Por: Sir Lucky Dube

HONRADO MERCENARIO

“La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los ‘intelectuales orgánicos’ infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”  –Antonio Gramsci–

En una cita de su última novela, titulada Hombres Buenos, dice el escritor y periodista español, Arturo Pérez-Reverte, que “…siempre ha habido, en tiempos oscuros, hombres buenos que han tratado de acercar la luz y el progreso y hombres malos que han tratado de evitarlo…” Yo, desde luego, no puedo sino estar de acuerdo con tal afirmación. Sin duda alguna, la historia de Guinea Ecuatorial, antes con Macías y luego con Obiang, bien puede definirse como un ‘tiempo oscuro’. En mi última entrega les hablaba de cómo el régimen de Teodoro Obiang utiliza los medios de comunicación para mantener imbecilizada a gran parte nuestra población con un mensaje unidireccional que aniquila cualquier intento de libre expresión y pensamiento. En la presente publicación, y en la misma línea que la anterior, quiero hablarles de los otros agentes que utiliza la dictadura de Guinea Ecuatorial para sostener ideológicamente su régimen. Así pues, si la vez anterior les hablé sobre nuestro periodismo de adulación, ésta vez, y como una excusa placentera para volver a juntarme con ustedes, vengo a hablarles de nuestros intelectuales de servidumbre, a los que me gusta referirme como nuestros pseudointelectuales.11258519_477358455772306_3866550011747479639_n

Con frecuencia, el término intelectual suele atribuirse a personas vastamente ilustradas, poseedoras de títulos académicos y que, generalmente, gozan de un prominente estatus social, cosa que, a menudo, coincide con la realidad.

En lo que a mí respecta, creo los intelectuales no deben definirse por su colección de títulos o su estatus social, ni siquiera por su profesión. En mi opinión, un intelectual lo será en función de su función –valga la redundancia– en la sociedad; un intelectual será tal en la medida en que sus aportes a la sociedad en forma de avances técnicos, reflexiones o pensamiento crítico favorezcan la educación y el crecimiento de sus conciudadanos, tanto en el ámbito social como en el político, el económico, el cultural o el científico.

Igual que sucede con la labor informativa del periodismo, la función educativa de los intelectuales es todavía mayor en un régimen tan autoritario, personalista y despótico como el de Guinea Ecuatorial; en una dictadura es de capital importancia la presencia de referentes ideológicos para la acción moral; nuestro país precisa de la comparecencia de intelectuales honrados que favorezcan a la sociedad proponiendo lucidez y clarividencia; intelectuales que aporten la educación y la cultura necesaria para que la gente pueda defenderse de delincuentes y gobernantes infames como Teodoro Obiang y todos los que son de su condición, porque sin el concurso de éstos intelectuales la Libertad y la Democracia a las que aspiramos quedan reducidas a meras utopías, pues no hay verdadera Libertad sin cultura. Un pueblo política y socialmente analfabeto no tiene la capacidad de discernir cuándo lo manipulan o lo engañan porque no asiste a un debate intelectual ni participa de él. Quiero insistir en que no estoy hablando de intelectualidad ni de cultura en el sentido elitista de los términos, más bien, me refiero a la cultura en el sentido de la educación, de capacidad de análisis, de conocimiento, de memoria, de criterio, de poder mirar en nuestras tradiciones y rescatar lo mejor de ellas; hablo de la certeza de quiénes somos, de dónde venimos, de dónde estamos, de qué hacemos y de hacia dónde queremos ir; hablo de esas ‘pequeñas grandes’ cosas que hacen que los pueblos sean menos manipulables gracias al arraigo de una conciencia de país y un sentimiento de pertenencia. Decía Albert Einstein que “aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen la obligación de actuar”.

La Hegemonía Cultural, es un concepto desarrollado por el filósofo y político italiano  Antonio Gramsci, para demostrar cómo una sociedad que se cree libre y diversa, en realidad está subyugada por una de sus clases sociales, llamada clase dominante, que en Guinea Ecuatorial serían Obi G & Company. A través de la hegemonía cultural los valores,  principios y creencias, así como las normas de conducta y actuación de la clase dominante son asumidas e interiorizadas por el resto de la sociedad como las formas normales y corrientes de actuar, convirtiéndose en patrones de referencia para la sociedad en cuestión. En mi opinión, ésta es una de las principales razones por las que en Guinea Ecuatorial es tan difícil concienciar a la gente de lo mal que están las cosas y de la necesidad de cambiarlas. Según Gramsci, todo régimen se basa en la combinación de dos factores: GOBIERNO y HEGEMONÍA. Donde el gobierno es un poder visible, es la fuerza directa de la clase dominante, muchas veces ejercida mediante coerción; mientras la hegemonía, que es un concepto cultural y político, es un poder adicional que no es tan visible pero es igual o más eficiente que la coerción o la fuerza directa; la hegemonía es el nexo entre la política y la educación, y en uso de la misma –de la hegemonía– la clase dominante se sirve de sectores como el universitario, los institutos, la iglesia, la prensa o la intelectualidad del país para adoctrinar a la sociedad en su favor, haciendo ver a las clases sometidas que sus intereses coinciden con los de la clase dominante y haciendo ver al pueblo que los planteamientos de la clase dominante benefician al conjunto, cuando en verdad sólo benefician a unos pocos. Por ésta razón, y en mi modesta opinión, en Guinea Ecuatorial no es difícil encontrarse con personas viviendo en la más absoluta de las miserias, incluso con familiares asesinados o maltratados por el régimen vigente, pero que aun así defienden a ese régimen, lo vitorean, lo jalean o lo aplauden; también hay personas que son realmente conscientes de las atrocidades cometidas por éste régimen y sus consecuencias, y aun así lo defienden, lo comparten y lo adulan. Una razón, sin duda, es el miedo, pero también sucede que mucha gente ha interiorizado los vicios y mecanismos de la dictadura y observan con admiración a los prohombres del régimen, llegando a ver en ellos algo a lo que aspirar, en lugar de ver en ellos algo a lo que combatir o, en el peor de los casos, algo de lo que huir.

Decía mi padre que la historia sirve para que aprendamos de ella, sirvan a ese propósito los siguientes ejemplos para entender mejor el concepto de hegemonía cultural:

  1. En la Alemania nazi, el gobierno se ejercía mediante coerción o fuerza directa (asesinatos, torturas, humillaciones) y ese poder estaba encarnado en la policía secreta del estado, más conocida como la Gestapo. Por su parte, la hegemonía cultural del nacionalsocialismo alemán se puede explicar a través de la figura de Joseph Göbbels, ministro de propaganda y amigo personal del führer. Göbbels pasó por ocho universidades en las que estudió Filosofía, Literatura, Historia, Arte y Lenguas Clásicas, su rol en la Alemania de Adolf Hitler era extender y difundir la doctrina nazi, dotarla de contenido y justificar cada destrozo causado por ese régimen; excuso decirles que fue uno de los principales oradores del Tercer Reich.
  1. En España, durante la dictadura del Generalísimo Franco, el gobierno o poder directo era ejercido, fundamentalmente, por la Guardia Civil, que era el brazo armado del régimen. Mientras la hegemonía cultural estaba en manos del Clero y la Falange que era el movimiento político del régimen (el equivalente al PDGE en Guinea Ecuatorial).

Si analizamos la sociedad guineana desde un prisma ‘gramsciano’ nos damos cuenta en seguida de que la dictadura de Obiang no queda exenta de la teoría desarrollada por el filósofo italiano. Todo el mundo sabe que Guinea Ecuatorial es una dictadura militar y un estado policial, que Obiang y sus lacayos utilizan, en cuanto pueden, la coerción, las torturas, los encarcelamientos, los envenenamientos, los confinamientos y los asesinatos como forma de ejercer su gobierno y su poder contra cualquiera que ose pronunciarse en su contra. La represión de los estudiantes de la UNGE (detenciones incluidas); la detención ilegal del profesor Celestino Okenve o el confinamiento de Guillermo Nguema Elá (FDR) son ejemplos claros de cómo el régimen de Guinea Ecuatorial no duda en utilizar la fuerza bruta para infundir miedo al ‘populazo’.

Aclarado el punto de que Obiang gobierna mediante coerción policial ¿Qué hay de la hegemonía cultural? ¿Cómo impone la dictadura su hegemonía cultural en Guinea?

Como ya he señalado en publicaciones anteriores, sin duda, una de las formas de hacerse con la hegemonía cultural en Guinea Ecuatorial es mediante el control y la utilización de los medios de comunicación como aparatos de propaganda del régimen, con el agravante de la censura a todo lo que suponga oposición. Pero la hegemonía cultural también se logra comprando de cerebros, conciencias y voluntades de personas cultivadas, consiguiendo la adhesión al régimen de algunas de las personas más y mejor preparadas del país. Desde los inicios del régimen de Teodoro Obiang algunos de los hombres y mujeres con mayor formación académica del país, en lugar de enriquecer culturalmente a la sociedad o de combatir a la dictadura cada uno desde su esfera profesional, decidieron poner sus conocimientos al servicio de ésta dictadura, en muchos casos, con más querencia que resistencia… Nombres propios como:

Anacleto Oló Mibuy (Teología, Filosofía y Antropología), Silvestre Siale Bileka (Derecho), Ricardo Mangue Obama Nfubea (Derecho y Ciencias Políticas), Antonio Fernando Nve Ngu (Perito Mercantil), Agustín Nzé Nfumu (Relaciones Internacionales), Trinidad Morgades Besari (Filosofía y Letras), Federico Edjo Ovono (Física y Matemáticas), Antonio Pascual Oko Ebobo (Derecho), Miguel Abia Biteo (Ingeniería de Minas), Alfonso Nsue Monsuy (Periodismo), Salomón Nguema Owono (Medicina), Evangelina Filomena Oyó Ebule (Derecho), Adolfo Ndong Micha (Derecho), Cándido Muatetema Rivas (Contabilidad y Finanzas) Antonio Nzambi Nlonga (Derecho), Pedro Ndong Asumu (Medicina), Rvdo. Fernando Ondó Micha (Sacerdocio y Derecho Canónico), Joaquín Mbana Nchama (Antropología), José Oló Obono (Derecho), Carlos Mangue Mekua (Derecho), Agapito Mba Mokuy (Gestión Administrativa y Económicas), Celestino Bacale (Ingeniería de Minas) o Guillermina Mekuy (Derecho y Ciencias Políticas), entre otros tantos. Casi todos ellos con titulaciones universitarias de la Europa Occidental, los EEUU o la extinta Unión Soviética.

Durante más de treinta y cinco años, ésta pléyade de pseudointelectuales y otros tantos fallecidos, exiliados o confinados han dotado de contenido ideológico al régimen opresor de Teodoro Obiang Nguema. Tras el mal llamado golpe de libertad del año ’79, la consigna general era presentar al régimen de Obiang como algo totalmente distinto del régimen de Macías, como si el nuevo régimen fuera a ser mejor que el anterior, cuando la realidad demuestra –y ya entonces demostraba– que lo de Obiang es exactamente igual que lo de Macías, o incluso peor. No en vano, Cruz Melchor Eya Nchama, político y opositor al régimen de Macías, al producirse el golpe del ’79 acuñó la frase “se trata del mismo perro, pero con diferente collar…”.  Se intentó –y en buena medida se consiguió– crear en torno a la figura de Teodoro Obiang una imagen de libertador, una especie de salvador de la patria que surgió cual ‘ave fénix’ para rescatar al sufrido pueblo guineano de las garras de un malévolo Macías. La campaña de imagen, por supuesto, obviaba el hecho de que el propio Obiang fuera uno de los ‘hombres fuertes’ y colaborador incondicional del régimen de Macías, hasta el punto de que en 1976, con el rango militar de comandante, fue nombrado secretario general del Ministerio de las Fuerzas Armadas Populares, y en 1979 llegó a ser viceministro del mismo ramo. De hecho, en Guinea Ecuatorial es de dominio público que Obiang fue el brazo ejecutor y responsable directo de la gran mayoría de asesinatos y desapariciones producidos durante la dictadura de Macías.

El régimen de Obiang en su política de fichajes, además de reclutar pseudointelectuales, ha sabido irlos reciclando a conveniencia, confinando, exiliando o asesinando a quienes ya no le son útiles y rellenando las vacantes con savia nueva, como es el caso de Guillermina Mekuy también conocida como ‘Ministra Dior’, la misma que en una entrevista concedida a la revista MEIK y en un alarde de atrevida ignorancia, no dudó en compararse con la fallecida Margaret Thatcher, ex primera ministra británica, famosa por su carácter y firmeza en los asuntos de estado. Conviene recordar también que muchos de los impresentables antes mencionados han ejercido de educadores y profesores en varias escuelas primarias e institutos del país, son los casos de Purificación Angué Ondo o Agustín Nzé Nfumu; incluso algunos como Federico Edjo, Carlos Nzé Nsuga o Filiberto Ntutumu Nguema han llegado ser Rectores de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, que con todos mis respetos a estudiantes y profesores, de universidad tiene más bien poco.

Por razones obvias de espacio y tiempo, no puedo hablar de todos y cada uno de los intelectuales al servicio del régimen, por lo que por he preferido hablar de uno que va de intelectual y bien podría representarlos a todos.

En ese permanente intento de presentar a Obiang como padre fundador de la nueva Guinea, un personaje clave fue –y todavía es– Agustín Nzé Nfumu; quien, dicho sea de paso, es considerado por muchos, y por mí desde luego, como el Joseph Göbbels del régimen. Este señor, por llamarle de alguna manera, ha sido durante mucho tiempo uno de los principales activos del régimen de Obiang en lo tocante al adoctrinamiento pro régimen e intentos de limpieza de imagen del dictador. Tiene un discurso adulador que esconde bajo una pose de intelectual trasnochado. Dice de él mismo que es diplomático de carrera y que estudió Relaciones Internacionales en Egipto –la cual cosa pongo en tela de juicio–, en el mismo país también aprendió francés e inglés. Su particular sentido de la lealtad y la obediencia le convierten en uno de los pocos hombres vivos que han formado parte de los dos regímenes nguemistas. Con Macías fue Jefe de protocolo del Ministerio de AA.EE. Con Obiang, ha ostentado, entre otros, los cargos de Ministro de Información y Secretario General del PDGE (las principales plataformas de propaganda del régimen); también ha sido Ministro de Turismo, Cultura, Francofonía, Consejero Presidencial de AAEE, Embajador de Guinea Ecuatorial en el Reino Unido y un sinfín de cargos más… Es cofundador y presidente del consejo de redacción de la Revista ‘La Gaceta  de Guinea Ecuatorial’, aunque su obra cumbre es un relato histórico en el que el autor, en teoría, pretendía narrar la dictadura de Macías, aportando datos, contando hechos, analizando causas, consecuencias y desenlaces. La obra se publicó bajo el título Macías, verdugo o víctima (Herrero y Asociados 2004). Después de leer esa bazofia, no puedo más que decir que Agustín Nzé Nfumu miente como un bellaco, tergiversa, distorsiona y falsea en conciencia la historia que futuras generaciones de guineanos merecen conocer, en su versión menos adulterada.

No es un secreto para nadie que Macías fue un dictador vil y asqueroso, como lo son todos los dictadores, en ese sentido no tengo nada que discutirle al Sr. Nzé Nfumu. Pero catalogo como una muestra flagrante de incoherencia y de una total falta de honestidad el hecho de que sea capaz de establecer semejanzas entre Francisco Macías y Adolf Hitler –siendo Macías merecedor de esas comparaciones–, y sin embargo, no sea capaz de visualizar las mismas semejanzas entre Hitler y Obiang, cuando éste último no es más que otro vil usurpador tan despreciable como los dos anteriores; ésta falta de criterio es aun más alarmante al tratarse de un libro publicado en el 2004, año en el que Obiang cumplía sus 25 años de dictador, habiendo mostrado sobradamente que no es más que un infeliz terrorista de estado.

Nzé Nfumu falsea la historia cuando trata de presentar a Obiang como líder, ideólogo y principal artífice del Golpe del ’79, falsea la historia a favor de su actual jefe y en detrimento de actores principales como Félix Mbá Nchama, Salvador Elá Nseng, Eulogio Oyó Riqueza, Florencio Maye Elá, Braulio Nsue Ona o el récien fallecido Bonifacio Nguema Esono Nchama, quien pasa por ser el único civil que participó en el golpe de estado.

Éste personaje, habiendo servido durante diez años al régimen de Macías, omite en su caricatura de libro los asesinatos y demás atrocidades cometidas por quien hoy es su Presidente Fundador, no cita a una sola víctima de Obiang, ni un solo delito cometido por él, cuando es perfectamente consciente de que Obiang fue protagonista principal –en el sentido peyorativo de la expresión– del régimen de Macías, excepción hecha del propio Macías. Sin embargo, realza su figura de hombre comprometido que acude al socorro de un pueblo en peligro de extinción. En honor a la verdad, debo decir que quizá de las pocas verdades que cuenta el Sr. Nzé Nfumu en su libro, es cuando dice que Macías perseguía con insistencia a la Iglesia Católica; eso es cierto, Macías la perseguía pero Obiang la tiene comprada, porque hoy en Guinea los curas son los primeros chivatos, delatores y golfos, incluso alguno hay que va armado… En fin, Agustín Nzé Nfumu es un hombre cuyo sentido de la moralidad le ha permitido servir con el mismo compromiso, lealtad y devoción a dos dictaduras sin rasgarse las vestiduras, lo que nos da una idea de la bajeza moral del individuo; es una serpiente astuta y oportunista que se arrastra cual reptil al árbol que más cobija, al sol que más calienta, sin que le remuerda la conciencia lo más mínimo. Es el paradigma de la pseudointelectualidad del régimen de Obiang.

Y así, en comandita con toda ésta gente, a finales de los años ’80 se fundó el PDGE y en años posteriores los MAO, ASHO, organizaciones femeninas y demás plataformas de propaganda para mayor gloria y alabanza de la santísima trinidad que forman el Padre (asesino), el Hijo (Tontorín) y la Madre (espíritu malo). Los tres, junto con el resto de la familia, los amigos, sus lacayos y la inestimable colaboración de nuestros intelectuales de servidumbre han infestado nuestra sociedad de todos los virus morales habidos y por haber. Han convertido Guinea Ecuatorial en un barco de ratas delatoras y traicioneras, en un país lleno de chivatos y caciques donde cualquier vestigio de honradez, lealtad o compromiso es rápidamente aniquilado es pos de la supervivencia de un régimen que espero y deseo que esté dando sus últimos coletazos.  

Modestia aparte, como sabrán los que me han leído alguna vez, soy de los que piensa que el pueblo también es, en parte, responsable de la situación en la que estamos. Siempre que tuvimos personas lúcidas y honradas (que las tuvimos y las tenemos, aunque a veces no lo parezca) que quisieran trabajar en beneficio del colectivo, la sociedad no supo verlos ni valorarlos en algunos casos, en pocos casos se les escuchaba y se tenía en cuenta su opinión… pero la mayoría de las veces, cuando hemos tenido ‘hombres buenos’, a ellos y a sus familias los hemos torturado, fusilado, exiliado, encarcelado o han acabado en alguna fosa común, como en la Matanza de Ngolo Ayob… Ya sé que ha sido fundamentalmente por los gobernantes que hemos tenido, pero a menudo, gran parte de la sociedad guineana también participa de las fechorías cometidas por el régimen; en la medida en que no hacemos nada para cambiar las cosas, sigo sosteniendo que tenemos los gobernantes que merecemos porque son los que hemos parido como sociedad. Prueba de ello, es que hace muy poco se organizó en la ciudad de Micomiseng una manifestación contra el activista Celestino Okenve orquestada por su propio hermano Conrado Okenve (que hay que ver a qué niveles de depravación y cainismo llegan algunos, que no respetan ni los vínculos sanguíneos, tan sagrados en otros tiempos). El caso es que esa manifestación fue secundada con la presencia de los oriundos de distrito. Esa cuota de responsabilidad nos toca asumirla a nosotros como sociedad. Si bien es verdad en Guinea todavía hay tanto miedo que somos incapaces de hacer activismo para acabar con esa dictadura, por lo menos, no acudamos a ese tipo de encuentros, no les riamos las gracias, no les jaleemos, porque al hacerlo damos legitimidad a sus acciones. Como dice Pérez-Reverte “los políticos son la manifestación pública, el síntoma de una enfermedad que somos nosotros”.

En fin, dicho todo lo anterior, y a pesar de nuestros pseudointelectuales y de dictadores infames; a pesar de cortesanos corruptos, de ratas traidoras, de cínicos aduladores y demás escoria… a pesar de todo y por suerte para nosotros, siempre hubieron –y siempre hay–  algunos ‘hombres buenos’ que trataron de arrojar algo de luz a nuestras oscuras vidas, siempre hubieron algunos ‘hombres buenos’ que intentaron procurarnos algo de educación, lucidez, cultura y criterio, algo de principios. En mitad de la vileza, el cainismo y toda la podredumbre de nuestra sociedad siempre quedan honrados mercenarios.

La otra noche, escuchando La Voz de Los Sin Voz, el activista y presentador Moisés Mvumba (A.K.A DJ Bling) recordaba con nostalgia a algunos de éstos honrados mercenarios, algunos curas que, a pesar de que más de una vez fueron vilmente torturados y vejados, se mantuvieron fieles a una vocación y a unos principios. Desde aquí y con toda la humildad, me sumo yo también a ese homenaje en agradecimiento a unos hombres que, la verdad sea dicha, dignificaron la profesión del Sacerdocio. Muchos de ellos además ejercieron la docencia formando y educando a generaciones de guineanos, llegando más allá de lo que les exigía el cumplimiento de su deber. Los Reverendos Juan de Dios Abaga y Marcelo Beka Ensema; al Rdo. Padre Mauricio (Catedral de Malabo); y de una forma especial, dada mi claretifilia* a los Reverendos Rufino Ndong (Padre Rufo) y Pedro Ncogo Eyí cuyas homilías cargadas de ‘verdades como puños’ siguen siendo recordadas por los más viejos del lugar… A todos ellos les expreso mi gratitud y reconocimiento. 

No quisiera cerrar ésta entrega sin antes pedir, rogar, suplicar, implorar, y si hace falta de rodillas, a todo el que se reconozca intelectual en el sentido más noble del término; a todos los que se sepan en posesión de conocimientos útiles para la sociedad guineana, que no dejen de expresarse, que no dejen de comunicar, de hacer crítica, de aportar reflexiones  en todos los ámbitos sociales; que nos ayuden a ver lo que, a lo mejor, sólo ven ellos dada su capacidad sapiencial; igual que necesitamos que el periodismo sea un altavoz para el populazo, también necesitamos ‘hombre buenos’ que sean el faro de la sociedad; les pido que se conviertan en los intelectuales orgánicos a los que se refiere Gramsci y traten de conquistar la hegemonía cultural en Guinea Ecuatorial… les pido que sean honrados mercenarios. Parafraseando una vez más Arturo Pérez-Reverte: “Cuando el hombre sabio puede expresarse con libertad, el pueblo tiene armas contra el mal gobierno”.

Finalmente, quiero acordarme de otros héroes anónimos, de otros hombres buenos. De esos maestros que están en los más recónditos lugares de nuestra geografía, que con una escasez cuasi total de recursos y materiales para ejercer la docencia; y con un salario con les ni siquiera les permite considerarse de clase baja, y que a pesar de eso, se levantan y dan la cara todos los días y educan a nuestros niños, porque saben que basta con un día, un detalle, un momento o un instante, para marcar la diferencia en la vida de un niño; porque saben que si tenemos alguna posibilidad de éxito, si tenemos alguna oportunidad, está allí; está en ellos; en los niños y los jóvenes. Esos maestros y educadores nos enseñan con su ejemplo que nuestra lucha tiene que ser por los niños en las ciudades, en los ghettos o en las zonas rurales del país, que sueñan con llegar a ser profesores, médicos, periodistas, abogados, ingenieros o arquitectos incluso presidentes de la república. Del mismo modo que debemos involucrar a nuestras mujeres, las cuales constituyen la otra mitad del cielo; debemos también proteger la educación de nuestros niños y adolescentes, su cultura, su crecimiento y sus sueños; porque en los sueños de esos chavales está la esperanza de un futuro mejor para Guinea Ecuatorial… Esos maestros son nuestros auténticos honrados mercenarios.

*Claretifilia: Término acuñado por Sir Lucky Dube. Denota afinidad y/o querencia hacia todo lo claretiano

Dedicatorias:

  • A Miguel Eson Eman, para que salga airoso de su lucha contra la enfermedad que padece ¡Mucha Fuerza y Ánimos!
  • A los hermanos de Burundi, que por culpa de otro dictador intentando eternizarse en el poder, ahora están al borde de una guerra civil que espero que no se produzca.
  • A los hermanos nigerianos calcinados en Sudáfrica. Que suceda en Sudáfrica lo hace más triste, pues vencer al Apartheid fue una victoria colectiva de África
  • A otros hermanos, a los 150 estudiantes asesinados en Kenya, porque no se me ocurre un lugar peor que una universidad para perpetrar un atentado.
  • A mis hermanos de la UNGE, aunque al final os hicieran callar, manifestaros por vuestros derechos veros salir a la calle reclamo de vuestros derechos me dio esperanza.

“Ninguna causa vale más que la de un chaval que al instituto a estudiar” -El 8jín-

Somewhere in South Africa

Sir Lucky Dube

¡One Love!

XIX/V/MMXV

Diario Rombe
En coherencia con nuestro compromiso con la verdad y el derecho a la información apelamos a la participación ciudadana para que nos hagan llegar sus historias documentadas sobre sus experiencias como ecuatoguineanos bajo el longevo mandato del clan Obiang. Nuestro compromiso es escucharlas, investigarlas, curarlas y publicarlas para cerrar el círculo de la libertad de prensa del que está privado nuestro país. Email: [email protected] Signal/Telegram/ Whatsapp: 0034 634 79 78 38

3 Comentarios to: Pseudointelectuales o intelectuales de servidumbre…

  1. Ramiro

    junio 29, 2015

    Delfín, te felicito por tener colaboradores de tanta categoría y valía como el autor de este magnífico artículo…
    Aunque supongo no puedes pagarle en lo que vale, confío y espero le sigas teniendo en la nómina de colaboradores ad honorem, pues sus artículos prestigian a diario Rombe.
    Confío y espero salgas bien de tus peripecias judiciales, pues en España respetamos la libertad de información y la libertad de expresión, como derechos fundamentales de todo el mundo, y especialmente de los periodistas.
    Y es evidente que tú estás haciendo periodismo, y del bueno.
    Cordiales saludos y mis mejores deseos.

    (Yo también creo, como el comentarista anterior, que este señor tendría que escribir un libro contando LA VERDADERA HISTORIA del último MEDIO SIGLO DE GUINEA. Y como editor que soy, me ofrezco a publicarlo, si llegamos a un acuerdo).

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  2. antonio

    mayo 20, 2015

    Este artículo es de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Es un “yo acuso” en profundidad, dando los nombres de los apoyos intelectuales del régimen, para que algún día, espero que no muy lejano, se les caiga la cara de vergüenza.
    ¡Enhorabuena Delfín por acoger artículos tan valiosos en diario Rombe!

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  3. soy de guinea

    mayo 20, 2015

    Por lo menos Nze nfumu escribió lo que pudo y usted que conoce mejor la historia de los Nguemistas ¿Porqué no escribes un libro? Estoy harto de los Guineanos que no saben nada más que criticar. En vez de venir aquí y criticar a Nze Nfumu, mejor escriba su libro y publique lo para que nosotros los jovenes podamos leerlo y nutrirse de la verdadera historia de de guinea.

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