «honor» de Franco. Al contrario, fueron esos países los que ayudaron a solventar la anomalía democrática de España.

Hoy, la historia se repite pero con los papeles invertidos. Parafraseando al escritor español Arturo Pérez-Reverte, en tiempos de oscuridad siempre hubo hombres buenos que, orientados por la razón, lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso; pero tampoco faltaron nunca quienes, con igual empeño, intentaron impedirlo. Javier Gómez Bermúdez debería reflexionar sobre este espejo histórico: en este capítulo de la lucha por la libertad de Guinea Ecuatorial, él sabrá de qué lado de la historia se coloca. ¿Del lado de los que traen las luces, o de los que intentan apagarlas a golpe de demanda millonaria?


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