Elecciones anticipadas en Guinea Ecuatorial

Elecciones anticipadas en Guinea Ecuatorial
Por Roberto Nieri Bravo
Valdivia, Chile, 17 de nov. 2022
Una oportunidad para enterrar al último dinosaurio
Este 2022, Teodoro Obiang cumple 42 años en el poder, convirtiendo al dictador de Guinea Ecuatorial en el líder que a nivel mundial más tiempo lleva en el mando. Las elecciones presidenciales que se realizarían en el 2023 y que podían representar el fin de la “era Obiang”, han sido sorpresivamente adelantadas por el Parlamento, lo que pone una cuota extra de tensión a estos comicios que marcan un hito histórico en el país africano.

Este domingo 20 de noviembre se realizará en Guinea Ecuatorial una intensa e interesante jornada de elecciones, ya que aparte de las comicios legislativos y municipales que estaban programados por ley, el Parlamento nacional ha tomado la determinación de que se celebren también las elecciones presidenciales, que estaban planificadas para el primer semestre del 2023. Esta decisión fue confirmada por la presidenta del Senado, María Teresa Efua Asangono, quien señaló que la realización de tres votaciones en fechas sucesivas acarreaba un costo demasiado alto para las arcas del Estado, que ya estaban afectadas por las consecuencias del 7M, la pandemia, el precio del petróleo, la guerra entre Rusia y Ucrania, entre otros factores2.

Esta medida viene a poner una cuota extra de tensión a unas elecciones que representan un hito histórico para el país africano, dado que muchos guardan la esperanza de que esta jornada marque el fin del largo gobierno de Teodoro Obiang, el “líder no monárquico” que más tiempo lleva en el poder a nivel mundial. De hecho, con la muerte de la Reina Isabel II de Inglaterra en septiembre pasado, Obiang se ha consagrado en este podio, superando a cualquier otro líder reinante en el planeta.

De sus 80 años, Teodoro Obiang Nguema lleva 42 años en el poder, régimen que comenzó en 1979 cuando derrocó a su tío con un golpe de Estado, instaurando una brutal dictadura que pese a las constantes denuncias de la comunidad internacional, por los numerosos casos de corrupción y por la continua violación de los derechos humanos, sigue contando con el apoyo de las potencias occidentales, que ven con ambición las ricas reservas de petróleo con que cuenta el país, y la mano firme con que Obiang neutraliza cualquier disidencia opositora.

Desde que se anunció el adelanto de las elecciones, se comenzó a especular que Obiang no se presentaría como candidato, debido a su delicada situación de salud y a la constante presión de sus opositores y de sus propios hijos, que desde altos cargos de gobierno se disputan la sucesión del poder. Con el pasar de las semanas estas esperanzas crecían, ya que el oficialista Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), tardaba en proclamar a su candidato, pero el 23 de septiembre el tema fue zanjado de forma definitiva, cuando de forma unánime han proclamado a Obiang como su representante en las elecciones presidenciales.

En la práctica, con esta decisión lo han designado indirectamente como próximo presidente del país, considerando los antecedentes de las elecciones anteriores, que el dictador ha ganado una y otra vez con resultados aplastantes cercanos al 99%, que han despertado las críticas de la oposición y de organismos internacionales, y que le ponen muy difícil la labor a los otros dos políticos aspirantes a la presidencia: el secretario general de Convergencia Para la Democracia Social (CPDS), Andrés Esono Ondó, y Buenaventura Monsuy Asumu, senador en ejercicio y candidato del Partido de la Coalición Social Demócrata (PCSD).

De hecho, la poca probabilidad de éxito de los candidatos de oposición, se expresa claramente en la rotunda negativa del actual presidente a debatir por televisión con Andrés Esono, quien lo había retado a contrastar sus programas políticos, acusando que la estatal Televisión de Guinea Ecuatorial (TVGE) “silencia las propuestas de CPDS” y “solo emite los discursos vacíos del PDGE”. ¿La respuesta del jefe de campaña de Obiang? “Que se entretenga debatiendo con cabras”.

Pero, ¿por qué poner tanta atención a los detalles de las elecciones presidenciales de un pequeño país africano? ¿Qué conexión tiene Chile con la República de Guinea Ecuatorial que nos hagan dedicar nuestro tiempo a entender sus dinámicas sociales y políticas, sobre todo cuando a nivel interno estamos viviendo momentos tan convulsos?

Tal vez pueda captar nuestra curiosidad el hecho de que Guinea Ecuatorial sea uno de los dos países africanos donde el español es la lengua oficial (el otro es la República Árabe Saharaui Democrática, hoy bajo el control militar y territorial del Reino de Marruecos), y por lo tanto, un país que puede servirnos de entrada para entender las dinámicas de todo el continente africano, que me atrevería a decir que para la mayoría de los chilenos es un verdadero enigma.

Otra razón es la posibilidad de presenciar la caída de uno de los últimos dinosaurios, ansia truncada para las fuerzas progresistas y movimientos sociales de nuestro país, donde hemos vivido recientemente un proceso político sin igual, en el cual la población se levantó demandando mejores condiciones de vida y que casi termina derrocando la estructura neoliberal encarnada en la constitución del 80, a través de la cual sigue penando el dinosaurio Augusto Pinochet. Nos quedamos con las ganas de enterrar a nuestro monstruo.

Y por más lejanas que parezcan nuestras realidades, estoy seguro que tenemos muchos elementos en común, como hermanos unidos en la tragedia. Ambos hemos tenido que enfrentar la ambición y el saqueo de las potencias occidentales, mediante aquel otro enorme dinosaurio que es el colonialismo. Como dice el famoso cuento breve del uruguayo Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Esperemos que no sea ese nuestro destino, que al despertar la bestia anquilosada se haya ido, que nuestro largo sueño compartido lo haya espantado.

La cleptocracia de Obiang

 

Guinea Ecuatorial está ubicado en la costa oeste de África. Limita con Camerún por el norte y Gabón por el sur, frente al Golfo de Guinea, en el Océano Atlántico. Está compuesto de un territorio insular, conformado por la isla de Bioko, donde está su capital Malabo, y las islas Annobon, Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico, y un territorio continental denominado Mbini o Río Muni, ambos cubiertos de una tupida selva. Pese a su pequeño tamaño, es el tercer país del continente en producción y exportación de petróleo.

El país fue colonia española hasta 1968, y desde el día de su independencia ha sido encabezada solo por dos gobiernos corruptos. Francisco Macías Nguema fue el primer presidente elegido democráticamente, pero en 1969 comenzó a perseguir y ejecutar a sus opositores, iniciando una dictadura que duró 10 años, hasta que en agosto de 1979 su sobrino, el “teniente coronel” Teodoro Obiang Nguema, lideró un golpe de Estado que condenó a muerte a Macías. Desde esa fecha, Obiang y su familia han gobernado Guinea Ecuatorial con mano dura.

De hecho, el régimen de Obiang es considerado como uno de los más represores del mundo, según organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional2 y Human Rights Watch3. Sus opositores denuncian la constante persecución, detención, tortura y desaparición de numerosos activistas. El absoluto control de la prensa, de los organismos judiciales y de los procesos electorales por parte del régimen, así como el extremadamente desigual reparto de la riqueza del país, son otros de los puntos que tienen a Guinea Ecuatorial con uno de los peores registros de derechos humanos.

Para revertir esta imagen internacional desde 1991 Obiang ha simulado democratizar el país con una serie de reformas, promulgando una Constitución en que se restablece el Parlamento así como las elecciones presidenciales, todas las cuales las ha ganado el dictador con más de un 90% de aprobación, la última en 2016 con un 99% de los votos, lo que dirigentes de la oposición califican como un fraude electoral permanente.

La misma concentración del poder se expresa en el Parlamento, en cuyas últimas elecciones del 2017 el partido oficialista obtuvo todos los puestos del Senado, y 99 de 100 en la Cámara de Diputados, en medio de numerosas acusaciones de fraude y corrupción.

Después de las elecciones, y como consecuencias de las revueltas que éstas generaron, el dictador sacó a la luz un supuesto intento de golpe de Estado, por parte de un grupo de mercenarios del Chad, Sudán y República Centroafricana que habrían entrado al país por distintos puntos para derrocar al presidente. Con este justificativo, se ordenó la disolución del principal partido de la oposición, Ciudadanos por la Innovación (CI), se llevó a juicio a un centenar de sus militantes, y se condenó a 44 años de prisión a 34 de ellos, uno de los cuales murió en la temible cárcel de Black Beach. El único parlamentario de CI, Jesús Mitogo Oyono Andeme, también fue recluido en la misma prisión y sometido a torturas.

El asedio a CI se ha recrudecido en los últimos meses, en vísperas de las elecciones, sobre todo con los hechos del 29 de septiembre de 2022, cuando sufrieron un asalto a su sede en la capital del país por las fuerzas de seguridad del régimen, donde fueron detenidos más de 270 civiles de forma extremadamente violenta, entre ellos su líder Gabriel Nsé Obiang, quien asegura que tal medida se tomó para evitar que se presentara como candidato a la presidencia.

Otra medida impulsada por el dictador para limpiar su imagen han sido las llamadas Mesas de Diálogo, en la que participan todos los partidos políticos del país, y cuya sexta versión celebrada en julio de 2018 fue considerada como un fracaso por los opositores al cerrarse sin acuerdo, y al no cumplir Obiang con su promesa de amnistía general para los presos políticos. En el mismo contexto se enmarca la organización de la XXX Copa Africana de Futbol en 2015.

El 2011 también se creó el cargo de Vicepresidente, puesto en el que Obiang colocó a su hijo “Teodorín” Nguema Obiang, un personaje siniestro que se ha enriquecido con el saqueo de los recursos naturales del país. Teodorín fue ministro de Agricultura y Bosques, cuando la madera, la pesca y la agricultura eran la principal fuente de ingreso de su país. Luego, cuando en 1994 fueron descubiertas importantes reservas de petróleo, Teodorín se enriqueció cobrando permisos de explotación a compañías petroleras norteamericanas que se instalaron en el territorio.

Ese hallazgo de petróleo le cambió la cara a Guinea Ecuatorial. De ser un pequeño país exportador de madera, pasó a convertirse en el tercer exportador de petróleo en el África subsahariana, acogiendo a compañías norteamericanas como la Exxon Mobil, Marathon Oil, Amerada Hess y Vanco Energy.

Pero este dinero no se ha expresado en una mejora de la calidad de vida de la población: más de la mitad de los Ecuatoguineanos vive con menos de 25 dólares anuales y carece de acceso a agua potable, mientras la clase dirigente disfruta de lujos extraordinarios.

Es tal la desconexión del régimen con la realidad de la mayoría de su población que habiendo un 70% de guineanos que vive bajo la línea de la pobreza, el gobierno ha preferido embarcarse en la construcción de una nueva capital, Oyala, un proyecto faraónico en mitad de la selva, a donde planean mudar todas las instituciones de gobierno.

A tanto ha llegado el enriquecimiento ilícito de la familia del Dictador, que el mismo Teodorín, un dandy aficionado a los lujos y al derroche, (cuya excéntrica vida se puede seguir en Instagram a través de la cuenta @teddynguema) ha sido sancionado por numerosos organismos internacionales: en 2017 el Tribunal Correccional de París le embargó los bienes comprados en Francia a comienzos de los años 2000, valorados en ese momento en más de 100 millones de euros, que según la sentencia había conseguido mediante “malversación de fondos y otras prácticas corruptas en Guinea Ecuatorial”, entre ellos un palacete con grifos bañados en oro en el más exclusivo barrio parisino, un garaje lleno de Rolls-Royce, y una larga listas de gastos en tiendas de lujo.

Este juicio recién ha venido a concluir el 28 de julio de 2021, cuando el máximo tribunal de Francia confirmó la sentencia contra Teodorín, decisión que pone punto final a más de una década de litigios y consolida el control de Francia respecto de activos robados valuados en cerca de 150 millones de euros, “que deberán restituirse a Guinea Ecuatorial para su uso en beneficio de aquellos a quienes se privó de estos recursos”.

Pero no es el primer juicio en su contra: en 2014, la Unidad de Delitos Financieros de Estados Unidos obligó a Teodorín a vender una lujosa mansión en Malibú, California, un Ferrari, así como su colección de objetos de Michael Jackson, todo ello valorado en 45 millones de euros, a cambio de retirar las acusaciones de corrupción y blanqueo de capitales. Posteriormente, en 2016, las autoridades suizas le confiscaron un yate de 67 metros y doce automóviles de lujo.

Estas prácticas Teodorín las aprendió de su padre, quien quedó en evidencia el año 2004 cuando se descubrieron las cuentas secretas que tenía en el Banco Riggs, al igual que el dictador Augusto Pinochet, que le permitieron retirar al menos 35 millones de dólares del país de manera ilegal. Posteriormente, el 2015, fueron detenidos en Panamá Vladimir Kokorew y Julia Kokoreva, presuntos testaferros del Dictador, acusados de blanqueo de capitales procedentes de las arcas públicas guineanas.

Ahora que Obiang está viejo y enfermo, Teodorín aspira a quedarse con el puesto de Presidente, pero no es el único interesado. También su otro hijo, Gabriel Mbega Lima, ministro de Minas e Hidrocarburos, está en campaña para acceder al alto cargo, pero Gabriel no la tiene tan fácil como Teodorín, el favorito de su padre.

De hecho, una investigación reveló que el ex comisario José Manuel Villarejo hoy procesado en España por espionaje, cohecho y blanqueo de capitales, fue contratado para realizar una campaña de desprestigio hacia Gabriel Mbega Lima, llamada Operación King, para perjudicarlo en la sucesión del trono, por una cifra de 5.3 millones de euros.

Plácido Micó, quien fuera diputado de oposición en varias ocasiones, además de prisionero político, ha señalado que los recientes cambios a la Constitución tienen un solo objetivo: asegurar a Teodorín en la presidencia.

Neocolonialismo: una realidad continental

Pero la realidad política de Guinea no es única en el continente, y son numerosos los presidentes y dictadores que se han eternizado en el poder, como Paul Biya de Camerún, que en 2008 fue reelegido para su séptimo mandato, cumpliendo 38 años en el puesto; Yoweri Museveni de Uganda, lleva 34 años en el poder; Isaías Afewerki, en Eritrea, desde 1993; Paul Kagame, en Ruanda, desde el año 2000; en Chad, Idriss Déby gobernaba desde 1990, hasta que fue asesinado en 2021; 27 años llevaba en el poder Omar al Bashir en Sudán, cuando en abril del 2019 fue depuesto por un golpe de Estado; Robert Mugabe, en Zimbabue, llevaba 32 años en el poder, hasta que falleció hace unos años.

Varios de estos políticos han sido enjuiciados por numerosos delitos, y solo en Francia la justicia mantiene abiertas investigaciones sobre los patrimonios del fallecido presidente de Gabón, Omar Bongo, de Francois Bozizé, ex presidente de la República Centroafricana, y de Denis Sassou-Nguesso, presidente de la República Popular del Congo desde 1997.

Para explicar esta realidad de caudillismo y corrupción masificada en África, sería demasiado somero remitirse a la colonización europea, la pesadilla de la trata de esclavos, el colonialismo, y la explotación salvaje de sus recursos naturales, como si fuera un proceso cerrado, sino que hay que percibir cómo sigue operando el colonialismo a través de formas solapadas, tanto en África como en nuestro continente sudamericano.

Es sabido que en África, desde el siglo XV al XIX, la colonización se caracterizó principalmente por la trata de esclavos, que causó una tremenda disminución demográfica en todo el continente. El siglo XX, en cambio, se caracteriza por la explotación de sus recursos naturales, sobre todo mineros, por la instalación de colonos en sus territorios, y sus políticas racistas como el apartheid.

Los países europeos se vieron en la necesidad de organizar el saqueo, y se distribuyeron los territorios africanos en las Conferencias de Berlín (1884-1885), sin respetar las antiguas estructuras sociales de los imperios, reinos y califatos. En esta repartija, los africanos no tuvieron voz ni voto, salvo los que se levantaron en armas como Etiopía y Liberia, que evitaron la colonización de sus territorios.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias europeas se vieron forzadas a ceder el poder de sus colonias africanas, pero el control territorial no significó su independencia. Dado que el proceso descolonizador estuvo motivado desde la propia Europa, muchos países africanos continuaron siendo dependientes de sus antiguas metrópolis a través diversos mecanismos de “ayuda” económica.

Uno de los estos factores de dependencia que impone el colonizador es el Franco Africano, símbolo provocador de esta situación de sometimiento. (Los otros más evidentes son las bases militares extranjeras y los acuerdos de defensa, también neocoloniales). Mientras que las demás monedas africanas simbolizan por medio de su nombre la ruptura con la colonización y la independencia adquirida a principios de la década de 1960 -Naira en Nigeria, Cedi en Ghana, Dinar en el Norte de África-, la moneda que circula en el oeste africano sigue haciendo referencia al colonizador.

El Franco Africano o CFA es el nombre de dos monedas comunes de 14 países africanos, casi todos ellos antiguas colonias francesas, con la excepción de Guinea Ecuatorial, ex colonia española, y de Guinea-Bissau, antigua colonia portuguesa.

La “zona franco” tiene como antecedente la imposición de una moneda de ocupación específica, promovida por los alemanes en África durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial. Esta moneda funcionaba en muchos aspectos según principios similares a los que presidirán el establecimiento del franco CFA en 1945.

Esta similitud lleva al economista marfileño Nicolas Agbohou a hablar de “nazismo monetario” en su libro “Le Franc CFA et l’Euro Contre l’Afrique”, publicación que desempeñó un papel importante en la toma de conciencia que lleva a las movilizaciones contemporáneas contra el franco CFA, junto a las políticas promovidas por Kémi Séba, joven líder panafricanista y anticolonialista originario de Benín, o por Guy Marius Sagna, activista senegalés de la plataforma contra los Acuerdos de Asociación Económica, bajo el lema “France Dégage” o “Francia, lárgate.

Los orígenes del Franco Africano se atribuyen al temor que tenía el general de Gaulle a que se radicalizaran las luchas de liberación nacional en África, por lo cual busca un método para apoyar la descolonización, pero sin que esta conllevara una verdadera independencia, a través de acuerdos económicos que amarraron a los nuevos Estados, convirtiendo el vínculo colonial en uno neocolonial.

Se dice que son cinco reglas que otorgan a París el control de las políticas económicas de los países de la zona franco:

La centralización de las reservas de divisas por parte del Banco de Francia: es decir, la obligación de depositar en el Banco de Francia el 50% de las reservas en divisas de los países de la zona franco.

La segunda es la paridad fija entre el franco CFA y el franco, y más tarde con el euro, lo que significa que cuando, por ejemplo, el euro sube o baja respecto al dólar, el franco CFA hace lo mismo, verdadera negación de las economías africanas.

La tercera regla es la libre transferibilidad, que establece que no hay ningún límite a las transferencias de dinero a Europa y Francia, legalizando el saqueo. Los beneficios obtenidos en la zona se repatrían a Europa con lo que se convierte a África en un financiador de Europa en general y de Francia en particular. La repatriación se convierte en regla y la reinversión en el lugar en la excepción.

La última regla instaura la dependencia directa por medio de la cogestión de los dos bancos centrales africanos de la zona: el BEAC (Banco de los Estados de África Central) y el BCEAO (Banco Central de los Estados de África del Oeste). En el consejo de administración del BEAC hay cuatro administradores franceses y dos en el del BCEAO. La unanimidad se exige sobre todo para cualquier decisión importante, lo que la convierte en un verdadero derecho a veto, que impide decisiones contrarias a los intereses franceses.

La penetración neoliberal

En este escenario de desintegración interna y sumisión a los intereses occidentales, (donde también cooperan con fervor en el apaciguamiento social las iglesias cristianas, a las que se adscribe más de un 85 por ciento de la población) el neoliberalismo logró penetrar en África y en Guinea Ecuatorial con voracidad, siendo Estados Unidos un nuevo interesado en generar acuerdos económicos que propicien sus intereses.

De hecho, fue en el marco de este aumento de la competencia entre Europa y Estados Unidos, donde se inscribe la ampliación de la zona franco a países que no pertenecen al antiguo imperio colonial francés, como Guinea Ecuatorial y Guinea Bissau. Las presiones de Estados Unidos, el Banco Mundial y el FMI para obtener la devaluación del franco CFA también se inscriben en este contexto.

Sea como sea, hasta el día de hoy, los intereses occidentales se valoran en África por encima de cualquier otra consideración, vengan de Europa o América. Se dice que quien sepa servir a los intereses occidentales, o chinos y rusos, sobrevivirá para recibir a cambio un sustancioso beneficio particular. Y es que los dos bloques enfrentados en la Guerra Fría coincidieron en la necesidad de tener aliados en países del tercer mundo, aunque fuera en perjuicio de la población, mentalidad que prevalece en la economía globalizada.

Así la participación norteamericana se ha tornado muy importante en Guinea Ecuatorial, ya que aparte de la gran presencia de las compañías petroleras, hay equipos norteamericanos asesorando al dictador comunicacionalmente, así como agencias de seguridad entrenando a su policía. Además, sorprende que Estados Unidos, que tan férreamente condena a otras naciones, guarde un silencio permanente respecto a la situación de Guinea Ecuatorial y de las otras naciones africanas gobernadas por dictadores y caudillos.

La resistencia

La mayoría de los grupos opositores al régimen de Obiang operan en el extranjero. En Estados Unidos está la sede de la Organización EG Justice, la cual denuncia permanentemente los crímenes del dictador. En el mismo sentido se dirigen las gestiones de la Asociación para la Solidaridad Democrática con Guinea Ecuatorial “Asodegue”. Y en España se han refugiado jóvenes opositores como Delfín Mocache Massoko, quien difunde información sobre Guinea Ecuatorial a través de su medio virtual Diario Rombe.

En el interior, jóvenes disidentes organizan actividades para promover los derechos civiles, destacándose como una potente arma el rap, estilo musical que ha cumplido un rol importante en los movimientos rebeldes que recientemente han derrocado otras dictaduras de la región como Níger (2009), Senegal (2011) y Burkina Faso (2013).

Por último destaca el caso de Raúl Esono Ebalé, más conocido como Jamón y Queso, dibujante radicado en Paraguay, que a través de sus obras ha criticado duramente al régimen de Obiang, y que fuera encarcelado el año 2017 tras volver a su país y liberado en 2018, tras una fuerte campaña internacional, por falta de pruebas.

Ante el evidente desgaste de Obiang padre, producto del cáncer de próstata que lo aqueja, todas las fuerzas opositoras se preguntan por su sucesor y por el modelo político y económico que éste impondrá. Parece estar claro que, cualquiera sea el sucesor, es urgente la transición en Guinea Ecuatorial a un modelo más democrático, y como señala el economista guineano Muakuku Rondo, la democratización no puede esperarse de las multinacionales y grandes fuerzas económicas que precisamente aprovechan los territorios en los que la falta de derechos políticos y laborales, les permiten plantar sus negocios en condiciones leoninas para los trabajadores.

También los activistas contra el Franco Africano se preguntan ¿y luego qué? Soberanía monetaria, ¿al servicio de quién? ¿de un grupo de países? ¿de las oligarquías senegalesa, marfileña, nigeriana y ghanesa? ¿o al servicio de los campesinos y de las clases obreras y populares africanas?

El activista senegalés Guy Marius Sagna afirma que la lucha contra el franco CFA neocolonial es también una ocasión para pensar en la transformación democrática de los Estados africanos, para pensar en las relaciones entre los jefes de Estado, los bancos centrales y el pueblo. “¿Qué poderes directos tendrán los pueblos para controlar su moneda cuando salgamos del franco CFA neocolonial y saquemos a Francia de los Consejos de Administración? ¿Un referéndum por iniciativa popular?”.

“Además de los desafíos climáticos y alimentarios, África se enfrenta a un reto demográfico. Es justamente esto lo que asusta a Europa, puesto que la población de África Occidental superará a la europea en el 2030 y, de hecho, en el 2050 será cinco veces mayor. Esto contribuirá a fomentar un cambio en las relaciones de poder geopolítico entre la Unión Europea y África, desafío demográfico que nos reafirma en nuestra postura antiimperialista para la soberanía alimentaria, para los sistemas de sanidad, de educación, de seguridad”.

Por increíble que parezca, vuelven a abrirse los mismos dilemas que surgieron cuando se independizaron las colonias americanas en el siglo XIX, cuando el cubano José Martí ya advertía de la posibilidad de pasar del control de la corona española al dominio neocolonial norteamericano, hablando de la necesaria “segunda independencia” frente a los poderes imperiales de nuevo cuño.

El factor étnico y religioso

Otro factor de sumisión impuesto por el colonizador es el conflicto étnico derivado de la creación de Estados sin considerar las divisiones raciales o étnicas pre existentes en el continente. Como explica Muakuku Rondo en su libro “Conflictos étnicos y gobernabilidad”, en África los gentilicios, gabonés, camerunés, nigeriano, solo son una representación simbólica, pues la verdadera esencia sigue identificada con el hecho étnico cultural.

En Guinea Ecuatorial este conflicto se expresa en la coexistencia territorial de annoboneses, bissio, bubis, fang y ndowe. El autor señala que el colonialismo español ignoró la diversidad tribal del país y construyó un estado frágil, para luego retirarse dejando en el poder a Francisco Macías Nguema, quien quería consolidar un estado mono étnico, solo de los suyos. Obiang ha sido continuador de esta política de uniformidad étnica, favoreciendo en los cargos públicos a los de su misma línea sanguínea. De ahí que para Muakuku Rondo, sea imperativo “avanzar hacia la construcción de Estados Plurinacionales, que propicien y fomenten el diálogo interétnico”.

Y por último está el fundamental asunto de la espiritualidad y la religión, que en todo África tiene ribetes bien especiales, considerando la importancia de la brujería y el espiritismo como prácticas vivas y vigentes.

Es relevante mencionarlo dado que actualmente el credo cristiano, como hemos señalado, tiene más de un 85% de afiliación en Guinea Ecuatorial, y donde, ante cualquier discusión en redes sociales o en los medios de comunicación (a los pocos que podemos tener acceso desde Chile) siempre aparecen primero los argumentos teológicos antes que los científicos, lógicos o políticos, notándose desde la distancia la cooptación de los debates públicos por parte de la Iglesia, ya sea directa o indirectamente, impidiendo cualquier avance hacia la democratización y la igualdad de derechos, con la excusa de que la realidad de Guinea Ecuatorial es “producto de la voluntad de Dios”.

Sobre la espiritualidad de la gente poco podemos opinar, siendo totalmente respetable la práctica y la creencia que cada uno tenga mientras no agreda o pase sobre los derechos humanos de otras personas, pero en Guinea Ecuatorial estos vínculos no solo se quedan en el ámbito privado o en los debates ciudadanos, sino que también se inmiscuyen directamente en los asuntos de Estado, por ejemplo, cuando hace algunos años el dictador celebró a nivel oficial el Día de la Oración Nacional, llamando a todas las iglesias cristianas evangélicas a que se reunieran en el principal estadio de fútbol para orar por el país, bajo el slogan “el olvido de Dios es la causa de todos los males” (queda claro: no los saqueos transnacionales ni el enriquecimiento ilícito de los gobernantes).

Solo por precisar este asunto, quisiera mencionar brevemente las particularidades de la espiritualidad en Guinea Ecuatorial, tal como la entiende el autor Joaquín Mbana Nchama, en su libro “Brujería Fang en Guinea Ecuatorial”. Allí se señala que los africanos son muy religiosos pero que no se comportan cultural y espiritualmente como las sociedades secularizadas y laicas de Occidente, ya que en ellas su religión y sus creencias sobrenaturales se entrelazan con sus otras percepciones y visiones del mundo.

Asegura Mbana, que los que creen en el animismo no son una minoría, sino que esas creencias ancestrales se encuentran en la gran mayoría de los que se declaran cristianos o islámicos, y sobre todo entre los miembros de la clase gobernante, donde la conexión y la protección de los brujos es un elemento fundamental.

De hecho, entre los fang el brujo siempre ha sido una persona muy respetada, y según el autor, hoy que Guinea vive un periodo de crisis, la brujería se está incluso practicando mucho más que en la etapa colonial, tal vez como reacción inconsciente a las estrategias homogeneizadoras del neocolonialismo y el neoliberalismo.

Finalmente señala que uno de los puntos más importantes de esta creencia en la brujería es la aparición del “evú”, un ser vivo de tipo bacteriano o reptil que vive en el vientre humano, y que da poderes especiales a quienes lo poseen. Según la tradición, el evú se alimenta de sangre y carne humana, razón por la cual algunas personas practicarían el canibalismo, extrayendo de los muertos órganos diversos para su uso mágico: los órganos genitales que representan el poder del sexo, la lengua que posee el poder de la palabra, y las mamas el poder de la seducción femenina.

En este libro, finalmente, se critica la moral de los dirigentes del régimen ecuatoguineano, que esconden sus abusos detrás de antiguas prácticas ancestrales, y donde se considera que si bien las prácticas brujeriles son una expresión de la cultura propia de sus pueblos, transmitida de generación en generación, al mismo tiempo son prácticas nefastas para la sociedad, afirmando que “las dictaduras nacionalistas como la de Obiang, que agravan el estrés de sus gobernados ante la globalización, ocasionan el desarrollo de la brujería y sus delictivas actividades”.

Conclusión: Puentes hacia Latinoamérica

Como habrán podido notar a lo largo de este documento, son numerosas las semejanzas en el modo de proceder para con nuestros países de las potencias extranjeras, por ejemplo las condiciones de caos social en que dejaron nuestras tierras al momento de retirarse y declararse la independencia, producto de la desigualdad en la distribución de la riqueza, y la desestructuración de las formas de gobierno anteriores a la colonia.

Otra semejanza es el silencio que mantienen las potencias a la hora de criticar las violaciones a los derechos humanos al interior de nuestros países, mientras sancionan con todo su arsenal periodístico y sus bloqueos económicos a los modelos de desarrollo alternos al modelo neoliberal pregonado por ellos mismos, véase la campaña sucia contra Venezuela orquestada desde Estados Unidos y España, o la campaña para derrocar a Evo Morales y Luis Arce en Bolivia, mientras se silencia la situación de miseria al interior de Estados Unidos, la dictadura de Guinea Ecuatorial, la negación de la República Saharaui, la brutal desigualdad económica en Chile.

En el caso de las cuentas secretas en el Banco Riggs, que vinculan directamente a los dictadores Teodoro Obiang y Augusto Pinochet en la malversación de fondos y en la evasión de impuestos, la conexión es más evidente. Así mismo, la dependencia a una moneda extranjera, sea el Franco o el Dólar, los tratados económicos como los TLC o TPP, la influencia de las iglesias cristianas en el apaciguamiento social, y la resistencia principalmente juvenil y contracultural, son otras semejanzas que ambos países tenemos.

Parece ser que la principal conclusión que podemos sacar es que la ola de protestas que estamos viviendo en este último año en el cono sur, así como las desastrosas consecuencias de la Pandemia por el Covid19, están dejando en evidencia las falencias de este modelo explotador, y ante esta situación no podemos soltar la presión en ningún lugar del globo, sino que debemos sostener aún más fuerte la protesta, la organización y la autoeducación a través de todas sus formas, sin perder el horizonte de que la caída de un régimen no necesariamente significa el advenimiento de otro más justo y digno.

Así, la pronta sucesión en el poder de Guinea Ecuatorial debe poner de sobreaviso a la juventud de ese país, que se mantiene activa en el interior y en el exterior, para vigilar el proceso y no permitir que esta oportunidad caiga en manos de otros grupos totalitarios y corruptos. Es nuestra oportunidad de enterrar a los viejos dinosaurios, pero esas labores titánicas necesitan de nuestra unión. Pues tendamos puentes entre África y Latinoamérica. Acá hay brazos dispuestos para el trabajo.

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