BIBLIOTECA VILA DE GRACIA
LIBRERÍA LA PLOMA
26/05/2014

INTRODUCCIÓN


Los cuentos aquí en Europa, dicen que son historias para niños, pero para nosotros los negros africanos, sabemos que son para todos los públicos, porque forman parte del conjunto de nuestra literatura tanto tradicional como actual. De hecho yo me he definido siempre como un cuentista, todas mis modestas obras, teatro, novelas, ensayos, son cuentos. Por eso siempre hay un por qué cuando escribo una obra.

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LOS ÁRBOLES…


Nací y crecí en una cultura donde las personas creían que todas las criaturas de la Madre Naturaleza, tienen vidas propias. Tienen cada una un espíritu tanto para hacer el bien como el mal, tienen sentimientos propios… Su relación con los hombres iba siempre muy unida, dependiendo a veces del comportamiento de cada uno. Una planta puede servir para alimentar como para sanar e incluso matar, dependiendo de cómo se utiliza, y del lenguaje que el hombre emplea cuando la arranca. De pequeños, muchos de nosotros fuimos cuidados por las raíces de los árboles de las fincas de nuestras madres, como pasa con la niña de este cuento. Cuidaban a los niños así como a los mayores, cuidaban nuestro pueblo, nuestro continente, nuestro mundo…


Antes, muchas veces, antes de cortar un árbol, algunos realizaban como un rito para explicarle por qué le iba hacer daño… Yo mismo, hace un par de años cuando inicié con unos amigos, la construcción de una biblioteca en mi pueblo, me planté una mañana temprano debajo del gran árbol de mangos que muchas veces nos había servido de refugio para escuchar cuentos o refugiarnos del calor del sol…. Le supliqué que me perdonara, pero tenía que quitarle porque necesitaba su espacio para crear otro espacio que haría más o menos las funciones que él había venido haciendo en el pueblo… Esa era nuestra relación con nuestro entorno, con la madre naturaleza. Pero eran unas relaciones de salvajes y primitivos. Por eso, desde que han aparecidos las sierras que han traído la luz de la civilización y su consiguiente desarrollo, todo ha cambiado.

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En el sur Kribi, mi provincia, por Campo cerca de la frontera con Guinea ecuatorial, había una selva maravillosa que impresionaba cada vez que uno se encontraba en medio de ella. Pero el verano pasado, cuando pasé por allí, la selva había sido sustituida por una inmensa luz de la civilización y del desarrollo. Una empresa China estaba construyendo un gran puerto de aguas profundas. Y al visualizar el ambiente, más que un puerto de aguas profundas, uno tenía la impresión de estar frente a la construcción de un puerto de selvas, bosques o tierras profundas. Porque las aguas profundas del mar estaban allá a muchos kilómetros. Aquella visión me impresionó mucho; me quedé bastante tocado…


EL PARQUE


Cuando volví aquí a Europa los recuerdos de esa visión me seguían persiguiendo y amargando, hasta que paseando un día una sobrina que había venido a visitarme en el parque, un arbolito me inspiró esta historia. No quise criticar a los demás, los amantes de la gran civilización y el desarrollo. Quise situarme de su parte y contemplar los sentimientos o pensamientos basuras de gente como yo. Intentar comprender por qué unos primitivos o salvajes como yo pueden quejarse de la inmensa luz de la civilización y del desarrollo que hace brillar el mundo.


Porque, allí estaba ese miserable y desagradecido arbolito, que un culto y civilizado jardinero se había apiadado de él, sacándole de la oscuridad del salvajismo en el bosque, y le había traído en la luz de la civilización, en un parque de una gran ciudad. Le regaban con aguas sanas, y le alimentaban con abonos de la última generación… Pero el arbolito, en vez de estar agradecido como estaban los demás árboles del entorno que exhibían con orgullo su esplendor, él lloraba porque quería que le devolviesen a su ambiente salvaje del bosque… Prefería morir antes que seguir viviendo rodeado de ese lujo.


Imaginaros, amigos, en éste nuestro mundo de hoy, globalizado, multirracial, multicultural, intercultural, de multi integración y de multi más cosas, ¿quién se “intercultura” o se integra, y sobre todo cómo se hace eso…? Allí tenéis a la buena maestra de la niña, y al comprensivo jardinero, que quieren estar al día de nuestros conceptos modernos, hacen caso a la niña negra que decía que hablaba con el arbolito y lo devuelven al bosque. Y aquí está el dilema: los padres de la niña, la pequeña Riekà, unos pobres inmigrantes venidos de África negra, están convencidos de que su hija entiende el lenguaje de los árboles y habla con ellos, pero, ¿lo están o lo deben estar también la maestra y el jardinero, a pesar de comprobar que el arbolito ha recobrado su vida y la alegría una vez devuelto en su medio salvaje…?


CONCLUSIÓN


Me quiero despedirme de vosotros recordando una historia que leí de pequeño en mi pueblo, y que creo que pertenece (si ni me equivoco) a uno de los grandes cuentistas o fabulistas de todos los tiempos, LA FONTAINE: “El Labrador y sus hijos” Un rico labrador que sintiendo el fin de su vida, reunió a sus herederos y les dijo que iba morir, pero que les dejaba un gran tesoro, aunque no sabía exactamente donde se encontraba. Que lo busquen y que no reparen en esfuerzos, porque con un poco de esfuerzo lo encontrarán… Yo, amigos, os quiero decir aquí reunidos, que cada vez que os encontréis ante un cuento, tanto los tradicionales como los nuestros actuales, no dejéis de buscar el misterio que cada uno de ellos encierra. No sé cómo es ese misterio ni tampoco donde se encuentra o se encuentra, pero sé que con un poco de esfuerzo lo encontraréis. Y así podréis encontrar también alguna salida para ciertos problemas de nuestro mundo. Y, ¿quién sabe…? Puede que así podáis liberar a ciertos salvajes y primitivos como yo de nuestra angustia continúa y evitar así que podamos seguir escribiendo este tipo de historias….
¡¡¡GRACIAS AMIGOS!!!

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