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El Mercado Central de Malabo, lugar paradógicamente emblemático de la ciudad

El Mercado Central de Malabo, lugar paradógicamente emblemático de la ciudad

El Mercado Central de Malabo es como el barrio New Billy de la misma ciudad. Ambos son tan concurridos, famosos y sucios como abandonados por las autoridades. Son ya casi lugares emblemáticos en Malabo no tanto por sus construcciones, que son todas chabolas, sino por sus servicios. En el Mercado Central se puede adquirir con relativa facilidad, en cualquier momento y a precios asequibles, todo tipo de artículos, desde agujas de coser hasta grandes electrodomésticos, equipos de música o material de construcción. Eso sí, de muy mala calidad. Quienes no pueden atreverse a ir de compras a Comercial Santy, Martínez Hermanos, Kelema o a Ventage (libaneses), o no pueden hacerlas allí constantemente, tienen en el Mercado Central un gran alivio: encontrarán allí prácticamente todo lo que deseen.

Por su parte, los nigerianos, expertos en falsificaciones, han encontrado en el escaso poder adquisitivo del ecuatoguineano –son la mejor alternativa– y en el descontrol y corrupción de las autoridades una buena forma de hacer negocios en Guinea Ecuatorial, con particular concentración en el Mercado Central. Es imposible llevar a cabo un control de calidad de sus artículos, como ocurre en otros países, simplemente porque ni existen medios técnicos ni profesionales capacitados en el sector, ni voluntad política para ello. Los impuestos que los comerciantes del Mercado Central, mayoritariamente extranjeros –nigerianos y benineses– deberían pagar a la Hacienda Pública por su actividad, van a parar en su mayoría al funcionario del Ayuntamiento que pase a realizar las reglamentarias inspecciones por sus puestos de venta. La explotación laboral infantil se practica a la luz del día no solo dentro del mismo recinto, sino además en las calles de Malabo, donde no es infrecuente ver a niños y niñas menores de edad, nacionales o extranjeros, con mercanías a sus espaldas, sobre sus cabezas o, en el mejor de los casos, empujando carretillas.

Pero también los mismos ecuatoguineanos realizan importantes actividades comerciales en el Mercado Central, principalmente comestibles. Unos poseen puestos en la parte trasera del establecimiento, y sus artículos son, por lo general, comestibles diversos, naturales y ricos –plátano, yuca, cacahuete molido o en granos, pescado ahumado, carne de bosque, nuestro chocolate, frutas o verduras–, que colocan durante el día en viejas estanterías o en el suelo (no directamente en él, sino sobre sacos vacíos de arroz o bolsas de plástico desplegadas). Otros disponen de equipos de reproducción de música en el lado de la calle que va desde el barrio Los Ángeles al Estadio la Paz, frente al barrio Chino, donde se puede encargar la grabación de la música de su gusto y ser atendido en cuestión de minutos. Aunque no sabemos si ellos respetan el derecho de autor, la realidad es que hay mucha demanda y enorme competencia entre sí.

En el interior mismo del Mercado Central se encuentran modestos y numerosos restaurantes, algunos, especializados en la preparación de ‘pepe sup’, una sopa picante, normalmente con pescado fresco, pero a veces con carne, en concreto, de cebú o tortuga marina (muy demandada su carne por sabrosa, teniendo en cuenta además que su condición de especie protegida no se ha asimilado todavía por los ecuatoguineanos). Se suele tomar el ‘pepe sup’ caliente por la mañana, preferentemente con plátano o yuca, acompañada de una o dos cervecitas frías, o de vino tinto fresco, según los gustos. Otros preparan carne de bosque, asimismo apreciada. Y aún cuando las condiciones higiénicas no son las óptimas en esos restaurantes, la realidad es que sus menus atraen a mucha clientela a todas las horas hasta su cierre.

Un poco avanzada la tarde (a partir de las 18:00 horas aproximadamente), un grupo de vendedoras alineadas a lo largo de la acera de la calle arriba indicada, cada cual atenta a sus productos, como aguacates, piñas, bananas, plátanos, atangas, uvas o mangos, expuestos en el suelo (no directamente). Curiosamente, todas esas frutas son de la mejor calidad que nunca hayamos probado en ninguna parte del mundo. Son productos naturales, cultivados, crecidos sin abonos ni productos químicos, y cuidados casi con mimo por madres trabajadores, de cuyos ingresos mantienen a sus familias y realizan los demás gastos, como compra de ropa o pago de matrícula escolar, cuadernos o libros a sus hijos.

Ahora que el PDGE alardea del programa de construcción de mercados en todo el ámbito nacional, urge construir y modernizar ya el Mercado Central de Malabo, procurando que todos sus comerciantes y vendedoras habituales tengan garantizado de forma preferente un puesto en el mismo, sin echar a nadie.

El Mercado Central se ha convertido paradógicamente en lugar emblemático en Malabo por sus servicios a la sociedad, a pesar de su estado ruinoso, y casi también sentimental para muchos ecuatoguieanos. ¡Defendamos el Mecado Central de Malabo!

El Observador

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