Portada » Denuncias » De mayor quiero ser un fratricida…

De mayor quiero ser un fratricida…

De mayor quiero ser un fratricida…

Por: Sir Lucky Dube
CIUDADANO Y COMUNICADOR

“Muchos de ellos, por complacer a tiranos, por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno están traicionando y derramando la sangre de sus hermanos.” –Emiliano Zapata.

Más de una y más de dos veces, y siempre con sumo pesar, he hablado del nuestro como un pueblo en el que el cainismo más feroz se ha convertido en uno de los rasgos más característicos. El cainismo, explicado grosso modo, es un fenómeno descrito como la actitud de odio o fuerte animadversión contra connacionales, familiares, allegados o personas afines. Ese odio, sumado a la mediocridad de la que enfermamos, nos ha llevado en numerosas ocasiones a sangrantes enfrentamientos personales, incluso familiares. Eso nos ha convertido en el pueblo embustero, envidioso, delator y traidor que somos. Pero ese cainismo y esa vileza, sobre todo, han favorecido un profundo desgarro en nuestro tejido social, dando lugar a heridas de difícil cicatrización.

Conrado Okenve
Conrado Okenve

Por lo general, cuando en una sociedad –como en cualquier colectivo– las perversiones o las malas costumbres son practicadas de forma individual o por un grupo minoritario de personas, la sociedad o el colectivo en cuestión tiende a condenar, reprobar o reprochar esos vicios o defectos, incluso llega a castigarlos. Por el contrario, cuando los vicios o defectos son de carácter general y son practicados e interiorizados por la mayoría, esos defectos se convierten en los patrones de referencia normales y en la forma de actuar estándar de esa sociedad. Es decir, que cuando la depravación y la perversión se producen en una sociedad de forma generalizada, para la sociedad en cuestión los defectos y las malas costumbres dejan de ser vicios condenables, pasando a ser virtudes premiables… No puedo pretender, claro está, que aceptéis esta reflexión como una verdad absoluta. Pero es, más o menos, mi explicación sociológica de por qué la mediocridad, la estupidez, la vileza, el cainismo y, consecuentemente, la traición triunfan hoy en nuestra sociedad. Es porque son vicios, lacras y defectos que la mayoría de guineanos comete o estaría dispuesto a cometer llegado el momento. Por eso a los traidores, en guinea, se les aplaude como si fueran héroes. La traición, a la mayoría de guineanos, nos es inherente. Somos intrínsecamente traidores. Venimos así de fábrica.

En su último trabajo, La Guerra Civil contada a los jóvenes, Arturo Pérez-Reverte –uno de mis escritores de cabecera– dice que «Todas las guerras son malas, pero la Guerra Civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino y al hermano contra el hermano». Aunque Guinea Ecuatorial, por fortuna –y deseando que así sea por siempre–, no sufre ninguna guerra civil, este artículo trata precisamente de eso, de un hermano delator y traidor de otro, y de una sociedad que, lejos de condenarlo o, cuando menos, de indignarse, lo jalea y lo aplaude; mostrándose, por enésima vez, cómplice ergo culpable de lo ruin y lo mezquino.

En todas las dictaduras, especialmente las africanas, son evidentes las ineficiencias jurídicas y administrativas, la precariedad laboral, la mala sanidad, los nefastos sistemas educativos, o la carencia de esto o aquello… Pero, últimamente, creo que todo eso, quizá, no sea lo peor de las dictaduras. Lo peor es lo que subyace. Lo que no se ve a primera vista. Las cosas que, sin el debido análisis o sin la debida mirada profunda, no son fácilmente detectables. Lo peor de las dictaduras son sus intangibles. Es el caso de la deshumanización y el debilitamiento, casi total y absoluto, de la musculatura moral de una sociedad, la guineana; y de un individuo, Conrado Okenve.

El miércoles pasado, justo anteayer, la web www.guinea-ecuatorial.net nos informaba sobre la lacerante campaña de acoso y derribo que está sufriendo el profesor Celestino Okenve. El acoso, como ya habrán deducido, está orquestado por el Sr. Obiang, cosa comprensible dada su condición de infame dictador; y el mencionado Conrado Okenve, cosa menos comprensible, dada su condición de hermano del profe. El hermano traidor, antes ministro y ahora parlamentario, goza de un estatus, más o menos, prominente en la dictadura, gracias al cual ha podido amasar una buena fortuna en forma de mansiones, coches caros y, por supuesto, dinero fresco, cash money que dirían en el Bronx. Excuso decir que los meritos que le han hecho a Conrado merecedor de tan privilegiada posición se reducen, básicamente, a emplearse con esmero en la tarea de conspirar y maquinar, de forma sistemática, contra su hermano, y torpedear su vida personal y política –el profe es un reconocido opositor al régimen de Obiang– mostrando, de esa forma tan vil y miserable, su lealtad a la dictadura. Conrado Okenve, según afirma la publicación de G.net, está presionando al resto de los hermanos Okenve para que éstos firmen un documento que le niegue a Celestino Okenve su legítimo derecho al goce y disfrute de la herencia de su ya fallecido padre. La intención de Obiang, en connivencia con Conrado, es, en última instancia, dejar al profe sin un techo bajo el que alojarse en Guinea Ecuatorial, dificultándole aún más la ya de por sí dificultosa –valga la redundancia– labor de oposición política en nuestro maltrecho y desgraciado, aunque querido, país.

Celestino Okenve
Celestino Okenve

A principios del año pasado, recordemos, el reincidente Conrado Okenve, en comandita con Ángel Masie, y por mandato imperativo de Obiang, organizó una manifestación en Micomeseng contra el profesor Okenve, antorcha pedegista en mano. También a principios del 2015, Celestino fue ilegalmente encarcelado por mostrarse públicamente en contra del innecesario despilfarro económico que supuso la celebración de la CAN; habida cuenta, también, del riesgo de contagio del virus del Ébola que amenazaba al continente por esas fechas. Por otro lado, la publicación de G.net también cuenta que, por orden Obiang y con la ayuda de Lucas Nguema Esono; Conrado Okenve, no contento con todo lo anterior, también tuvo que ver con la destitución de Alfredo Okenve, hermano menor de Celestino y Conrado, como profesor universitario en la UNGE.

Individuos de la catadura moral de Conrado Okenve son la prueba, casi irrefutable, de que en la vida, especialmente en las dictaduras, lo peor no es la maldad sino la estupidez, porque, como dice Arturo Pérez-Reverte, un estúpido con esfuerzo y dedicación bien puede convertirse en el peor de los malvados. No en vano, Conrado es el único de los hermanos Okenve sin estudios universitarios; sin embargo, dictadura mediante, es el que propiedades atesora. *Q.E.D que Conrado Okenve es un imbécil que con ahínco, dedicación y empeño se ha convertido en un malvado. Tan es así, que su maldad y su cainismo le han despojado de toda capacidad moral y racional, reduciéndole a la condición de un ser vivo que funciona por puros instintos primarios de ambición, supervivencia y satisfacción de necesidades fisiológicas básicas. Un animal primario incapaz de sentir de amor, respeto y solidaridad hacia sus congéneres, ni siquiera cuando éstos son de su propia familia; de su propia sangre. Si el fratricidio es el crimen de quien mata a su hermano, debe saber, Conrado Okenve, que no anda muy lejos de convertirse en un fratricida. De hecho, ya lo es, en cierto modo. Porque aliarse con una dictadura en contra de tu propio hermano, bien puede considerarse una forma de matarlo.

Finalmente, es justicia repetir que no solo Conrado ni los que son de su condición son culpables de esos delitos. El cainismo, la vileza y la mediocridad también son culpa nuestra, también nos caracterizan y nos definen. Durante casi medio siglo, dos dictaduras han despedazado el concepto, el sentido y el valor que tenía la Familia para nosotros, hasta dejarla en una palabra vacía de contenido. La familia era el último resorte, la última esperanza de una sociedad resacosa del colonialismo, que apenas pudo asomar la cabeza con su in-dependencia. Y todo eso lo hemos permitido por asistir impasibles y displicentes al destrozo de la única cosa de la que podíamos seguir sintiéndonos orgullosos. Esa es nuestra culpa como pueblo y como sociedad. Esa es nuestra parte de responsabilidad. Se me hace difícil imaginar que una sociedad decente, razonablemente culta y de nobles sentimientos dé a luz a políticos tan miserables, infames, ruines e incompetentes como los nuestros. Se me hace muy difícil imaginarlo. Y por esa razón sostengo los políticos no son sino el reflejo o la manifestación exterior de la sociedad a la que representan. El síntoma de una enfermedad que somos nosotros: el mediocre y cerril pueblo guineano. Duele decirlo. Y duele mucho más admitirlo. Pero de momento, y hasta que no demostremos lo contrario, todos, por acción o por omisión, somos cómplices y/o culpables de que los vicios y defectos inherentes a toda dictadura tengan raigambre en nuestra sociedad. En ese sentido, todos somos Conrado. Admitirlo es otra cosa.

*Q.E.D: son las siglas de la locución latina «Quod Erat Demostrandum», traducible al castellano como «con eso que demostrado»

Somewhere in South Africa

Sir Lucky Dube

¡One Love!

VIII/I/MMXVI

 

P.D.: Decía Eurípides que «cuando sufre un hombre bueno, todo aquél que se dice bueno debe sufrir con él». Por descontado, todo mi apoyo y solidaridad al profesor Celestino Okenve. Un hombre bueno. Un honrado mercenario.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: Este contenido está protegido por derechos de autor