Diego Fierro Rodríguez

Siempre hay, ha habido y habrá gente dispuesta a escribirle y recitarle una oda al poder político. Es algo muy tentador, ya que pocas cosas más grandes hay que una persona o varias ostentando un amplio abanico de facultades que son reforzadas por apoyos incondicionales de todos aquellos que esperan obtener beneficios de una buena relación con los sujetos que tienen el control.

Estas conductas son expositivas de lo fomentado que está el clientelismo en todo lo vinculado con el control de la organización y de los recursos públicos de un determinado territorio o de una institución, de manera que los dirigentes pueden hacer y deshacer según sus deseos. Además, pueden quitar y poner a las personas que ocupan plazas discrecionales.

El pilar que sirve para fundamentar la existencia de grandes redes clientelares puede encontrarse en la ambición y en la avaricia de muchos que quieren convertirse en personas privilegiadas, olvidándose, en muchos casos, de normas o reglas morales que deben regir las conductas para que la sociedad pueda desarrollarse adecuadamente.

En los distintos ámbitos siempre han existido personas ambiciosas completamente dispuestas a participar en el juego del servilismo para formar parte de las redes clientelares que se constituyen desde la cola de la organización de los poderes públicos. Por este hecho, es posible encontrar a relevantes personajes del campo de la economía y del mercado bancario, del arte y de la cultura y el conocimiento que se someten al poder, como hacen las dóciles mascotas con sus dueños, recibiendo, a cambio, beneficios consistentes en el desempeño de cargos o empleos públicos o en la explotación de servicios sociales.

Como Sir Lucky Dube señaló en el Diario Rombe, “la hegemonía cultural también se logra comprando cerebros, conciencias y voluntades de personas cultivadas, consiguiendo la adhesión al régimen de algunas de las personas más y mejor preparadas del país”. Juan Antonio García Amado analizó, en ¿Cuál es el precio de un jurista? y enMás sobre profesores de Derecho y nazismo”, el tema referente a los juristas y a los profesores de Derecho que se dedicaron a fundamentar el régimen implantado por Adolf Hitler en Alemania para lograr privilegios. Sobre este asunto, Bruno Rodríguez-Rosado comenta lo relativo a una afirmación de Carl Schmitt, que, como se recoge en un blog, se consideraba el “Benito Cereno del Derecho internacional”, siendo conocida la historia del personaje, por ser el protagonista de un cuento de Herman Melville.

Casos como el de Alemania se han repetido en numerosas ocasiones en diversos países, en los que, quienes podían, se aproximaban a los que tenían el poder, convirtiéndose en los protectores de los mismos a cambio de numerosas ventajas. Este hecho ha perjudicado muchísimo al desarrollo cultural y político por razones obvias.

Las consecuencias de los actos de aquellos que se dedican a bendecir a los dirigentes, que poseen el control del poder, y a explicar sus bondades, desde una perspectiva teórica o desde un punto de vista práctico, son lesivos y pueden acabar provocando la putrefacción del sistema, que terminará perjudicando, como ha sucedido muchas veces durante la Historia universal, a la ciudadanía y, también, a los líderes políticos que corruptamente ejercen sus potestades y a sus sirvientes.

Diario Rombe
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