El grupo suizo Nestlé decidido a conquistar África no se ha amedrentado ante ningún obstáculo para conseguir sus objetivos, por lo que su imperio se ha extendido de manera exitosa por el continente. No obstante, algunas de sus prácticas para hacerse con el mercado africano dejan mucho que desear. Prueba de ello ha sido su implantación en Camerún, país en el que la multinacional ha sido acusada de fraude y competencia desleal.

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En su penetración del mercado camerunés, Nestlé se encuentra con un gran competidor, Codilait, empresa local líder en la venta de leche en polvo. Ante la dificultad de seducir al consumidor camerunés y vender más barato que la empresa competidora, Nestlé echa mano de una astucia: la leche en polvo sin contenido lácteo alguno.

Sí, están leyendo bien, “leche en polvo” a base de aceite de palma refinado, aceite de coco y vendido con la foto de una espléndida vaca en el envase es decir, la venta de “gato por liebre”. Y no sólo eso, estos productos son introducidos en territorio camerunés declarados bajo el arancel aduanero 0402 “leche y nata (crema), concentradas o con adición de azúcar u otro edulcorante”, lo que permitió el disfrute de las ventajas arancelarias fijadas para este tipo de producto.

Esta estrategia permitió al gigante suizo desbancar al competidor camerunés (forzando el cierre de su fábrica), su consolidación como líder del mercado, el empobrecimiento de los valores nutricionales que el consumidor camerunés ingería diariamente sin que éste fuera consciente y para terminar, el fraude al Estado.

El lector se preguntará si el consumidor camerunés no tiene tiempo suficiente para leer las etiquetas de los productos que compra, en un país donde el 30% de la población adulta es analfabeta. Pero lo que a mi juicio llama más aún la atención, es la ausencia de controles que normalicen la entrada de productos alimenticios en el país, pudiéndose así comprobar que el producto es verdaderamente lo que dice ser y sobre todo, que no sea nocivo para la salud de los consumidores. Es decir, que el consumidor es dejado a su suerte entre la buena o no tan buena voluntad de las multinacionales y los pocos mecanismos que permiten su protección en el país (nada que no pueda arreglarse a golpe de talonario).

Bueno, dirá el lector, siempre se puede exigir la reparación de los daños causados. Así es, y así lo hizo el director de Codilait, Pius Bissek, teniendo en principio al gobierno de su parte que también reclamaba una compensación contra el fraude sufrido. Sin embargo, la intervención del Ministro de Economía y Finanzas, el señor Abah Abah, para negociar con Nestlé cierra el caso concluyendo que no ha habido fraude alguno, dejando con las manos vacías tanto a los unos como a los otros y desperdiciando la compensación económica que tan bien le habría venido a las arcas del Estado camerunés y que el director de Codilait pensaba utilizar para volver a abrir su fábrica.

Y es de esta manera cómo la reputación de la marca internacional sigue intacta, las víctimas colaterales sin recompensa y los bolsillos de unos pocos más llenos que nunca. La historia de siempre, el rico más rico, el pobre más pobre y el corrupto más corrupto.

Por: Irene O.

Diario Rombe
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