Por: Sir Lucky Dube

CIUDADANO Y COMUNICADOR

“Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”; “Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá algo contrario a lo deseado”… Son definiciones que me he encontrado, mientras buscaba explicaciones, más o menos elaboradas sobre el concepto de miedo. También tengo que confesar que yo, buscar, no he buscado mucho, porque no me interesa hablar del miedo en un sentido genérico, más bien, pretendo hablar del tipo de miedo que sentimos la mayoría de los guineanos y, por extensión, la mayoría de los africanos, al abordar las situaciones que viven nuestros países a nivel político, social o  económico… Lo que está claro, es que el miedo es un impulso o un sentimiento innato que existe en el hombre desde que éste tiene conciencia de tal; es algo que está en nuestra naturaleza. Por lo tanto, es normal que sintamos miedo porque sentir miedo es humano.

Miedo a los hombres de Poder.

Miedo a los hombres de Poder.

En nuestro caso, además, se trata de un miedo justificado y avalado por la opresión del régimen vigente sobre el pueblo. Como ya dije en un artículo anterior, Guinea Ecuatorial, como la gran mayoría de países africanos, nunca ha conocido la libertad. Dos siglos de colonización, once años de Macías y, sobretodo, los treinta y cinco insufribles años que lleva Teodoro Obiang ‘sentado en el trono’ han hecho que, seguramente de forma inconsciente, aceptemos que no podemos, ni merecemos vivir como hombres libres. De padres a hijos se ha ido transfiriendo y consolidando durante generaciones una cultura del miedo, una especie de miedo colectivo que anula cualquier capacidad de reacción –individual o colectiva– por parte del pueblo, ante los incontables actos de barbarie y atrocidades cometidas por el régimen contra los ciudadanos.

Empezando por el final, comenzaré hablando de la última vía de la que se sirve el gobierno de Guinea para infundir miedo al pueblo, mediante un discurso totalmente alarmista, coordinado y uniforme. Esto último lo digo porque desde los días y semanas previas al fracasado Diálogo Nacional, el Presidente Obiang, su gobierno y, sobretodo, sus caricaturizados medios de comunicación (en especial el programa Actualidad Presidencial) se dedican a vender la absurda idea de que los opositores que puedan llegar a Guinea desde el exterior, romperán ‘la paz reinante’ en el país y provocarán una guerra civil, con enfrentamientos y derramamientos de sangre entre ciudadanos que son hijos de la misma tierra; como si el hecho de ser opositor o de pensar distinto, implique, necesariamente, estar a favor de actitudes belicistas. Lo que NO dicen a los ciudadanos, es que ellos –Obiang & Company– son los que tienen el poder económico y militar del país, y por tanto, tienen más posibilidades de desencadenar dichos enfrentamientos, es más, no es un secreto para nadie, que el propio Obiang era el sicario, matón y brazo ejecutor de atrocidades durante la dictadura de Francisco Macías… En el recuerdo –que no en el olvido– queda la sonada Matanza de Ngolo Ayob, donde asesinaron y enterraron en una fosa común, a lo mejor de la clase intelectual de Guinea Ecuatorial en los primeros años de la Independencia, privándonos del servicio de los mejores cuadros profesionales que tenía el país.

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Sumado al miedo infundido en discursos alarmistas y ‘medios de desinformación’, en Guinea tenemos los miedos tradicionales e inherentes a toda dictadura: le tenemos miedo a las consecuencias físicas, sociales y hasta psicológicas de los mecanismos represivos del régimen; hay miedo a perder una estabilidad aparente que ni siquiera tenemos, una paz ficticia que nos acabará ahogando; tenemos miedo a chivatazos, injurias o calumnias que nos conviertan en potenciales víctimas del régimen; tememos a los sicarios disfrazados de militares, capaces de cometer los mayores y más viles atropellos contra cualquier guineano con total impunidad; nos horroriza la posibilidad de perder hijos, madres, padres, hermanos o amigos; huimos de que se nos relacione con opositores o gente no afín al sistema, y por este miedo se han roto amistades y destrozado familias, al estar unos miembros a favor, y otros en contra de éste régimen; nos da miedo pensar en los exilios como forma de proteger nuestras vidas; tenemos miedo a la sospecha de poder ser sospechosos a ojos del régimen; tenemos miedo por todo eso y por mucho más…

…Pero lo grave no es sentir miedo, como ya dije, sentir miedo es humano, lo realmente grave es que frente al miedo no haya nada. El problema es que frente de al miedo no hayan ganas de libertad, que no hayan ganas de democracia, que no hayan ganas de justicia, que no hayan ganas de una paz verdadera, que no hayan ganas de cambiar a algo mejor, de crecer, de evolucionar; que frente al miedo no conciencia de país, no haya sentido de estado; el problema es que frente al miedo no haya hartazgo ante tanta injustica, ante tanta miseria, ante tanto crimen, ante tanta corrupción, ante tantas humillaciones, ante tanta desigualdad. Y el problema es que el miedo gane… que el miedo gane frente a la razón y la prudencia; que el miedo le gane a nuestras ansias de vivir en una sociedad más justa; que el miedo gane frente a nuestra responsabilidad para con nuestro país y con su historia. Queridos hermanos, nuestro problema es que sólo sentimos miedo.

Siempre sostuve que los políticos son el reflejo de la sociedad a la representan, así que tenemos los políticos que nos meremos, porque son los que ha parido nuestra sociedad. Y cambiar eso es competencia exclusiva de la sociedad civil guineana. En ese sentido, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, dijo una vez: “cuando en un sistema de opresión, una minoría explota a la mayoría es porque hay una cierta complicidad en la población”. En consonancia con esta afirmación, sostengo que los primeros responsables de todo lo que pasa en Guinea somos los propios ciudadanos guineanos, porque al permanecer impasibles y al dejar de triunfe el miedo por encima de todo, estamos siendo cómplices directos de la dictadura que nos oprime. La sociedad civil debe, por derecho, tomar parte en las decisiones que afectan a su destino. Sirva de ejemplo, que hace unas semanas el pueblo de Burkina Faso nos dio una lección de dignidad, responsabilidad y madurez. Por descontado, para ellos –pueblo burkinabé– todo mi respeto y reconocimiento. Y conste que con esta alusión a Burkina Faso, no hago apología de la violencia, sólo digo que si hay que salir a la calle (pacíficamente) para ser escuchados, se sale y punto.

En Guinea Ecuatorial, y principalmente a través de la religión predominante, a la mayoría nos inculcaron que este mundo era una especie de valle de lágrimas, una antesala en la teníamos que soportar de todo para acceder a un paraíso celestial, en una vida futura. No tengo el menor interés en abrir ningún debate de credos, pero permitidme disentir de esa concepción del mundo. Personalmente, creo que si hay un infierno, ya estamos en él; y si hay un paraíso, ya estamos en él… ¡Señores! el infierno y cielo son en esta vida; y es por esta vida por la que hay que pelear, es por esta vida por la que hay que luchar, para que nuestra gente viva mejor, para que nosotros vivamos mejor, porque lo que viene después no lo sabe absolutamente nadie… es aquí, es ahora, es por nosotros, por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos por los tenemos que intentar arreglar el desastre de país que tenemos; y aquí no cabe término medio, hay que tomar partido, porque nada es más valioso que la vida del hombre.

Tenemos que cambiar nuestra perspectiva sobre el miedo, tenemos que conseguir que por encima del miedo triunfe la convicción de que nuestras exigencias son legítimas, tenemos que conseguir que triunfe nuestra sed de libertad… en vez de pensar en el miedo, pensemos en tipo de sociedad que queremos para nosotros y en el tipo de sociedad queremos legar a nuestros hijos. Tenemos que plantearnos si queremos hijos que sean de PDGE, incluso antes de nacer o si queremos que tengan elección. Hay que plantearse si queremos una sociedad en la que para prosperar haya que mentir, calumniar, injuriar, traicionar, incluso matar; o si preferimos una sociedad donde el éxito y la prosperidad dependan de las actitudes y aptitudes de cada uno, del estudio, del trabajo o del esfuerzo. Hemos de preguntarnos si con nuestra indiferencia queremos seguir siendo cómplices de un régimen que personifica la corrupción; cuánto tiempo queremos seguir con ésta sanidad, con ésta educación, con ésta precariedad laboral, porque todo eso y muchísimo más están pasando ahora mismo en Guinea Ecuatorial.

Alguien a quien admiro me dijo una vez, que para ser feliz, tenía que elegir una causa y vivir para servirla. Si coincidís en ello, yo propongo como causa cambiar Guinea, propongo liberar nuestra Guinea. No es una empresa fácil, pero con el concurso de todos podemos conseguirlo.

‘Si luchamos podemos morir, pero si no luchamos, fijo que estamos muertos’… ¡YES, WE CAN!

Diario Rombe
En coherencia con nuestro compromiso con la verdad y el derecho a la información apelamos a la participación ciudadana para que nos hagan llegar sus historias documentadas sobre sus experiencias como ecuatoguineanos bajo el longevo mandato del clan Obiang. Nuestro compromiso es escucharlas, investigarlas, curarlas y publicarlas para cerrar el círculo de la libertad de prensa del que está privado nuestro país. Email: [email protected] Signal/Telegram/ Whatsapp: 0034 634 79 78 38

2 Comentarios to: Nuestro problema es que sólo sentimos miedo…

  1. epache a boroi

    diciembre 15, 2014

    “De lo que se desprende la necesidad de que una acción de esta naturaleza vaya acompañada de los pertinentes programas”

    Dada su importancia, dichos programas solo pueden ser ideados por el pueblo en su conjunto, una vez disponga de la capacidad intelectual,critica y analitica minima,mas que nada para que le permita tomar decisiones coherentes a la hora de estudiar,idear e implimentar tales programas y a la vez hacerle consciente de que la solucion esta (potencialmente) en sus manos a pesar de la envergadura del problema.

    Obiang aparte,PDGE aparte, dispone el pueblo de esas cualidades? la respuesta y su contendido es proporcional al tiempo que le queda al pdge en el gobierno,cosa que puede ser mucho, poco o infinito?

    La dispora guineana y parte del pueblo es mas que suficiente para haber sido o ser catalista en este proceso,( y con esto no me refiero a montar circos como viene siendo de costumbre), el hecho que que no haya sido asi, quizas indique un dato que nos gusta ignorar y es que el problema de guinea no es simplemente un pseudogobierno, ni el miedo o los intereses de terceros y quizas tenga mas que ver con nuestra limitada capacidad/voluntad….queremos un cambio al parcer de la misma manera que queremos un helado, si lo tenemos a mano nos lo comemos, de lo contrario algun dia ya tocara

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  2. El Observador

    diciembre 15, 2014

    La otra cara del miedo no mencionada por el Comunicador Sir Lucky Dube

    Compartiendo “grosso modo” las reflexiones del Ciudadano y Comunicador Sir Lucky Dube, hemos de indicar, no obstante, que hemos echado en falta la presentación en su artículo de propuestas concretas con las que el Pueblo pueda superar el miedo y conquistar su liberdad de una vez para siempre, si bien ha puesto el reciente ejemplo de Burkina Faso. La poca probalidad de que una insurrección popular triunfe en Guinea Ecuatorial descansa, efectivamente, en el miedo de los ciudadanos a ser reprimidos sin contemplación por la Policía y el Ejército, con los perjuicios colaterales que puedan sufrir desde la Administración Pública o Privada –separación de servicio y despidos improcedentes–, o del Poder Judicial, como la pérdida del derecho de defensa, porque un manifestante en Guinea Ecuatorial fuera de la órbita del PDGE es, en la práctica, considerado un delincuente, hasta por los Tribunales.

    A partir de aquí, procede hablar también de la otra cara del miedo, que marca la diferencia entre los triunfos revolucionarios populares de la “Primavera Árabe”, o la latente “Primavera Negra”, con Burkina Faso como su origen. En este sentido, si analizamos los factores influyentes en sendos acontecimientos, destacaríamos, sin lugar a dudas, la determinación de los pueblos respectivos de forzar la caída de esos regímenes de concentración de poderes. Pero, hay un dato no menos relevante a estos mismos efectos, y sin su concurrencia la victoria popular no se hubiera producido en algunos casos. Se trata de la abstanción, incluso de complicidad, más o menos acentuada, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad con la acción popular, negándose a disparar contra los manifestantes o haciéndolo muy moderadamente; la provisión de armas a la insurgencia por parte de potencias extranjeras; la deserción o la huida de importantes autoridades militares y civiles de confianza de los Presidentes depuestos, o la retirada de apoyo a estos por parte de Occidente.

    La prueba de la necesidad de convergencia de este conjunto de factores o, al menos, varios de ellos, es Egipto, donde el actual Presidente, Abdelfatah Said Husein Jalil Al-Sisi, antes del golpe de Estado al Presidente electo, Mohamed Mohamed Mursi, desencadenó una brutal represión a los Hermanos Musulmanes siendo Ministro de Defensa y candidato presidencial, luego Presidente, hasta prohibir por ley su existencia. Por más que el pueblo egipcio haya estado saliendo a la calle para recuperar el poder, esto no ha tenido lugar por la gran intensidad de la represión y el apyo del Gobierno de los Estados Unidos al régimen, al considerarlo menos peligroso para Israel con respecto al Gobierno legítimo de Mohamed Mursi, que llaman ellos “islamista”. Son llamativas en este contexto las visitas efectuadas a El Cairo por el Secretario de Estado, John Kerry, inmediatamente después del golpe y en las vísperas de cada juicio al Presidente derrocado.

    En el caso de Guinea Ecuatorial, hablamos de la otra cara del miedo para referirnos precisamente al hecho de que los militares disparen indiscriminadamente a la población no armada que se manifiesta; la leatad inquebrantable de importantes personalidades al Régimen, y a la militancia obligatoria al PDGE que se impone. ¿Por qué no se abstienen de disparar o por qué no desertan y se unen al Pueblo como en los casos antes citados, o respetan la libre militancia? Con esta actuación, todos ellos ponen de manifiesto su temor al Pueblo, al entender que un cambio democrático supondría para ellos graves problemas ante la Justicia, bien por presuntas violaciones de los derechos de los ciudadanos, bien por enriquecimiento ilícito, o pérdida de privilegios. Por lo cual, cuando se plantea un tema tan serio como lo es un diálogo político nacional, todo el aparado del poder político y económico se fija más en las consecuencias negativas que pudiera tener para ellos un cambio de régimen, que en los aspectos favorables al Pueblo.

    En definitiva, en la escena política de Guinea Ecuatorial, el miedo es bidireccional, con dos caras bien definidas: el Pueblo y el Régimen, donde el primero tiene muy pocas o nulas posibilidades de hacer evolucionar al segundo hacia el Estado de Derecho solo por su iniciativa. Y siendo que éste menos aún puede transformarse por sí solo, es imprescindible una Oposición fuerte y unida en los objetivos de democratización del País, que encauce la situación en el sentido favorable a la expresión de la voluntad popular en elecciones libres, partiendo de la conciencia de que el camino será largo y requerirá tiempo, sin pensar demasiado en su victoria ni en el candidato para las siguientes elecciones. No es que no lo hay hecho hasta ahora, sino que se requiere más acciones en la misma dirección.

    Dicho lo cual, es preciso señalar que la responsabilidad para la democratización del País sigue descansando fundamentalmente en el Régimen, para ello, es forzoso que pierda el miedo ante el veredicto popular en la urnas, aunque no le fuera favorable. Desde este punto de visita, nosotros sí invertiríamos el orden de petición de pérdida de miedo que propone el Comunicador: en vez de dirigirla al Pueblo, habría que trasladarla al Régimen. Por lo demás, otros factores señalados en otra ocasión, como la poca densidad demográfica o limitada extensión geográfica, hacen más controlable cualquier revuelta popular, y fácilmente identificables a los manifestantes. Es que la realidad es otra en Guinea Ecuatorial con relación a los países en que han prosperado las revoluciones populares.

    Para terminar, conviene tener en cuenta además que la insurrección popular que desemboque en la caída de un régimen de concentración de poderes, no es sinónimo de democracia en el país concerniente. Los casos de Libia y Egipto son muy ilustrativos a este respecto. De lo que se desprende la necesidad de que una acción de esta naturaleza vaya acompañada de los pertinentes programas y calendario de democratización, sin injerencias externas ni ambiciones personales.

    El Observador

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