El autoproclamado “Presidente del Gobierno de Guinea Ecuatorial en el Exilio”, Severo Moto, suele definirse así mismo como un hombre extremadamente católico y líder democristiano, base de la ideología de su proyecto político, según dice. Esta fe inquebrantable en unos dogmas inamovibles e indiscutibles parece haberla trasladado al ámbito de la política. Y es que “el Presidente” cree a pie juntillas lo que sus gurús –asesores– españoles le proponen con relación a su deseo de gobernar Guinea Ecuatorial, incluso cuando las circunstancias indican que determinadas propuestas son inaceptables en un momento concreto.

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Esta vez, en el marco de su alianza “de facto” con la CORED-Emly y de lo que llaman “Condiciones de París”, Severo Moto ha propuesto de una forma más vistosamente democrática, la intervención de José María Aznar como observador en el proceso de diálogo de salida pactada de Obiang del poder. Y lo hace a sabiendas de que para Obiang es inadmisible cualquier rol de Aznar en los asuntos políticos de Guinea Ecuatotorial por su presunta vinculación a la financiación irregular y secreta al Partido del Progreso en los 90, a través de Luis Bárcenas, exgerente y extesorero del Partido Popular español; la formación del “Gobierno en el Exilio” de Severo en 2003, y a la intentona de invasión mercenaria contra Guinea Ecuatorial para derrocar a Obiang y situar a Severo en el poder en 2004.

A raíz estos antecedentes, es casi seguro que José María Aznar López no puede actuar con la necesaria neutralidad en un proceso de diálogo político en Guinea Ecuatorial con Severo Moto como candidato a Presidente, menos todavía si su objeto es echar a Obiang del poder. Sin embargo, Moto, guiado por sus gurús occidentales, sigue convencido de que sin Aznar sus aspiraciones no pueden hacerse realidad, con lo que ha vuelto a acudir a él en una operación de camuflaje para que la opinión ciudadana no se dé cuenta. Para ello, ha usado su alianza fáctica con la CORED-Emly, y ha propuesto para Aznar la modesta función de observador junto a otros exdirigentes y entidades extranjeras. Aún así, existen evidencias de sus intenciones cuando propone a los mismos efectos –como observadores– a exmandatarios occidentales que gobernaban sus respectivos países en el periodo de la citada intentona mercenaria, los cuales, de alguna manera, pudieron haber consentido la operación aunque no la apoyaran expresamente como José María Aznar. Se trata de George W. Bush (EE.UU.) y Tony Blair (Reino Unido):

“…Recordamos que la CORED y el PP, han propuesto como observadores: …, Geoge W. Bush (Ex Presidente de EE UU), Jose Maria Aznar (Ex Presidente del Reino de España), Tony Blyr (Ex Primer Ministro del Reino Unido),…” (coalicioncored.es).

Conviene precisar que estos mismos exdirigentes llevaron a cabo la invasión y posterior ocupación de Iraq en 2003 –tipificada como acto de agresión en Derecho Internacional–, en contra del criterio del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que abogaba por que sus Inspectores prosiguieran con sus labores de investigación sobre la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en territorio iraquí, armas que al final no se encontraron. Antes de la invasión, el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, Colin L. Powell, no consiguió convencer a todos los Miembros permanentes del Consejo de Seguridad de que se adoptara la resolución pertinente, que legitimara el recurso a la fuerza armada contra Irak al amparo del Capítulo VII de la Carta. El proyecto de resolución en cuestión, que requería una mayoría de nueve votos favorables de los Miembros del Consejo de Seguridad, incluidos los votos afirmativos de todos los Miembros permanentes según la Carta –que tienen derecho a veto– para su aprobación al ser una cuestión de fondo, fue rotundamente rechazado, incluso por Francia, menos por Estados Unidos y Reino Unido.

Sin embargo, Bush, Blair y Aznar llevaron adelante la invasión y la ocupación de dicho país, creando de este modo al “Estado Islámico actual” como consecuencia colateral, y son ahora quienes, a juicio de Severo Moto, gozan de la requerida neutralidad internacional para actuar como observadores en una Mesa de Diálogo Político en Guinea Ecuatorial para pactar la salida pacífica de Obiang de la Jefatura del Estado. Como se dice entre nosotros: “Los peces le han visto el anzuelo”.

El presunto apoyo a la democracia en África que promete ahora el Presidente francés, François Holland, solo es creíble para personas que aprovechan el hermetismo de los regímenes de concentración de poderes africanos para esconder sus pretensiones de gobernar a cualquier precio sus países. Este supuesto apoyo ha llevado a Severo Moto a un intento de acercamiento al Elíseo ante el silencio de José María Aznar y la indiferencia del Partido Popular español a sus planes. Y para evitar sombras en su camino, Severo Moto ha adoptado la estrategia de huir de cualquier coalición o acercamiento a una personalidad o partido político relevantes, prefiriendo rodearse de “cachorros” fácilmente manipulables, muchos de ellos, con gestos y expresiones manifiestamente antidemocráticos. El saludo nazi de su jefe de seguridad en Berlín, Damián Motú (Muti), o las alusiones denigrantes a los fallecidos por parte de su jefe de comunicación, Rigoberto Abá (Rigo), no dibujan la imagen de un partido político de ideología democristiano.

El Observador

Diario Rombe
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