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Inongo Vi Makome «Cuba y el auge del castellano en África»

Inongo Vi Makome «Cuba y el auge del castellano en África»

Como sabemos, África negra es un mosaico de lenguas y dialectos. Una verdadera Torre de Babel en el buen sentido de la expresión. A veces llama la atención que en un espacio reducido se encuentren más de dos poblados cuyos habitantes hablan dialectos completamente diferentes. Pero lejos de considerar esta diversidad como un perjuicio para sus poblaciones, sabemos que es todo lo contrario. Es una bendición de la Madre Naturaleza, así debemos considerarlo para evitar por todos los medios prolongar el «genocidio» que los propios africanos estamos cometiendo con nuestros lenguas y dialectos.

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Esta variedad de lenguas en tan cortos territorios contribuye a que muchos africanos hablemos alguna más que la propia, y también  facilita la receptividad de la enseñanza de lenguas extranjeras en el conjunto de nuestro continente. Sorprende que, sin contar con grandes laboratorios de idiomas en los centros docentes, nuestros jóvenes estudiantes no necesiten más de dos o tres años de enseñanza para mantener conversaciones fluidas en el idioma extranjero que estén aprendiendo.

A pesar de la abundancia de nuestras lenguas autóctonas, los idiomas coloniales son sin embargo los que nos identifican como sujetos de nuestros respectivos países. Así, es fácil que nos presenten como anglófonos, francófonos, lusófonos, etc. Somos más «ciudadanos» de las naciones europeas que nos colonizaron que de nuestras propias naciones africanas. La categoría de persona civilizada que otorga el hecho de hablar la lengua del país colonizador fomenta la defunción a diario de miles de nuestras lenguas y dialectos, ya que nadie quiere pasar por salvaje o primitivo, es decir,  seguir expresándose en la lengua materna (incluso en el propio hogar).

En mi Camerún natal, actualmente es raro el poblado donde no encontramos a los abuelos chapurreando en francés o en inglés para hacerse entender ante sus nietos… Partiendo entonces de esta realidad, de este accidente histórico de nuestro continente, entendemos como enseñanza de una lengua extranjera la de otra lengua diferente a la colonial, como puede ser el francés, el inglés, el alemán, el español, el portugués o el italiano. En la actualidad se han sumado también el chino, el ruso, y el japonés.

El caso del castellano

Ante la penetración de estas «lenguas extranjeras» en nuestro ámbito, llama especial atención el auge del castellano. Comentando esta circunstancia una vez con un directivo de una importante entidad oficial española relacionada con África, este me dijo: «El Gobierno español ha hecho y está haciendo un gran trabajo para la promoción del castellano en toda África…» Yo le corregí, y aquello hizo surgir entre nosotros cierta enemistad. Esa no era mi intención, pero yo deseaba hacerle ver que el auge del castellano en África negra no se debía a España, sino a Cuba. Y creo que es así.

Hasta no hace mucho tiempo, España era poco conocida en África negra. Incluso su pequeña colonia, la Guinea española, no era conocida más que por las etnias hermanas de los países vecinos. Cuando desapareció Franco y se conquistó por fin la libertad que significaba la apertura al mundo desde la democracia, España dio la espalda a África en su carrera hacia adelante por ser reconocida en Europa. Quería sacudirse como fuera aquello de que «África termina en los Pirineos, y Europa empieza justo al otro lado». Esa postura era comprensible y justificada. A todos nos gusta identificarnos con los poderosos y los vencedores, y no con los débiles y los perdedores.

Cuando España consiguió su objetivo y adquirió cierta riqueza, echó su mirada hacia atrás y,  como no vio más que miseria, hizo gala de una de las virtudes que le caracterizan, la caridad. Inundó África de caridad a través de innumerables ONG (una amiga española no me perdona que yo publicara que «todo español lleva una sotana dentro»).

Más tarde, además,  cuando «los espaldas mojadas» africanos descubren al Estrecho de Gibraltar como la última frontera a cruzar para conquistar el paraíso europeo, España se hace también muy conocida en todo el continente. Y a eso hay que sumar también sus éxitos deportivos…

Cuba expande el castellano en África

Pero podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que Cuba es el país que más ha lanzado y expandido el castellano en África negra. Empezaremos recordando su asentamiento desde los años 50 con la invasión de los ritmos de bailes cubanos. A esta música de raíces africanas, que se escuchaban en todas partes interpretados por las orquestas de músicos locales, hay que añadir los músicos congoleños de la época, que llevaron el mestizaje de eso a su apogeo: «casaban» casi todas las letras de sus músicas de los idiomas locales, como el kikongo, o el lingala, con el castellano. La población bailaba al son que marcaban los ritmos de aquella música, al tiempo que tarareaba la letra de las canciones en esas lenguas y en castellano.

El escritor ecuatoguineano, Paco Zamora Loboch, autor de un brillantísimo artículo sobre el tema,  que titula «El vuelo del español sobre el Congo» dice que: «El Congo bullía con los ritmos latinos. Cuba había vuelto a casa y era una provincia africana más, y el castellano se mostraba imparable ante el francés…»

A esta aportación del castellano de Cuba a través de su música, se añadiría otra a partir de los años 60. En esa década, muchos países africanos alcanzaron sus independencias. Pero los antiguos amos, a pesar de las expresiones de libertad, igualdad, o democracia que tanto vociferaban, no estaban dispuestos a que esos conceptos se vistieran de su auténtico contenido en las antiguas colonias. Ante esta falsedad, muchos líderes se rebelaron y este enfrentamiento significó inmediatamente su sentencia de muerte y la del conjunto de sus naciones. La desesperación llevó a algunos dirigentes a buscar ayuda en los países comunistas. Cuba fue uno de los que acudió a esa llamada de socorro. Envió profesores y personal sanitario a muchos países, amén de facilitar la entrada a sus universidades en la Isla a miles de estudiantes negros africanos. 

De ninguna manera  he pretendido resaltar aquí las virtudes de Cuba ni minimizar las de España en este asunto, sino tan solo recordar el camino de la historia que ha conducido al actual auge del castellano como lengua extranjera en África negra. España, podemos decir, que nos aportó la caridad. Mucha caridad. Cuba, a su vez, nos trajo la cultura y algo de solidaridad. Ambas aportaciones, junto con la inestimable contribución actual de Guinea Ecuatorial sobre el tema, están contribuyendo a una gran expansión del castellano en África. Pero debemos reconocer que la base de todo esto, la implantó Cuba.

Esta expansión del castellano está contribuyendo a que seamos cada vez más los escritores africanos no ecuatoguineanos que escribimos en la lengua de Cervantes. Es verdad que flotamos en el aire como gotitas de aceite en medio de una gran palangana de agua, sin ubicación fija ni reconocimiento de parte de nadie debido a la osadía de ignorar nuestras «lenguas maternas», el francés o el inglés. Pero ello no nos desanima.

A mí personalmente me hubiese gustado escribir utilizando alguna lengua de mi Camerún natal o de cualquier otra parte de África negra (no descarto hacerlo algún día), pero debido a las circunstancias de que resido en España, me veo obligado a tomar prestado el castellano para poder comunicarme. Siempre me he considerado como un «hijo bastardo del castellano». Contrariamente a lo que un escritor africano dijo en una ocasión («me acosté con el francés y me han nacido hijos bastardos») yo reconozco que, siendo como soy hijo bastardo del castellano, lucho con todas mis fuerzas para contribuir a que a nuestras futuras generaciones, les puedan ir naciendo bellos hijos auténticamente africanos, ya se expresen en lenguas o dialectos del propio continente, en francés, inglés, castellano o cualquier otra legua de tantos otros países.

Inòngò-vi-Makòmè es profesor, escritor y dramaturgo camerunés. Reside en Barcelona.

 Fuente: diariodecuba.com

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