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A solas con conmigo mismo…

A solas con conmigo mismo…

Por: Sir Lucky Dube

CIUDADANO Y COMUNICADOR

“Si tus sueños no te asustan, no son lo bastante grandes” -Ellen Johnson Sirleaf-

 Y ahí me tenéis en uno de esos días en los que el ser humano, precisamente por su falta de humanismo, te parece el peor de las especies animales. Una de esas noches en las que no puedes parar de darle vueltas a la cabeza. Es la madrugada de un miércoles cualquiera. El insomnio –y Guinea– me niegan el sueño. Mil pensamientos rondan mi cabeza, y parece que son todos negativos. Pero no estoy solo, me acompaña Lucas Corso (personaje de ‘El Club Dumas’ de Arturo Pérez-Reverte). Leer ayuda a evadirse de los malos pensamientos.

 Antonio Gramsci definió la crisis como el momento en que hay algo que está muriendo, pero que no termina de morir; al tiempo que algo hay algo que está naciendo, pero tampoco que termina de nacer. Confieso que llevo sintiéndome así unos cuántos años, en lo que respecta a la situación de Guinea Ecuatorial. Cada vez que en mi interior florece algo de ilusión, me encuentro algo, y sobretodo alguien que me devuelve a la tierra con un golpe de realidad.11850978_510832332424918_151523212_n

Pienso en mi pueblo e intento adivinar sin éxito, en qué momento de nuestra historia nos volvimos tan extremadamente sumisos, desde cuándo somos tan viles y tan cainitas. Pienso en el primer padre de familia que educó a sus hijos en el arte de callar y tragar. Pienso en la gente que llena los estadios para ver la Copa de África, pero vacían las calles cuando hay que salir a apoyar a los chicos de la UNGE en sus manifestaciones, vacían las calles cuando hay reclamar derechos. Pienso en Obiang pronunciando un discurso con el recinto abarrotado de corderos resignados, aplaudiendo como borregos y no puedo entenderlo… sencillamente no puedo. Pienso en mi pueblo, y veo hipocresía, desconfianza y miedo. Veo odio, traición y calumnia. Sangre, dolor y lágrimas. Pienso en los guineanos, tan devotos ellos, que se pasan la vida rogando a Dios, pero sin darle al mazo; pienso en todos los curas que, biblia en mano, nos enseñaron que este mundo era un valle de lágrimas por el que hay que transitar con sumisión y obediencia ciega. Se olvidaron o no quisieron enseñarnos a luchar y a pelear por ésta vida, pues nos han convencido de que estamos en la antesala de un futuro paraíso celestial… Pienso en mi pueblo y veo a Cayo igual de feo por dentro que por fuera; veo a Lucas fornicando con la hija de Agustín; a Jerónimo encamando a la mujer de Jesusín; veo al Tontorín malvendiendo la madera de Guinea y al Gabriel intentado llevarse contenedores de dinero a Sao Tomé y Príncipe; veo a Obiang en comandita con Mugabe y se me revuelve el estómago. Y luego, vuelvo a pensar en mi pueblo y no veo libertad ni democracia; no veo justicia, ni respeto, ni dignidad; no veo prensa libre –aunque sí censurada–, no veo enseñanza ni educación de calidad, ni sanidad, ni empleo; y sobre todo, no veo a mi pueblo reaccionar… y entonces la esperanza se torna en desesperanza.

Son casi las cuatro de la mañana, y antes de quedarme dormido, exhalo un suspiro de alivio mezclado con hartazgo, o de hartazgo mezclado con alivio… a éstas horas ya ni sé lo que digo. El caso es que me quedo dormido, y en mis sueños me veo a mí mismo perpetrando varios crímenes. Me veo matando a pobreza y a miseria. Me veo matando a calumnia y a traición. Me veo asesinando a adulación y a servidumbre. Disfruto degollando a miedo, mientras desconfianza intenta huir, pero a ella también la atrapo. ¡Qué placer! Me veo torturando a tortura. Me veo matando a corrupción… en el fondo sé que sólo es un sueño y que no tardaré en despertarme, pero un hombre a quien tenía en alta estima me decía siempre que la distancia entre los sueños y la realidad, se llama trabajo, disciplina e ilusión. Así que pongámonos a trabajar en ello.

Somewhere in South Africa

Sir Lucky Dube

¡One Love!

XIII/VIII/MMXV

P.D.: Como era de esperar acabé despertando, pero mis ganas de matar seguían. Quiero matar a Dictadura.

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