El CSIC patrocinó trabajos racistas para reafirmar la inferioridad de los negros en GE en el año 1944.

El Racismo sigue vivo, el monstruo sigue activo y sigue devorando a las sociedades negro-africanas…”.

Desde un discurso, se indicaba….La materia prima que más interesa en nuestros territorios (ocupados) es el hombre, pero, ¿qué es capaz de hacer este hombre negro, de ojos más negros que su piel, grandes pero inexpresivos; de nariz corta y ancha, de boca amplia?, ¿qué capacidad somática y psíquica alcanza a desarrollar?, ¿qué trabajo es capaz de desarrollar?, si queremos colonizar racionalmente nuestros territorios. Por otra parte, cabe preguntar: es posible en África una colonización espiritual o solamente hay posibilidad real de una colonización material?. Así comenzaba el libro Capacidad mental del negro, escrito en Guinea Ecuatorial por los doctores Vicente Beato y Ramón Villarino, publicado por la Dirección General de Marruecos y Colonias, en el año 1944 y reeditado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) una década después.

Los médicos pugnaban por lograr un servicio de puericultura en las colonias españolas de Fernando Poo y Rio Muni (actual Guinea Ecuatorial), donde estuvieron destinados varios años. Si Villarino había pertenecido al Servicio Sanitario Colonial, Beato llegaría a dirigir el dispensario infantil de Santa Isabel (hoy Malabo), tras haber sido pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios en las maternidades alemanas de Kiel y Freiburg.

El trabajo desarrollado por el médico alemán el doctor Kramer, pionero de los estudios psicológicos sobre los hombres de color y que fue enviado a África por el Tercer Reich en la segunda guerra mundial, sirvió de inspiración para los científicos españoles. Precisamente Beato se inspiró en las tareas de sus colegas alemanes para aplicar los métodos Bidel-Bobertag y el de Yerkes, para determinar la edad y el coeficiente mental, aplicados al negro.

La tesis de los doctores españoles era sencilla: las enfermedades tropicales, desde la tripanosomiasis, la temible enfermedad del sueño, al paludismo e incluso la lepra, han dejado tales estigmas en el hombre negro que su inteligencia se ha resentido.

Es la “premunición de Serget”, que confiere al individuo un estado crónico durante el cual puede llevar el germen de la infección, sin que él mismo sufra los brotes de la reinfección…pero este germen toma definitivamente su asiento e intoxica constante y lentamente todos los humores orgánicos con los productos de su catabolismo. Como resultado final de este ataque permanente sobreviviene, cuando no la muerte, la destrucción somática y psíquica del individuo y, a la larga, de la raza. El colofón de este prólogo se mostraba así: sin el hombre negro, no sería posible la explotación de este continente salvaje y preñado de riquezas.

Los doctores españoles remataban: hemos señalado cómo las enfermedades tropicales agotan totalmente al individuo negro desde su nacimiento y cómo con ello sufre su psiquismo. No queremos indicar con esto que toda la inferioridad de las cualidades psíquicas del negro sea debida a la tara patológica. Y continúan: estimamos que gran parte de ella es consecuencia de un fenómeno natural.

Otros científicos indicarían más tarde (en pleno años 40 del siglo XX) que aquellas concepciones científicas eran falsas y netamente racistas, como la doctora Ave Maria Vilacoro, que curiosamente había estudiado en Alemania.

Pero más grave aún que la melodía de aquel infausto libro fue que diez años después, en los albores del fin del aislamiento internacional del franquismo tras el pacto con Estados Unidos previo al fin de la autarquía, el libro de Beato y Villarino fue reeditado por el CSIC. El supremo órgano de la ciencia y del pensamiento de España estaba regentado por hombres próximos al Opus Dei.

El Director del Instituto de Estudios Africanos del CSIC, el general Diez de Villegas, encomendó a Ricardo Ibarrolla una seria de estudios científicos en Guinea Ecuatorial. Ibarrolla era el director del Instituto Nacional de Psicotecnia y ejercía de oráculo del régimen de Franco en lo concerniente a la psicología. Su misión consistía en demostrar que dada la probada inferioridad de los africanos, resultaba superflua la homologación del sistema educativo peninsular en la colonia y se justificaba la aplicación de criterios que consideraban a los indígenas como meros braceros, habida cuenta de su manifiesta deficiencia intelectual.

De los estudios científicos sobre el negro de Ibarrola obtuvo el almirante Carrero Blanco los mimbres para el discurso colonial oficial, que permaneció vigente hasta el fin de la colonia en 1968; eso sí, todo blindado por la Ley de Secretos oficiales que, como una impenetrable losa, sepultó en el silencio durante décadas todo lo concerniente a la atribulada colonia española. Precisamente, España deja de ser el único país europeo que mantiene la esclavitud en 1886, mientras otros dejaron de serlo mucho más antes.

Esta labor realizada por los científicos españoles en Guinea Ecuatorial es casi igual a la realizada por antropólogos franceses en las respectivas colonias de Francia en África, hasta preparar técnicamente la enemistad étnica (desigualdad étnica intencionada) en muchos países, sobre la base de “divide y vencerás”, cuyas consecuencias fueron bien conocidas en el genocidio de Rwanda de 1994, situando el verdadero interés de las potencias por dividir a los hermanos hutus y tutsis, en los recursos minerales de la región: 80% del coltan, utilizado en la fabricación de teléfonos móviles, GPS, consolas de video juego y televisores plasma entre otros. Una región igualmente rica en tungsteno, casiterita, cobre, cobalto utilizados en la industria armamentista, así como el uranio, diamantes y oro.

El negro olvida y perdona, el blanco disimula y no reconoce ni olvida…“el racismo sigue vivo, el monstruo sigue activo y sigue devorando tremendamente a las sociedades negro-africanas…”.

Que algunos políticos guineanos estén contentos con que las instituciones españolas descalifiquen a las guineanas me parece pura baratería política…

Por: Crisantos Obama Ondo

 

Diario Rombe
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