El drama de los areneros del Maipo:

Estudios aseguran que la construcción de las centrales hidroeléctricas en el Alto Maipo disminuirían notablemente la cantidad de sedimentos que trae consigo el río, amenazando la fuente de ingresos de las cientos de familias que desde hace décadas se alimentan de las piedras del Maipo.  

Por Roberto Nieri

No es demasiado rebuscado comparar el planeta tierra, el equilibrio natural de los ecosistemas, con la perfecta maquina biológica que resulta ser el cuerpo humano. De las coincidencias que existen entre ambos cuerpos vivos han reflexionado los filósofos de todas las épocas y lugares, entre ellos los sabios de la doctrina hermética y los filósofos neoplatónicos, quienes no dudaron en señalar al cuerpo humano como un microcosmos, reflejo del macrocosmos viviente que es el universo. Plotino fue quien hizo notar la semejanza entre los árboles y los pulmones tanto en su función como en su forma. O Paracelso, que pensaba los continentes como grandes cuerpos flotando a la deriva, y a los ríos como las venas que los nutren y mantienen saludables.

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Pero estas analogías entre el hombre y su entorno están lejos de ser meras conexiones metafísicas ideadas por un grupo de místicos, puesto que la misma ciencia moderna con su espada racional ha señalado la certeza de estas figuras. De hecho, en el último estudio de impacto ambiental que significó el rechazo de aquel nefasto proyecto hidroeléctrico en la región de Aysén, se señalan que la interrupción del curso de los ríos afectaría no solo sus cuencas aledañas, sino también una inmensa extensión de la costa oceánica que se vería desprovista, de un minuto para otro, de una gran cantidad de nutrientes esenciales que alimentan la flora y fauna marina, en una magnitud que ni siquiera podía cuantificarse.

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Allí se explicita que “la presa constituye una barrera que impide la continuación del ecosistema y produce cambios químicos y físicos en el agua. El efecto de tapón y la consecuente disminución de la velocidad del agua permiten el depósito de sedimentos, por ello a las aguas luego de pasar por represas se las llama “aguas hambrientas” dado que esta menor carga de sedimentos hará que erosionen con más fuerza río abajo. Así también habrá cambios en la calidad de sus aguas como disminución del oxígeno disuelto o de la materia orgánica, liberación de mercurio producto de la descomposición orgánica, etc.”.

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Queda claro en este informe que los ríos, como las venas y las arterias, cumplen una función vital en el transporte de las vitaminas y los minerales que el planeta necesita. De hecho, los hombres, a lo largo de la historia, se han aferrado a estas fuentes de vida, levantando sus aldeas y ciudades junto a sus cauces. Es el caso del gran Santiago, soberbio elefante que se baña en las aguas del Mapocho y el Maipo, éste último, principal proveedor de agua potable del valle metropolitano, y en el que se sustenta gran parte de la agricultura que alimenta a los habitantes de la capital.

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Como si esto fuera poco, el río Maipo provee además de gran parte de los materiales de construcción que la ciudad precisa para seguir creciendo, la piedra, el ripio y la arena con que se levantan tanto las villas como los sólidos rascacielos. Estos sedimentos que arrastra el río desde las altas cumbres cordilleranas, desde el nevado corazón del continente, se van acumulando en las riberas del río, costas ariscas a los que un grupo de hombres se aferra con la misma intransigencia y tenacidad con que el agua se abre camino a través del valle: son los areneros, trabajadores de la piedra y sus fragmentos, quienes escarban en los costados del río en busca del sustento para ellos y sus familias.

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Durante cientos de años estos hombres han vivido de los “áridos”, de la roca que se acumula junto a los cauces, cargando a pulso, cada día, toneladas de arena y piedra en camiones que las transportan hasta las faenas de la construcción que se propagan sin mesura. En torno a este sacrificado trabajo, en los márgenes de la metrópoli, se ha constituido toda una cultura de las arenas, valiosa en su particular diferencia, un modo de vida que hoy, paradójicamente, se está viendo amenazado por el desarrollo y el progreso que él mismo sustenta. Generación tras generación, los hombres de las arenas han conservado sus costumbres, levantado sus precarios villorrios junto al río, bajo el puente, allí donde el buen gusto urbano no se digna a mirar. Junto al río se instalaron sus abuelos, sus padres, junto al río nacieron sus hijos, criaron sus animales, cultivaron sus huertos, y aunque sacrificada como cualquier vida de campo, estos hombres la prefieren a cualquier otro modo de vida.

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Alejados de las comodidades, cercanos a la tierra, seguramente usted los habrá visto junto a los ríos, con sus palas, carretillas, y harneros, bajo el sol que no da tregua, como obreros invisibles, piedra entre las piedras. Al cruzar el magnífico lecho del río Maipo por la Ruta 5, uno puede verlos, adivinarlos, en medio de su faena. Rodeadas de aromos y sauces, chozas desperdigadas, acá en la ribera norte, allá en la ribera sur, campamentos ligeros que persisten a contracorriente. Los vehículos que entran y salen de la capital pasan veloces por la carretera, sobre el puente, dejando un zumbido eléctrico tras ellos. Si alguien se detuviera, improbable casualidad, podría ver las pancartas que cuelgan de una entre todas las rucas, en cuya sombra se refugia un grupo de hombres, dormitando a media tarde, esperando la llegada de un camión que rellenar. Sindicato de Areneros, Ribera Norte, Río Maipo. Arena, Ripio, Estuco. No a la hidroeléctrica. No Alto Maipo. Una choza cubierta de carteles y lienzos de denuncia, y un grupo de hombres que los sustentan.

Ricardo Chamorro es dirigente arenero, representante de alrededor de 200 hombres y sus respectivas familias que trabajan en este sector. Se arremanga la camiseta y se dispone a explicar, a quien quiera escucharlo, la problemática que como gremio, como grupo humano, están enfrentando. Dice Chamorro que ellos, los areneros, han sido intencionadamente olvidados, excluidos, a la hora de estudiar los impactos que tendrá el proyecto hidroeléctrico que se está levantando en el Alto Maipo. Señala que este proyecto, cuya construcción ha sido aprobada por el Estado (rechazado en primera instancia el año 2008, pero aprobado posteriormente en 2009) significará para el arenero una disminución notable de su materia prima, pues el río, alterado en su curso allá en sus partes altas, dejará de arrastrar consigo -según un estudio de la Universidad de Chile- más de 3 millones de toneladas de ripio y piedra al año, dejando sin trabajo a cientos de hombres, poniendo en vilo a sus respectivas familias. “La hidroeléctrica nos cortará los brazos, vamos a quedar sin pega acá, y nosotros vivimos de esto. Tenemos familia, tenemos hijos, a los que hay que sacar adelante de alguna manera. Pero nosotros vivimos del río, el río nos da el sustento para comer”.  

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Pero los areneros son hombres rudos, y ésta no es la primera vez que deben enfrentarse a los obstáculos que les pone el destino. Ya el año 1982 tuvieron que rehacer sus vidas cuando una crecida del río Maipo los obligo a dejar sus casas, migrando la mayoría de ellos a San Bernardo, donde debieron adaptarse a la vida urbana de la periferia, con toda la violencia cotidiana que eso implica. Al mismo tiempo, debieron sobrellevar la llegada de plantas areneras a gran escala, las famosas “plantas de materiales”, que ahora acaparan la venta de arena y estuco, por lo que ellos, los areneros artesanales, solo pueden vender bolones, grandes piedras de río que cargan con sus propias manos. “Para más remate”, dice Chamorro, “ahora debemos convivir con los que botan basura y escombros junto al río. El río Maipo se está convirtiendo en un basural que nos impide trabajar”.  

Las aguas turbias de Alto Maipo

El cuestionado proyecto, impulsado por la compañía norteamericana Aes Gener, corresponde a la construcción de dos centrales hidroeléctricas, “Las Lajas” y “Alfalfa II”, que aprovecharán las aguas provenientes de los ríos El Volcán, El Yeso y del río El Colorado. Estos tres afluentes del Maipo serán entubados a través de túneles subterráneos, trasladando las aguas hasta las nuevas centrales hidroeléctricas, para luego ser devueltas al río Maipo, 70 kilómetros más abajo. En su página web la empresa asegura que este proyecto, “el más grande aprobado en Chile en los últimos 10 años”, generará 531 MW de potencia, lo que representa aproximadamente el 50% de la demanda de energía que requieren los hogares de la Región Metropolitana.

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Destacando las condiciones geográficas que el proyecto implicaría, explican que al estar situado en la Cordillera de los Andes, a 2.500 metros de altitud, el proyecto Alto Maipo será único en su clase, ya que al tratarse de “centrales de pasada” aprovecharán los grandes desniveles existentes, no requiriendo embalses que inunden terrenos. Dada su cercanía con el principal centro de consumo del país, dice la empresa en el mismo documento, necesitará sólo de 17 km. de nuevas líneas de transmisión. Por último agregan que el proyecto, al ocupar las aguas provenientes de los ríos Volcán, Yeso y Colorado, las que serán íntegramente devueltas aguas arriba de las bocatomas de la empresa de agua potable y de las captaciones de los canalistas, no afectará ninguna de las actuales actividades que se realizan en torno o en el Río Maipo”.

La versión de la empresa contrasta notablemente con la posición de un centenar de organizaciones ciudadanas que vienen oponiéndose a la construcción de estas centrales desde un comienzo. Estas han interpuesto una serie de demandas judiciales que aún están en curso, razón por la cual la empresa debería haber suspendido la construcción de las faenas, lo que, nos consta, no ha sucedido. De ahí que estas agrupaciones perseveren en sus críticas, las que se han centrado principalmente en tres aspectos: en primer lugar, señalan que el proyecto Alto Maipo pone en riesgo el consumo de agua potable de la región Metropolitana. En ese sentido, cabe destacar que en primera instancia el proyecto, al ser presentado a la evaluación de impacto ambiental por la Corema, consideraba el uso del agua de las lagunas Negra y Lo Encañado, propiedad de Aguas Andinas, pero tanto el Seremi de Salud como la Superintendencia de Servicios Sanitarios y la Dirección General de Aguas identificaron que el proyecto interfería con el sistema de producción de agua potable del Gran Santiago. En consecuencia el proyecto fue retirado por AES Gener en vísperas de la votación pues implicaba un rechazo seguro. El Proyecto Alto Maipo II volvió a ser presentado con modificaciones el año 2008 eliminando el uso de Laguna Negra y Lo Encañado, obteniendo la Resolución de Calificación Ambiental. Sin embargo, las distintas agrupaciones persisten en considerar el proyecto riesgoso para el acceso al agua potable de millones de santiaguinos.

El otro aspecto criticado por las organizaciones ciudadanas y medioambientales es el posible impacto en el medioambiente y por lo tanto en el turismo, principal actividad económica de gran parte del Cajón del Maipo. La deforestación y degradación de miles de héctareas, el descenso en el ya disminuido caudal del río por el calentamiento global, y la intervención de formaciones geológicas e hidrogeológicas protegidas, como el Monumento Nacional El Morado, el glaciar y la laguna San Francisco, son solo algunas de las intervenciones que el proyecto implicaría. Además, destaca el impacto que el proyecto Alto Maipo puede tener en la agricultura, ya que este río suministra el agua a campesinos de las comunas de San Bernardo, Calera de Tango, Padre Hurtado, Maipú, Peñaflor, Buin, Talagante, Isla de Maipo y Paine.

Sin embargo, pareciera ser que nadie toma en cuenta la catástrofe que significaría para los areneros la inminente implementación del proyecto y la consecutiva disminución de los áridos. Según la Dirección de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas (MOP) la disminución de los sedimentos del río podría tener severas consecuencias más allá del impacto social directo que tendrá en los areneros, ya que se generará un hundimiento del lecho del río Maipo, dado que las empresas areneras continuarán con la extracción de áridos para Santiago, provocando el riesgo que los puentes de la infraestructura pública queden en peligro debido al socavamiento de las bases.

La magnitud del conflicto en torno al proyecto Alto Maipo puede entenderse por el respaldo que tiene la compañía Aes Gener desde el gobierno de Estados Unidos, y que explican el apoyo incondicional que ha tenido, primero por el gobierno de Michelle Bachelet y segundo por la administración de Sebastián Piñera. En un reportaje publicado por el periodico “El Ciudadano”, se señala que el año 2011 Wikileaks dio a conocer una serie de cables de la embajada norteamericana en Santiago, donde se evidenciaba que la aprobación de la termoeléctrica Campiche (2009), ubicada en el municipio de Puchuncaví, región de Valparaíso, fue resultado de gestiones de altos funcionarios estadounidenses, quienes se reunieron con tres ministros del gobierno de Bachelet, entre ellos el de Interior, Edmundo Pérez Yoma.

Por ello no es de extrañar que muchos sospechen que la misma mano se oculta tras la aprobación de Alto Maipo por parte de la Comisión Nacional de Medio Ambiente, que también estuvo plagada de irregularidades, entre las que destaca el hecho de que el permiso ambiental fue aprobado sin que Aes Gener tuviera los derechos de agua en los puntos de captación. Al respecto, los defensores del río Maipo han causado un gran revuelo al revelar la existencia de un contrato secreto entre Aguas Andinas y Aes Gener firmado el 2011, que implica ceder parte del agua limpia para consumo humano que posee Santiago para la generación eléctrica de estas centrales que aún no se construyen. Las organizaciones acusan que con esta acción “Aguas Andinas amplía su giro priorizando sus ganancias económicas por sobre su labor fundamental, establecida por contrato con el Estado”.

Y es en medio de este entramado de influencias, de remolinos de agua turbia, que debe resolverse el destino de los areneros. Es por ello que comprenden el peso de la unión, y participan activamente en las actividades y marchas que la Coordinadora de defensa de los ríos del Maipo ha convocado. Así, hace unos meses, participaron de una caravana que marchó hasta San José de Maipo, al igual que el pasado viernes, cuando los areneros se sumaron a la gran marcha que avanzó por la Alameda para evidenciar la posición de miles de Santiaguinos que se oponen al proyecto. Fue un formidable río humano el que salió a decir “No al Alto Maipo”, expresando claramente su voluntad de lucha y sobrevivencia, poniendo además en evidencia la magnitud de la problemática del agua que se vive a lo largo de Chile, una de las tantas aristas de la herencia dictatorial que se perpetúa en todas las esferas de nuestra sociedad.

Diario Rombe
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