Otro caso de ajusticiamiento social ha ocurrido recientemente en el barrio Santa María 3, cuando un hombre acusado de violar a una niña de 3 años fue capturado por un grupo de sujetos, quienes procedieron a cercenar el pene del cautivo con un cuchillo.Tal forma de reaccionar frente a un presunto delito, es decir, sin ningún proceso policial ni judicial para corroborar los hechos y dar un castigo acorde, es siempre abiertamente fomentada desde el discurso presidencial de Obiang, como la forma correcta de impartir justicia.

No es primera vez que informamos de un hecho de esta naturaleza, pero esta vez hemos decidido exponer la violencia de manera más gráfica, porque sabemos que mientras sucesos como el que les presentamos ocurren, existe una absoluta indiferencia de la cúpula gubernamental de proponer algún plan que apunte a subsanar los alienados métodos instaurados en la cultura ecuatoguineana.

Está desde luego la responsabilidad personal, desde donde podemos evaluar la culpabilidad del presunto violador y la rabia de la comunidad que buscó de una manera u otra igualar la situación, pero existe además un país, el que no merece ser invocado en vano. Detrás de las consignas panafricanistas y antiexpansionistas frente a Occidente se esconde un grave problema social, exponenciado por una clase política dedicada al saqueo del Estado y que cada cierto tiempo, con suma irresponsabilidad, entrega a la población torpes sentencias circenses, que a lo único que apuntan es que los guienanos se destruyan entre ellos, siendo exactamente eso lo que ocurre cada vez en mayor cantidad y con más profunda gravedad.

No sólo tenemos enquistada la presencia de un Régimen que ha incurrido en torturas y asesinatos contínuos para mantenerse en el poder, si no que hemos asimilado su actuar desde la desolación, desde la certeza que la humanidad de alguien o la propia puede ser fulminada en cualquier momento, por lo que darle algún valor en particulares un riesgo y un engaño. Puede llegar a ser fácil caer en el enfoque de la equidad de la venganza, pero no se trata únicamente de haber castigado a un hombre culpable o inocente, ni de redefinir quién es el verdadero objeto del castigo, es ese romanticismo el que nos hace vulnerables, cuando hemos estado todo este tiempo en la misma cerca bajo la mirada de la familia Obiang, con ellos en una pantalla, pero siempre lejanos, inalcanzables desde los hitos de nuestra vida que que requerían de una historia ética que ha sido secuestrada.

Observemos desde nuestras costumbres a quienes nos han manipulado desde décadas, para foguear así nuestra necesaria revolución. Se ha inculcado el miedo de que luchar frontalmente por la liberación de nuestro país implicaría un terrible derramamiento de sangre, pero ese derramamiento ocurre a diario producto de la pasividad intelectual de nuestros gobernantes, la cual se refleja en los sectores más vulnerables de Guinea Ecuatorial. El temor que se busca sellar sobre la población es el motor de los mórbidos hechos que enfrentamos.

No queremos ni necesitamos que un asesino, glorificado a sí mismo como presidente, nos enseñe cómo educar y proteger a nuestras familias. Sí requerimos la paz y la seguridad para reestructurar nuestra sociedad por completo, siendo el primer paso para ello desplazar al clan Obiang en su totalidad de cualquier institución y forma de poder en nuestra nación, por lo que llamamos también a los países europeos y a todos aquellos que mantienen relaciones con el Régimen, a dejar se hacerlo, lo cual no es de ninguna manera un boicot hacia el pueblo de Guinea Ecuatorial, que jamás se ha visto beneficiado de todos estos pactos comerciales internacionales. No podemos esperar otra nueva década para conseguir la democracia que otros países africanos ya han obtenido desde la libertad de pensamiento, no podremos liberarnos siendo el subyugado reflejo de la Dictadura.

Por Samuel Fuenzalinda.

Diario Rombe
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